El 15 de julio de 2022, el FC Barcelona, un club en el que han brillado numerosos futbolistas brasileños, presentó a su nuevo fichaje procedente del país sudamericano: Raphinha. Emulando a grandes como Ronaldinho al llevar una cadena de metal en el cuello cuando se vistió de corto en el Camp Nou, el atacante levantó una gran expectación entre la afición culé. Joan Laporta contribuyó con sus declaraciones aquel día: “Todos saben que, en épocas doradas de la historia del club, generalmente siempre debuta un brasileño, y yo creo que Raphinha nos hace recordar a jugadores de esta saga de brasileños que han estado en el Barça. Desde el club pensamos que vuelve el ‘jogo bonito’ al Barça”. Para aquellos que no le tenían en el radar, estas palabras provocaron que muchos culés vieran en Raphinha al nuevo Ronaldinho. Qué equivocados estaban, pero, ni mucho menos, para mal.
Hoy, el extremo es un jugador venerado por la afición blaugrana. Su sacrificio, entrega y trabajo han terminado por enamorar hasta al más escéptico y crítico con él durante la etapa de Xavi. Flick ha sabido sacar su mejor versión convirtiéndolo en la pieza angular de su proyecto, y Raphinha ha respondido con creces. Los dos goles al Real Madrid para ganar una nueva Supercopa de España solo son una muestra más de por qué es tan importante para el Barça: siempre aparece en los momentos importantes. El club blanco lo sabe bien, le ha hecho siete goles en los últimos cinco clásicos que ha disputado. Pero antes de ser el líder al que todos miran, el brasileño estuvo muy discutido, tanto que estuvo a punto de abandonar la disciplina culé el verano en el que comenzó a cambiarle la vida.
Lejos del foco: un brasileño sin atajos
En La Restinga, un barrio humilde de la periferia de Porto Alegre, el fútbol fue para Raphinha mucho más que un juego: fue una vía de escape. Allí nació el 14 de diciembre de 1996 Raphael Dias Belloli, en una familia trabajadora donde nunca sobró nada, pero tampoco faltó lo imprescindible. Hijo de Liziane, empleada en una guardería, y de Maninho, músico de samba, creció entre calles, balón y horas interminables de fútbol improvisado. Desde niño destacó por su atrevimiento, no por su físico. De hecho, ese fue su primer gran obstáculo. En las categorías inferiores del Grêmio fue descartado con apenas nueve años por ser “demasiado débil”. Un golpe duro que le marcó, pero no le frenó. Al contrario: aprendió pronto que debía compensar con carácter lo que otros tenían en cuerpo. Jugaba contra chicos mayores y solo podían pararlo con faltas.
La realidad fuera del campo tampoco era sencilla. Hubo días sin dinero para el autobús, entrenamientos con hambre y amigos que tomaron caminos muy distintos, atrapados por el narcotráfico o la violencia. Él se mantuvo firme gracias a su familia y a una convicción temprana: no desviarse. Ronaldinho fue su gran referente, aunque él y su padre fueran seguidores del Internacional. Lo imitaba, lo estudiaba, soñaba con parecerse a él. Tras pasar por equipos modestos de Porto Alegre y por el fútbol sala, entendió que para crecer debía marcharse. Santa Catarina, São Paulo, el Audax, el Avaí… hasta que apareció Deco, ya convertido en agente, y le abrió la puerta de Europa. Raphinha se fue sin debutar como profesional en Brasil, fiel a una carrera construida siempre lejos del camino fácil.
Portugal fue el primer escenario donde Raphinha empezó a hacerse futbolista lejos de casa. Su debut europeo llegó en el Vitória de Guimarães, un club ideal para curtirse: exigente, formador y poco dado a regalar minutos. Allí empezó a llamar la atención por su atrevimiento constante, su pierna izquierda y una personalidad impropia de alguien que acababa de aterrizar en el continente. El siguiente paso fue el Sporting de Portugal, donde dio un salto competitivo y empezó a medirse en escenarios mayores, incluidas competiciones europeas. En Lisboa pulió su juego, ganó experiencia y confirmó que su fútbol tenía recorrido más allá de la promesa. Allí se convirtió en ese extremo incómodo para las defensas, siempre insistente, siempre implicado.
De ahí saltó al Rennes, y después al Leeds, donde convirtió la Premier League en su gran escaparate. En una liga que no perdona a los blandos, Raphinha creció a base de golpes. Se convirtió en el jugador al que todos buscaban cuando el equipo se asfixiaba, el que pedía la pelota incluso cuando quemaba. En Elland Road dejó algo más importante que números: dejó la sensación de ser un futbolista fiable, competitivo, con colmillo. El Barça fichó a un jugador hecho a base de supervivencia. Y eso, en aquel verano de urgencias económicas y deportivas, no era poco.
El Barça de Xavi: entre la duda y la incomprensión
Su llegada al Barcelona coincidió con un contexto complejo. Presión, comparación constante con la saga brasileña y una exigencia inmediata. Raphinha nunca fue el extremo que desequilibraba desde el primer toque ni el que levantaba al estadio con una filigrana. Eso le costó críticas. Muchas.
Durante la etapa de Xavi, alternó titularidades con suplencias, partidos brillantes con otros desesperantes. Fue uno de los nombres que más dividió a la afición. Se le discutió su precio, su rol y hasta su encaje. Y, sin embargo, nunca bajó los brazos. Nunca se escondió. Nunca dejó de trabajar.
De hecho, pese a contar con minutos y protagonismo, Raphinha estuvo muy cerca de abandonar el Barcelona, tentado por el ruido de los billetes de Arabia. Así lo reconoció el atacante: “La oferta que tuvimos de Arabia Saudí realmente me tentó. No solo habría solucionado mi vida personal, sino también las vidas de mis padres, de mi hijo... de mucha gente. Obviamente, pensamos en dejar Barcelona. Pensé que podría ser el momento de irme”.
Flick y la metamorfosis: de señalado a líder
El punto de inflexión llegó con la llegada de Hansi Flick. El técnico alemán no intentó convertir a Raphinha en algo que no era. Lo potenció. Le dio galones, libertad medida y una responsabilidad clara: ser decisivo. Y Raphinha respondió. Liderazgo, goles importantes, carácter competitivo y presencia constante en los grandes escenarios. Con Flick, el brasileño no solo ha ganado títulos, dos Supercopas de España, una Liga y una Copa del Rey, sino algo mucho más difícil: el respeto unánime.
Su técnico le elogia cada vez que puede en rueda de prensa. Tras ser decisivo en un nuevo clásico, Flick alabó las cualidades del brasileño: "Su mentalidad es impresionante y también tenemos a otros, influye en todo el equipo. Perdió la primera oportunidad, pero aprovechó la segunda y nos dio confianza. Tuvimos mucha presión como se ha visto”. Y él responde esta confianza con más halagos: “Yo siempre digo que fue la persona que me cambió todo. Al final, yo me iba del club, tenía un pie fuera, y la importancia de él fue enorme: llegó, habló conmigo y me dijo que quería contar conmigo, que sería un jugador importante”.
Lo siguiente para Raphinha será afrontar el tramo más decisivo de la temporada con el FC Barcelona, que sigue vivo en todas las competiciones. Tras escaparse la Champions la pasada campaña con aquel gol de Acerbi en semifinales, el cuadro blaugrana tiene como gran objetivo volver a levantar la orejona 11 años después, además de mantener el liderato en Liga y revalidar el título de Copa. No solo su club aparece en el horizonte próximo, también su selección, Brasil con la que peleará el Mundial 2026. Nadie sabe que ocurrirá durante el resto del año, pero lo que está claro es que Raphinha ya es la quinta ‘R’ brasileña del FC Barcelona.