La alarma en Alemania con el éxito de un partido populista de derecha, sobrevenido e hijo directo del drama del aluvión de refugiados pobres que llegan al país, es una noticia de perfil probablemente histórico: más allá de las explicaciones convencionales del hecho, puede advertirse un cierto tufillo político-histórico de interés general: ¿está el país curado del contagio social-nacionalista-identitario? ¿serían iguales las cosas si  los llegados fueran blancos, cristianos, rubios e instruidos? No hay duda de que la condición de “diferentes”, cultural y confesionalmente diferentes, juega un papel central en el asunto.

Salvo el exitoso partido “Alternativa para Alemania”, el público, empezando por la clase política profesional, no habla crudamente al respecto y se atiene a las normas de lo políticamente correcto… de modo que debe evitarse toda expresión de racismo, exclusión o repulsión. Hasta ahora…

Una mujer al timón

Desde esta óptica, es muy útil recordar que la responsable de la impresionante política de cordial aceptación y fronteras abiertas es una señora alemana de 61 años que lidera sin discusión el partido mayoritario (CDU o Unión Cristiano Demócrata), en el poder desde 2004 tras ganar tres elecciones legislativas sucesivas. El domingo, sin embargo, la CDU sufrió un duro revés electoral en dos Estados federados y su aliado, el descafeinado partido Socialdemócrata ha visto como le abandonaba una auténtica riada de votos con rumbos distintos, tendencia que puede complicar mucho la gobernanza de la RFA tras las próximas elecciones legislativas.

Las voces críticas con la política de acogida de los refugiados no proceden sólo de los grupos vociferantes de la extrema-derecha sino que el desconcierto y el rechazo procede, incluso, de sus propias filas.

Procedencias culturales diferentes

Crudamente dicho: se puede afirmar sin riesgo que la conducta de  la Canciller, hija de pastor luterano en la antigua Alemania comunista, en relación con los refugiados es mucho menos apreciada en la muy católica Baviera que en otras regiones. Claramente, la Unión Social Cristiana, USC, no comparte la política de inmigración y asilo de Merkel, que parece dispuesta, en cambio, a mantenerla, aunque se avenga a lo que disponga la “cumbre” europea que debe decidir si el acuerdo-marco con Turquía, clave del asunto, puede ser acomodado a las normas del propio derecho público europeo. ¿Puede ser este el apunte de la separación  de la CDU y la CSU?

Una apuesta de futuro

Con visión de largo plazo, Merkel parece persuadida, y acierta, de que la presente crisis europea, con el aluvión de refugiados y la crisis económica como vectores centrales, es de dimensión histórica y, como tal, merece ser tratada.

Alemania, troceada por los vencedores de la II Guerra Mundial, ha vuelto a sus fronteras naturales y a su papel central en el corazón del continente y como motor de la UE, que corre un peligro cierto y comprobable de supervivencia si no maneja la situación con acierto.

Merkel, de una generación de posguerra que ha visto la caída del comunismo y la ansiada reunificación nacional, no acepta ni moral, ni política ni estratégicamente el riesgo de una vuelta al ominoso pasado.

En efecto, la asentada y exitosa democracia alemana es una excepción en términos históricos y una novedad si se la compara en el tiempo con Gran Bretaña, Francia o los Estados Unidos. El paréntesis nazi (1933-1945) provocó la ruina material y moral del Continente pero desde los cincuenta no han cesado los intentos de rehabilitarlo en nombre de un  impreciso destino propiamente “alemán”. Las elecciones del domingo en los “lander” de Sajonia-Anhalt, Renania-Palatinado y Baden-Wurtemberg rezuman algo de todo esto.

Los votos anti-inmigrantes, de repudio cultural y exclusivismo racial casi explícito, el trabajo de campo previo a cargo de la indecente PEGIDA, “Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente”, una agrupación agresiva y paramilitar, el miedo a la pérdida de una cierta “germanidad” … no deben ser ignorados ni minimizados. Ni en Alemania ni en el resto de Europa.

Y todo eso es lo que deplora una vieja dama luterana, doña Angela,  mujer de Estado, de vista larga, sentido de la historia y sentido… común. ¿Error electoral cara a las legislativas del año próximo? Lo veremos…