A poco más de dos meses para que los socios del FC Barcelona vuelvan a votar a su presidente, el club se prepara para unas elecciones que se anuncian decisivas. No solo por quién ocupará el despacho principal del Camp Nou, sino por qué modelo de club se impondrá en un momento de aparente calma deportiva y máxima tensión financiera. El 15 de marzo, coincidiendo con un partido de Liga ante el Sevilla y con el equipo de Hansi Flick liderando el campeonato, el barcelonismo volverá a enfrentarse a una pregunta recurrente: continuidad o cambio.

La decisión de convocar elecciones lo antes posible dentro del margen estatutario, entre el 15 de marzo y el 15 de junio, no es casual. Joan Laporta llevaba semanas valorándolo y finalmente lo concretó en la junta directiva ordinaria de enero. El objetivo es claro: evitar que la campaña electoral interfiera en el rendimiento del primer equipo y aprovechar el viento a favor que sopla desde el césped tras la Supercopa de España ganada al Real Madrid y el liderato liguero.

Un calendario ajustado y una transición medida

El proceso electoral ya está en marcha. El 8 de febrero se publicará oficialmente la convocatoria y se realizará el sorteo de la Junta y la Mesa Electoral. A partir de ahí, el reloj avanzará rápido. En torno al 21 de febrero, Laporta deberá dimitir formalmente para presentarse a la reelección, como marca la normativa. Durante ese periodo, Rafa Yuste asumirá el cargo de presidente en funciones, acompañado por un tercio de la actual junta directiva.

La recogida de firmas para formalizar candidaturas se extenderá del 23 de febrero al 2 de marzo, y la votación tendrá lugar el 15 de marzo. Sin embargo, quien gane no tomará posesión hasta el 1 de julio, una vez concluya la temporada. Hasta entonces, el club seguirá gobernado por una junta interina, lo que añade un componente peculiar: se vota con el equipo en marcha, pero se gobierna más tarde.

Joan Laporta: poder, relato y continuidad

Laporta aspira a su tercer mandato al frente del Barça. Llegó por primera vez al poder en 2003, regresó en 2021 y ahora busca consolidar un proyecto que él mismo define como de “rescate” y “reconstrucción”. Su discurso se apoya en dos pilares: el éxito deportivo actual y la idea de haber evitado la quiebra técnica del club.

“El Barça estaba en quiebra técnica cuando llegamos”, repiten desde su entorno, apoyándose en cifras que siguen generando debate. Hoy, la deuda total del club ronda los 2.500 millones de euros, incluyendo la financiación del nuevo Camp Nou, aunque los ingresos ordinarios presupuestados superan los 1.075 millones. Laporta insiste en que la situación está controlada y que el club alcanzará el 1x1 del control financiero de LaLiga el próximo verano, lo que permitiría reforzar la plantilla.

A su favor juega también el respaldo explícito del entrenador. “Para mí es importante tenerlo como presidente”, dijo Flick recientemente, un mensaje nada menor en un club donde lo que ocurre en el campo suele pesar más que cualquier auditoría.

En contra, Laporta arrastra una gestión marcada por salidas traumáticas, una alta rotación en la cúpula (27 directivos y ejecutivos abandonaron el proyecto) y decisiones financieras que sus rivales califican de opacas. Además, sigue bajo investigación judicial por un asunto empresarial ajeno al club, un elemento que la oposición no dejará pasar por alto.

Víctor Font: la alternativa estructurada

El principal rival de Laporta vuelve a ser Víctor Font, que ya obtuvo casi el 30% de los votos en 2021. Desde entonces, Font no ha abandonado la primera línea política del barcelonismo. Ha fiscalizado cada paso de la junta actual y ha construido un discurso centrado en la gobernanza, la transparencia y la profesionalización.

Su proyecto, ahora articulado bajo la plataforma Nosaltres, denuncia el “personalismo” de Laporta y propone un club menos gesticulante y más previsible. Font se presenta como la opción del método frente al carisma, del plan frente a la improvisación, y confía en que el desgaste institucional del actual presidente le acerque esta vez a la victoria.

Vilajoana y Ciria: experiencia y ruptura

Xavier Vilajoana aporta un perfil distinto. Ha sido jugador, directivo y conoce el club desde dentro como pocos. Su discurso es duro: habla de “gestión demencial” y de un Barça sin rumbo claro. Su gran baza es la experiencia transversal, aunque también carga con el lastre de haber formado parte de juntas anteriores que los socios no recuerdan con cariño.

Más rupturista es el planteamiento de Marc Ciria, financiero de 46 años que pone el foco en el papel del socio y en una modernización profunda del club. Ciria fue laportista en el pasado, pero ahora se presenta como su antagonista, alertando de que el Barça es “el club más endeudado de Europa” y que el momento exige un giro radical.

La incógnita Camprubí

El papel de Joan Camprubí es una de las grandes incógnitas. Nieto y bisnieto de expresidentes, ingeniero y consultor estratégico, podría jugar un rol clave en alianzas de última hora. En 2021 amagó con presentarse y se retiró. Ahora, todo apunta a que estará en la contienda, aunque no está claro si liderando proyecto o sumándose a otro.

Estas elecciones se celebran en un contexto singular: éxito deportivo inmediato, incertidumbre económica estructural y un club aún en obras, literal y metafóricamente. Laporta parte como favorito, pero el desgaste existe. La oposición está fragmentada, pero el malestar económico también es real.

El 15 de marzo, el barcelonismo no solo elegirá un presidente. Elegirá qué relato cree, qué riesgos está dispuesto a asumir y cuánto pesa el presente deportivo frente al futuro institucional. En el Barça, como casi siempre, el balón y el poder vuelven a cruzarse en el momento decisivo.

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