Un estudio del Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) sitúa al Atlántico Norte como uno de los factores clave para explicar la intensidad de la dana que golpeó Valencia en 2024. La investigación, publicada en la revista Weather and Climate Extremes, concluye que las altas temperaturas registradas en esa zona del océano favorecieron unas condiciones más propicias para las lluvias extremas, hasta el punto de elevar su intensidad en un 15%.
El trabajo sostiene que el episodio no puede entenderse únicamente a partir de las condiciones locales o del calentamiento del Mediterráneo, que también tuvo un papel central. La principal novedad del estudio reside precisamente en que incorpora por primera vez una evaluación del impacto del Atlántico Norte, excepcionalmente cálido en esas fechas, sobre la precipitación extraordinaria registrada en Valencia.
Según explica el BSC, esas temperaturas anómalas contribuyeron a aumentar la disponibilidad de humedad y a generar un contexto más favorable para que el episodio se desarrollara con tanta intensidad sobre territorio valenciano.
Simulaciones con MareNostrum 5 para medir el impacto del mar
Para analizar cómo influyeron las temperaturas anormalmente elevadas del mar en la cantidad de lluvia caída, el equipo recurrió al superordenador MareNostrum 5, con el que generó simulaciones atmosféricas en alta resolución. A partir de ahí, los investigadores compararon distintos escenarios: uno con las temperaturas reales observadas y otros con valores más habituales para esa época del año.
El resultado de esas simulaciones refuerza la tesis de que el calentamiento del mar desempeñó un papel determinante. De acuerdo con el estudio, la precipitación del día del evento habría sido hasta un 40% menor si no se hubieran registrado esas temperaturas superficiales tan elevadas ni en el Mediterráneo ni en el Atlántico Norte.
Dentro de ese marco, el Atlántico Norte aportó por sí solo un incremento del 15% en la intensidad del episodio, un dato que amplía el foco con el que se venían interpretando este tipo de fenómenos extremos.
Un fenómeno local alimentado por un contexto oceánico más amplio
La investigación apunta así a una idea de fondo: aunque los efectos del cambio climático se manifiesten de forma local, los procesos que los alimentan pueden operar a una escala mucho más amplia. En el caso de la dana de Valencia, lo ocurrido no dependió solo de las condiciones atmosféricas en la zona afectada o del calentamiento del mar frente a sus costas, sino también de un contexto oceánico más extenso y conectado a escala regional y global.
El autor principal del estudio e investigador del BSC, Ramiro Saurral, resume esa conclusión al advertir de que para entender por qué un episodio extremo llega a ser tan devastador “no basta con mirar únicamente lo que ocurre en el territorio afectado”.
“El estado del océano, incluso a gran distancia, puede marcar una diferencia decisiva en la magnitud del impacto”, concluye.
El estudio amplía la lectura científica de la dana de Valencia
El trabajo del BSC refuerza así una lectura más amplia sobre los fenómenos meteorológicos extremos. La dana de Valencia no se explica solo desde lo inmediato. Tampoco únicamente desde el Mediterráneo. El estudio plantea que, detrás de su violencia, también operó un Atlántico Norte inusualmente cálido que ayudó a crear las condiciones para que las lluvias alcanzaran una intensidad excepcional.