Tesla ya es uno de los gigantes empresariales del mercado mundial, con una capitalización bursátil de 1,48 billones de dólares. Sin embargo, la compañía de vehículos eléctricos podría quedar integrada en un conglomerado todavía mayor si prosperan los planes de Elon Musk para fusionarla con SpaceX, cuya valoración ronda los 2,01 billones. La operación daría lugar a una empresa, que no se conoce si quedará toda integrada bajo la denominación Tesla o se creará una nueva, valorada conjuntamente en cerca de 3,5 billones de dólares, suficiente para situarse entre las cinco mayores cotizadas del mundo.
El anuncio llega después de que SpaceX haya presentado unos resultados trimestrales que reflejan el crecimiento de sus negocios tecnológicos. La compañía ingresó 14.600 millones de dólares entre julio y septiembre, un 161% más que durante el mismo periodo del año anterior, cuando facturó 5.600 millones. El impulso procede especialmente de su división de inteligencia artificial, cuyos ingresos se multiplicaron por más de nueve, hasta alcanzar los 7.600 millones de dólares.
La posibilidad de unir ambas empresas fue planteada por Musk durante la conferencia con analistas e inversores posterior a la presentación de resultados. Según explicó, los consejos de administración han constituido comités especiales para estudiar la viabilidad de la operación, aunque todavía no existe un acuerdo sobre sus condiciones ni garantías de que llegue a materializarse.
"Creo que la fusión de las empresas tiene mucho mérito", señaló el empresario, que también reconoció que algunos inversores dan por segura una operación que todavía está en fase de análisis. Musk dirige ambas compañías, por lo que no participa directamente en las deliberaciones de los comités para evitar conflictos de intereses, aunque su influencia será determinante.
Una potencia tecnológica con la inteligencia artificial como eje
La fusión permitiría reunir bajo una misma estructura negocios que hasta ahora operaban en sectores diferentes. Tesla concentra su actividad en los vehículos eléctricos, la conducción autónoma, el almacenamiento energético y la robótica humanoide. SpaceX, por su parte, combina el lanzamiento de cohetes reutilizables, la conectividad por satélite de Starlink y el negocio de inteligencia artificial incorporado a través de xAI.
La principal oportunidad de integración estaría en el desarrollo de la IA y de las infraestructuras necesarias para entrenar modelos avanzados. Tesla aporta capacidades en fabricación, energía y centros de datos, mientras SpaceX dispone de recursos tecnológicos y de computación vinculados a sus actividades aeroespaciales y digitales.
La reacción inicial de los mercados fue positiva, ya que las acciones de SpaceX subieron más de un 5% en las operaciones posteriores al cierre, mientras Tesla avanzó alrededor de un 1,5% al cierre de la sesión. No obstante, el proyecto sigue abierto y su eventual aprobación dependerá de los términos que acuerden ambas compañías.
SpaceX: de los cohetes reutilizables a la inteligencia artificial y la conectividad global
SpaceX nació en 2002 con el objetivo de reducir los costes de acceso al espacio y desarrollar tecnologías que permitieran, a largo plazo, llevar seres humanos a Marte. Fundada por Elon Musk, la compañía ha ampliado progresivamente su actividad hasta convertirse en un grupo que combina ingeniería aeroespacial, telecomunicaciones e inteligencia artificial. Su negocio se estructura actualmente en tres grandes áreas: lanzamiento espacial, conectividad por satélite y desarrollo de soluciones de IA.
En el ámbito aeroespacial, SpaceX diseña, fabrica y opera cohetes reutilizables, entre ellos el Falcon 9, y desarrolla Starship, el vehículo con el que aspira a ampliar sus capacidades de transporte espacial y facilitar futuras misiones a la Luna y Marte. La empresa también mantiene contratos con la NASA y organismos gubernamentales para transportar suministros, tripulaciones y cargas al espacio, además de prestar servicios de lanzamiento a clientes comerciales.
Su otra gran fuente de negocio es Starlink, una red de satélites en órbita terrestre baja que proporciona conexión de banda ancha a particulares, empresas y administraciones. Esta infraestructura ha permitido a SpaceX extender sus servicios a regiones con dificultades de acceso a las redes terrestres y desarrollar nuevas posibilidades en comunicaciones móviles y servicios para organismos públicos.
La compañía ha incorporado además la inteligencia artificial a su estructura mediante la adquisición de xAI en febrero de 2026. Esta división agrupa modelos como Grok, aplicaciones para empresas y consumidores e infraestructura de computación.
Una salida a bolsa histórica
El salto definitivo a los mercados se produjo en junio de 2026. SpaceX fijó el precio de su oferta pública inicial (OPI) en 135 dólares por acción y colocó aproximadamente 555,6 millones de títulos, con los que captó 75.000 millones de dólares. La operación valoró inicialmente la compañía en 1,77 billones de dólares y se convirtió en la mayor salida a bolsa registrada hasta entonces.
La operación culminó meses de preparación y permitió a los inversores acceder directamente a una empresa que hasta entonces había permanecido en manos privadas. Su debut bursátil elevó rápidamente la valoración hasta el entorno de los dos billones de dólares, aunque las acciones han experimentado oscilaciones desde entonces.
Musk recupera su influencia en Washington tras reconciliarse con Trump
La relación entre Elon Musk y el Gobierno de Donald Trump ha recuperado fuerza en los últimos meses, después de la ruptura pública que protagonizaron en 2025. El empresario tecnológico, que abandonó entonces su papel en la Administración tras sus enfrentamientos con el presidente, vuelve a ocupar una posición de influencia en Washington, tanto por sus vínculos personales con Trump como por el peso estratégico de sus compañías en sectores como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y la industria aeroespacial.
Uno de los principales indicios de este acercamiento se produjo a comienzos de octubre, cuando el secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció la incorporación de Musk a Project Meridian, una iniciativa del Pentágono destinada a estudiar cómo evolucionará la guerra y qué tecnologías necesitarán las Fuerzas Armadas estadounidenses. El magnate compartirá la dirección del proyecto con Palmer Luckey, fundador de la empresa de defensa Anduril, y el ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich. El grupo deberá presentar recomendaciones sobre las capacidades militares del futuro.
La reconciliación también se ha traducido en una mayor presencia de Musk en los actos presidenciales. El empresario participó en una reunión de la Casa Blanca sobre seguridad en inteligencia artificial a finales de septiembre, asistió a la cena de Estado ofrecida al presidente chino, Xi Jinping, y recibió el 8 de octubre la Medalla Nacional de Ciencia de manos de Trump. Estos gestos públicos reflejan la recuperación de una relación que llegó a deteriorarse hasta convertirse en un enfrentamiento abierto por la política presupuestaria del presidente.
A esta cercanía institucional se suma el peso económico y político de Musk. Según datos de financiación electoral publicados por Reuters el 12 de octubre, el magnate había destinado cientos de millones de dólares a las elecciones legislativas de mitad de mandato de 2026, principalmente para respaldar a los republicanos. Sus aportaciones refuerzan su capacidad de influencia dentro del partido, en un momento en el que las empresas que dirige mantienen importantes vínculos comerciales con el Estado.
La relación también plantea cuestiones sobre los posibles conflictos de intereses. SpaceX es un contratista relevante del Gobierno estadounidense y participa en programas aeroespaciales y de defensa, mientras que la Administración toma decisiones que pueden afectar directamente a sus negocios. En agosto, Reuters informó de que Trump había comprado acciones de SpaceX por un importe de entre 15.001 y 50.000 dólares, según su declaración financiera. La Casa Blanca aseguró que su cartera está gestionada de forma independiente por entidades financieras.
La Casa Blanca deja la regulación de la IA en manos de las propias empresas
La Administración de Donald Trump ha optado por priorizar la autorregulación de la industria de la Inteligencia Artificial frente a la aprobación de una normativa que imponga obligaciones legales a las compañías. El 29 de septiembre, la Casa Blanca escenificó esta apuesta con la firma del acuerdo suscrito con Anthropic, OpenAI, Google, xAI, Meta y Nvidia. El pacto establece mecanismos de supervisión y auditoría autogestionados por las propias compañías sin intervención del Gobierno y no contempla, tampoco, sanciones ni obligaciones legalmente vinculantes.
El documento plantea cuatro niveles de control, basándose procedimientos internos para detectar fallos y amenazas, equipos encargados de vigilar su cumplimiento, auditorías externas y un comité independiente dentro de cada empresa. Las compañías también se comprometen a colaborar para establecer estándares y compartir buenas prácticas. Sin embargo, cada una conserva un amplio margen para decidir cómo aplicar las medidas, mientras que la posibilidad de convertirlas en leyes queda aplazada a un futuro indeterminado.
La decisión encaja con la estrategia de Trump de mantener a Estados Unidos a la cabeza de la carrera tecnológica frente a China y evitar restricciones que, a su juicio, puedan frenar la innovación. El resultado es un modelo en el que las empresas que desarrollan los sistemas asumen buena parte de la responsabilidad de supervisarlos. La fórmula suscita dudas sobre su eficacia, especialmente después de que se hayan conocido incidentes relacionados con agentes autónomos y advertencias de las propias compañías sobre los riesgos de modelos cada vez más avanzados.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
