Una de las principales estrategias desplegadas por Vox desde su aparición ha consistido en calificar de “chiringuito” cualquier atisbo de defensa de derecho de los trabajadores, las mujeres o los migrantes, entre otros muchos colectivos. Organizaciones feministas, asociaciones antirracistas, ONGs que luchan por los estratos más vulnerables de la sociedad han sufrido sus embestidas, pero entre todas sobresalen los sindicatos, principalmente UGT y CCOO, contra quienes sostiene una campaña de desprestigio, que ha incluido varios intentos de retirarles las subvenciones allí donde han tocado poder junto al Partido Popular.

La respuesta de la extrema derecha, lejos de renunciar a las fórmulas que critica, fue crear un sindicato alternativo, nombrado Solidaridad, que en sus propios estatutos recoge la posibilidad de recibir donaciones y subvenciones. Paguitas, que diría Vox, formación que también se beneficia de las cuantiosas subvenciones que reciben los partidos y que tanto han criticado. Al frente de lo que algunos han considerado un “chiringuito” se encuentra el neonazi Jordi de la Fuente, que tiene pendiente un juicio por el asalto racista a un centro de menores.

Los tribunales son un territorio conocido para el sindicato ultraderechista aupado por Santiago Abascal. Hace apenas dos meses, uno de sus integrantes fue condenado a seis meses de prisión y una multa de 1.080 euros por falsificar las firmas de tres integrantes de UGT en las elecciones sindicales celebradas en la planta de Stellantis de Figueruelas (Zaragoza) en 2022. Tres firmas falsificadas, un número más alto que la cantidad de convenios laborales, principal terreno de lucha de los sindicatos para ganar derechos laborales, que ha firmado Solidaridad a lo largo de todo 2025.  

Insignificancia laboral

Más allá de lo nazi y lo vago, Solidaridad tiene poco más que aportar. El grupúsculo ofrece a los trabajadores bandera para comer y cobrar, pero reniega de hacer un mínimo de su supuesta labor. En 2025, se han firmado un total de 1.017 convenios y el supuesto sindicato solo ha estampado su rúbrica en dos. Menos firmas reales que falsificadas. Esta realidad se desprende de la estadística oficial publicada por el Ministerio de Trabajo, que ha sido desgranada por el periódico El País.

El número de afiliados, delegados y la procedencia de su financiación se desconoce, situación que choca con la del resto de sindicatos, que sí que facilitan esta información. La razón del ocultamiento podría responder a un vergonzante pinchazo en los centros de trabajo, como evidencia la nula participación en la elaboración de convenios, o a una procedencia cuestionable de sus fondos, como le sucediera a Revuelta o como ex altos cargos están revelando de Vox. Dudas que la organización se niega a despejar, alimentando las sospechas.

Solidaridad tampoco hace mucho por evitar acudir a los tribunales, sino no habría fichado a toda la cúpula del partido xenófobo Hacer Nación ni daría cabida a reconocidos neonazis, quienes quizás quieren evitar trabajar y prefieren percibir una paguita sindical. Las filas también han servido para dar acogida a juguetes rotos de Vox, que han ido circulando por el sindicato según iban perdiendo su relevancia o su sueldo en otras instituciones públicas. Una curiosa y novedosa manera de defender a los trabajadores que Vox califica de “otra forma de hacer sindicalismo”.

“Frente a los sindicatos de clase, esos sindicatos ‘comegambas’ que se han rendido ante los postulados globalistas, el sindicato Solidaridad demuestra cada día que hay otra forma de hacer sindicalismo, defendiendo nuestra soberanía nacional: un sindicalismo patriótico”, trasladaba la formación de Santiago Abascal a las puertas de la manifestación del 1 de mayo, día del trabajador, del pasado año. “Ven con tu bandera al gran acto conjunto de VOX y el sindicato Solidaridad”, arengaban a los españoles a participar de su acto de 2025.

Las banderas parecen no ser suficientes para camuflar las tesis neoliberales que defiende Vox, y por extensión solidaridad, contrarias a cualquier interés de los trabajadores. Dos semanas separan a Solidaridad de un nuevo 1 de mayo y la duda sobre si Vox acudirá con sus “comegambas” a la manifestación aún no se ha resuelto. Abascal, experto cobrador de “paguitas” a quien no se le recuerda trabajo fuera de la política, podría volver a ser la estrella invitada. Banderas en alto y los derechos laborales por los suelos, sonrisa al bendito jefe mediante.

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