Lo que hace apenas unas semanas parecía una garantía de estabilidad para los viajeros se ha convertido en una advertencia creciente para el sector aéreo. Las aerolíneas confiaban en sus coberturas de combustible para capear el impacto del conflicto en Oriente Medio. Sin embargo, con el paso de los días, esa promesa se diluye frente a una realidad cada vez más compleja: el combustible no solo es más caro, sino que empieza a escasear. En el arranque de la guerra, muchas compañías trasladaron un mensaje de calma. Aseguraban que sus estrategias de compra anticipada de combustible las protegían frente a posibles subidas del petróleo. El discurso era claro: las vacaciones no corrían peligro. Pero, un mes después la situación ha cambiado de forma significativa.
Las tarifas aéreas han comenzado a subir en distintas rutas, impulsadas por dos factores clave: el encarecimiento del combustible y la reducción de la capacidad disponible. John Grant, analista jefe de la consultora OAG, lo resume con claridad al señalar que el aumento de precios ya es visible y responde tanto al coste del petróleo como a una oferta de vuelos más limitada.
El queroseno, pieza esencial para la aviación, ha alcanzado niveles récord. Su precio se sitúa en 1.713,50 dólares por tonelada, superando ampliamente la evolución del crudo y otros derivados energéticos. Este incremento, como reconocen desde el propio sector, es difícil de absorber. Willie Walsh, director general de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, ha sido tajante: el impacto acabará trasladándose a los pasajeros mediante tarifas más altas.
“Las aerolíneas tendrán que repercutir este incremento en los consumidores mediante tarifas más altas, es inevitable”, ha declarado el director general de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) y ex consejero delegado de IAG.
En España, el efecto ya es tangible. Los datos de Mabrian apuntan a un incremento notable en los precios de los vuelos previstos para los próximos tres meses. Rutas consideradas seguras o cercanas, como las que conectan con Francia, registran subidas del 9,4%, con billetes que rondan los 105 euros de media. En el caso de China, el incremento es aún mayor, alcanzando el 14,4%.
Este encarecimiento no es homogéneo. La dinámica del mercado refleja cambios en el comportamiento de los viajeros. Las rutas de corto radio o percibidas como más seguras ganan protagonismo, mientras que los destinos de larga distancia o cercanos a zonas de conflicto experimentan una menor demanda. Cristina Panizo, de Mabrian, ha apuntado a una tendencia hacia patrones de movilidad más conservadores, donde los viajeros priorizan seguridad y proximidad.
Pero el problema de fondo va más allá del precio. La preocupación creciente en el sector gira en torno al suministro. Según la firma Sparta Commodities, si el conflicto se prolonga, podría no haber suficiente combustible para cubrir toda la demanda global de vuelos. Esta posibilidad ya está teniendo consecuencias: algunas aerolíneas, especialmente en Asia, han comenzado a recortar rutas consideradas no estratégicas para preservar reservas de fuel.
El impacto también se deja sentir en la competencia entre compañías. Las aerolíneas chinas, como Air China, están aprovechando el contexto para ganar cuota de mercado, especialmente en rutas hacia Asia. Han incrementado frecuencias desde aeropuertos como Barcelona, beneficiándose de una ventaja clave: pueden operar trayectos más directos. En contraste, aerolíneas europeas como Lufthansa enfrentan restricciones importantes, al no poder sobrevolar el espacio aéreo ruso, lo que implica rutas más largas y un mayor consumo de combustible.
Europa, además, mantiene una dependencia significativa del queroseno procedente del golfo Pérsico. Aunque no sea el principal comprador de crudo de la región, sí es el mayor importador de combustible para aviación, lo que incrementa su exposición a posibles interrupciones del suministro.
Aun así, no todos los analistas prevén un escenario crítico inmediato. Jaume Puig, director general del Grupo GVC Gaesco, considera que el impacto en las cuentas de resultados de las aerolíneas europeas será moderado este año, siempre que el precio del petróleo no escale de forma más agresiva. La clave, como en tantos otros sectores, está en la evolución del conflicto.
Por ahora, el sector aéreo navega entre dos incertidumbres: cuánto más subirán los precios y si habrá suficiente combustible para sostener la actividad. Lo que parece claro es que el escenario ha cambiado. Aquella promesa inicial de estabilidad ha quedado atrás, sustituida por una nueva realidad en la que volar será, previsiblemente, más caro y, en algunos casos, más limitado.