La vivienda es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta actualmente la sociedad española. Las movilizaciones registradas en las últimas semanas en Madrid y otras ciudades han puesto el foco sobre el precio de los inmuebles y la falta de obra nueva como algunos de los principales factores que impulsan el encarecimiento de la vivienda. Sin embargo, existe un coste menos visible que rara vez aparece en esta conversación: el impacto que tiene el crimen en las obras de construcción.
El Informe sobre el Crimen 2026 de BauWatch, elaborado a partir de una encuesta realizada a 4.100 profesionales del sector en Europa, incluidos especialistas españoles, concluye que la delincuencia en las obras se ha convertido en un factor estructural capaz de generar retrasos, sobrecostes y paralizaciones que terminan afectando al precio final de las viviendas.
A nivel europeo, diferentes estudios sectoriales estiman que el robo de maquinaria, herramientas y materiales en obras provoca pérdidas superiores a los 1.500 millones de euros anuales. Una cifra que refleja la magnitud económica de un fenómeno que preocupa cada vez más a promotoras y constructoras.
La seguridad debe tratarse como parte del proyecto
Los resultados del informe muestran que el problema continúa creciendo y que España presenta indicadores superiores a la media europea en varios de los parámetros analizados.
Los datos del informe reflejan una tendencia preocupante para el sector. El 61,4 % de los profesionales de la construcción en España considera que la delincuencia ha aumentado durante el último año, una percepción superior a la media europea, situada en el 57,6 %. Además, la sensación de inseguridad continúa creciendo, ya que en 2025 este porcentaje era del 56,2 %.
Las consecuencias tienen un impacto directo sobre la actividad. Casi la mitad de los proyectos (44,8 %) ha sufrido retrasos relacionados con incidentes delictivos, una cifra seis puntos superior a la registrada el año anterior y también por encima de la media de la Unión Europea. Según diversos estudios sectoriales, más de un tercio de estas obras acumula demoras de entre una y cuatro semanas.
El problema también afecta a los costes. El 26,9 % de las obras registra sobrecostes derivados de actividades delictivas, mientras que el 15,5 % de los proyectos llega incluso a paralizarse temporalmente, con el consiguiente impacto sobre los plazos de entrega de promociones residenciales.
Además, el perfil de los robos está cambiando. Los delincuentes muestran cada vez más interés por activos de mayor valor y más difíciles de sustituir. Los robos de vehículos se han duplicado, pasando del 4,6 % al 9,6 %, y los de maquinaria pesada han crecido del 6,1 % al 9,4 %. Por el contrario, disminuyen los robos de cobre y cableado. Esta evolución provoca costes de reposición más elevados y periodos de inactividad más prolongados para las empresas.
A ello se suma otro fenómeno preocupante. La mitad de los profesionales encuestados en España afirma haber recibido contactos relacionados con supuestos servicios de "protección" y un 17,2 % reconoce haber terminado pagando por ellos. Una presión añadida que incrementa aún más los costes de ejecución de los proyectos.
Cada jornada de retraso en una obra tiene consecuencias económicas inmediatas. La sustitución de maquinaria robada, la reorganización de suministros, la repetición de trabajos o la paralización temporal de una promoción generan gastos que, en muchos casos, terminan repercutiendo en el precio final de la vivienda.
"La seguridad en obra ya no puede tratarse como una reacción ante incidentes, sino como parte estructural del proyecto. En un entorno donde la demanda de vivienda es urgente y los plazos de entrega son críticos, cada incidente delictivo que frena una obra genera un sobrecoste que acaba, de una u otra forma, repercutiendo en el precio final. Proteger una obra es también proteger el acceso a la vivienda", explica Ignacio González Medina, director general de BauWatch España.
Seguridad preventiva y tecnología como respuesta
Ante este escenario, BauWatch considera que la seguridad debe incorporarse desde la fase inicial de planificación de los proyectos y no activarse únicamente cuando ya se ha producido un incidente. La combinación de videovigilancia inteligente e inteligencia artificial permite actualmente evitar más de 113.000 intrusiones al año en Europa, con tiempos de respuesta inferiores a un minuto gracias a la verificación humana en tiempo real y a la coordinación con las fuerzas de seguridad.
Las torres móviles de videovigilancia desarrolladas por la compañía pueden instalarse en cuestión de minutos y adaptarse a la evolución de cada obra. Además, funcionan de forma autónoma incluso en ubicaciones remotas sin acceso a red eléctrica. Se trata de un modelo ya ampliamente implantado en varios países del norte de Europa y que comienza a ganar presencia en el mercado español.
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