En Valencia, L’Horta Sud, hay un pueblo llamado Benetússer que ahora toda España conoce porque el 29 de octubre de 2024 quedó arrasado por la DANA. Diez de sus vecinos murieron por el tsunami de agua y lodo que arrasó con todo y todos a su paso. Pero Benetússer, más allá de lo que sucedió aquel fatídico día, también es un municipio donde la Semana Santa se vive, y se respira.
En este pueblo de tan solo 0,8 kilómetros cuadrados se escenifica una Semana Santa viviente que revoluciona el pulso hasta a los ateos. Aunque sin pretorio romano desde 2025, pues la DANA se lo llevó por delante, la Asociación Cultural La Pasión lo ha vuelto a triunfar.
Desde ayer, los benetussenses y los visitantes han podido disfrutar de algunas de las escenas más míticas de la Biblia como la última cena o la visita del Sanedrín a Poncio Pilato para exigirle la muerte del Nazareno. Pero este Viernes Santo era “el día grande”: primero se celebra el juicio a Jesucristo ante Poncio Pilatos. Una abarrotadísima plaza del ayuntamiento ha sido testigo, como cada año desde 1949, de este momento. Después ha llegado el turno de la procesión del Calvario de Cristo.
Los actores se meten en el papel de una forma casi sobrenatural. Solo hay que ver con la saña que los romanos fustigan a Jesucristo. Duele verlo. Durante el recorrido se han escenificado algunas de las escenas más famosas de ese calvario como es la ayuda del Cirineo o de Verónica.
Pero si hay un momento que saca las lágrimas del más duro es cuando la virgen María, interpretada por Alicia Giner y madre en la vida real del actor que hace de Jesús, sale al encuentro de su hijo. Las lágrimas y el dolor que expresa la actriz son dignas de cualquier premio de interpretación.
En Benetússer la Semana Santa se vive y se respira. De hecho, en este pequeño pueblo no es solo una cuestión de Fe, pues a la procesión acuden tanto católicos, como agnósticos y ateos. Todos viven en carne propia la pasión de alguien que, según los creyentes, dio la vida por la humanidad.
En estos tiempos tan convulsos y donde la falta de cristianismo se puede presenciar a tan solo un golpe de tuit, merece la pena, y mucho, ver este teatro ya se sea creyente o no. El dolor de una madre será siempre el dolor de una madre, esté en el Jerusalén de hace más de 2.000 años o el la Gaza de 2026. El amor es el amor y el odio es el odio, ahora, y siempre.
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