En los últimos meses han salido a la luz las familias en las que se divide el Partido Popular de Madrid, especialmente desde la salida de Emilio Viciana como consejero de Educación, al que sustituyó en el cargo Mercedes Zarzalejo.

Ese ‘clan’, que agrupaba a la guardia pretoriana del primero, se conocía con el nombre de Los Pocholos por su apariencia de chicos de barrio pudiente. A ellos les siguen Los Pancetas, personas cercanas a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, entre lo que no se encuentra, sin embargo, Alfonso Serrano, número dos del PP madrileño.

Sin embargo, si forman parte de este grupúsculo nombres como el de Carlos Díaz Pache, portavoz ‘popular’ en la Asamblea de Madid, o Ana Millán, vicepresidenta de la Cámara y número tres de la baronesa regional.

Se trata, básicamente, de rostros que coincidieron con Ayuso cuando ésta trabajaba en la comunicación de Esperanza Aguirre, y que se antojan claves en algunas de las posturas y decisiones de la formación conservadora, entre ellas el apoyo al alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, denunciado por acoso sexual y laboral.

Precisamente sobre Millán recayó la labor de corroborar la denuncia contra el regidor mostoleño, a pesar de tratarse de un amigo personal. Para ella, el partido lo es todo, por lo que su intención parece clara desde el primer momento y pasó por dar carpetazo lo antes posible a un escenario que podía comprometer al partido.

Ser un panceta viene de la mano de la fidelidad con los tuyos y de una suerte de favores en la que, si uno consigue algo, a otro le compensan de otro modo, según cuentan quienes más conocen este tipo de divisiones. Al final, la idea es que todos salgan ganando. Y Bautista era uno de los suyos.

Una farsa

La idea frente al presunto acoso sexual y laboral que cometió y que narra la presunta víctima en una querella en primera persona es clara en Sol, donde lo limitan a una torpeza cometida por un miembro del partido que ha terminado en los juzgados.

La investigación contra Bautista tuvo parte de mentira, según las fuentes que han hablado, siempre manteniendo el anonimato, e informaba este martes El País.

Millán dilató todo cuanto pudo el proceso, y la víctima -a la que Millán había tratado de convencer de que no denunciara- lo elevó al Comité de Derechos y Garantías del PP, sin obtener mejores resultados.

La distinción entre estructuras es muy difusa en la sede de Génova, 13; donde organización nacional y local trabajan en el mismo edificio, separadas tan solo por una planta. Aunque el hall cuenta con accesos diferentes, las puertas se conectan arriba.

El partido está por encima de todo, y Millán maneja muy bien el relato en los temas judiciales, una ‘teoría’ que ha demostrado en la práctica, siempre salvaguardada por las siglas. Prueba de esto último es que este año se ha archivado una causa suya por corrupción que arrastraba desde hace una década y que entendía que seguía abierta porque estaba en manos de una jueza abiertamente progresista.

El tercer actor

Los Pancetas representan un nuevo PP de Madrid respecto el anterior. Esa es la imagen que ellos quieren transmitir, frente al partido que se vio salpicado por los escándalos de Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes.

Con esta premisa, y otras que pasan por la tónica a la que debía obedecer el grupo, se lleva a cabo una remodelación profunda en su grupo parlamentario. Ayuso llevó a cabo cambios, la mayoría de los cuales afectaron a diputados que llevaban mucho tiempo siéndolo y que renovaban su cargo entre legislaturas sin aportar nada.

De hecho, Millán le pidió que la purga fuera mayor, pero la presidenta se habría negado. Además, incluyó como diputados a gente de fuera, jóvenes que conocía y a los que guardaba respeto, pero al llegar a la Asamblea se encontraron con que Los Pancetas tenían el control absoluto.

En el caso de Móstoles, concretamente en esa relación entre Bautista y Millán, se dota de importancia a un tercero: el director de Alcaldía y Relaciones Institucionales del Ayuntamiento de Móstoles, Jorge Leal.

De cara a la galería es el número dos de Bautista, pero a efectos prácticos ha ocupado cuatro puestos en la Comunidad de Madrid y, lo más importante en este caso, guarda lealtad absoluta también a la vicesecretaria de Organización y Territorial.

Nunca ha ocultado su amistad con la número tres de los ‘populares’. Es fiel a uno y, en consecuencia, a la otra. Seguramente era él el ingrediente que faltaba para entender por qué el ‘caso Móstoles’ nunca ha sido tal dentro del PP.

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