Estados Unidos (EEUU) se muestra visiblemente enfadado porque ninguno de sus aliados apoya ya -al principio muchos países europeos y las formaciones de derechas se inclinaron sin rechistar- su ataque ilegal, en connivencia con el Estado genocida de Israel, contra Irán. El Gobierno del sátrapa Donald Trump protagoniza una pataleta desde hace semanas, deslizando un posible abandono o reducción de su participación en la Alianza Atlántica (OTAN), y dirige sus frustraciones, generadas por el evidente fracaso bélico, contra aquellos que más cara le han plantado, con especial énfasis contra Pedro Sánchez.
Tanto el inquilino de la Casa Blanca como sus subordinados disparan a diario contra el presidente del Gobierno español. La última de las instituciones en sumarse a esta actitud matona ha sido la Embajada de Estados Unidos en España, que ha deslizado una amenaza comercial. “Estados Unidos es el principal inversor en España, generando más de 330.000 puestos de trabajo”, han compartido a través de sus redes sociales, dejando entrever que esas inversiones podrían retirarse, dejando caer a su vez los citados puestos de trabajo.
Estados Unidos es el principal inversor en España, generando más de 330,000 puestos de trabajo. pic.twitter.com/hGM7EiVTZl
— U.S. Embassy Madrid 🇺🇸🇪🇸 (@USembassyMadrid) April 13, 2026
Como mensaje corto y populista ha cumplido su efecto, pues la derecha cipaya española, sobrecargada de banderas, ha comprado el marco. Sin embargo, lo cierto es que el principal beneficiado de la relación comercial bilateral es Estados Unidos. España sufre un déficit de poco más de 13.000 millones con el gigante norteamericano; es decir, compra mucho más de lo que vende. La relación comercial nunca ha sido beneficiosa para el país ibérico, en términos de balanza, pero la embajada ha obviado esta realidad.
Tampoco han atendido a la calidad de sus inversiones, muchas canalizadas a través de fondos de inversión que arrasan el país. BlackRock es uno de los inversores más presentes en España. Grandes de las inversiones inmobiliarias, tecnológicas o farmacéuticas son las más destacadas.
Más allá del debate sobre los beneficios de los intercambios comerciales, lo cierto es que la Embajada estadounidense en España ha protagonizado en más de una ocasión acciones amenazantes o contrarias a la normalidad de las relaciones. Hace un mes, la institución canceló a última hora un acto privado sobre materiales críticos que iba a mantener con el Ministerio de Transición Ecológica y, hace escasas semanas, se pronunció en contra de la eutanasia de una joven, en una clara injerencia en asuntos nacionales que no corresponde a ninguna institución extranjera.
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