El Partido Popular ha vuelto a evidenciar sus contradicciones internas en torno a uno de los asuntos que más utiliza como arma política en Castilla-La Mancha: las listas de espera sanitarias. Las declaraciones realizadas este jueves por la vicesecretaria nacional de Sanidad y Política Social del PP, Carmen Fúnez, han dejado en una posición incómoda al propio partido en la región y, en especial, a su líder autonómico, Paco Núñez, que lleva años responsabilizando de forma casi exclusiva al presidente regional, Emiliano García-Page, de cualquier problema en el sistema sanitario.
Durante un desayuno informativo celebrado en Ciudad Real y bajo la presencia de Núñez, Fúnez ha situado el origen del aumento de las listas de espera en una decisión del Gobierno de España, al que ha acusado de no haber ampliado las plazas MIR durante los últimos años. Un argumento que choca frontalmente con el discurso que el PP de Castilla-La Mancha ha venido repitiendo de forma machacona, señalando directamente al Ejecutivo autonómico como responsable único de los retrasos en la atención sanitaria.
La dirigente popular ha afirmado que la "demora media en Atención Primaria ha pasado de cuatro a diez días desde la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno", un incremento que ha vinculado de manera directa a la escasez de profesionales sanitarios y a la falta de planificación en la formación de médicos especialistas. En su intervención, ha dejado entrever en que el problema no reside en la gestión de las comunidades autónomas, sino en una política estatal que, según ha dicho, no ha sabido anticiparse a las necesidades reales del sistema sanitario público.
Estas declaraciones desmontan el relato sostenido por el PP de Castilla-La Mancha, que en innumerables ocasiones ha acusado al Gobierno regional de ser el causante directo de las listas de espera, sin mencionar la falta de médicos ni el papel clave que juega la planificación estatal de las plazas MIR, competencia exclusiva del Gobierno de España. Mientras en Madrid se señala la ausencia de previsión y de inversión estatal, en Castilla-La Mancha el PP continúa utilizando la sanidad como ariete político contra García-Page, incluso en contextos en los que su propio partido reconoce que el problema es estructural y de ámbito nacional.
Un diagnóstico que, de nuevo, no encaja con el argumentario del PP en Castilla-La Mancha, donde se insiste en personalizar los problemas sanitarios en la figura de García-Page, sin asumir que la falta de médicos y la planificación de recursos humanos dependen de decisiones estatales que el propio PP reconoce ahora como erróneas. Una discrepancia interna que pone de relieve que ni el propio Partido Popular se aclara con su discurso, utilizando un relato u otro en función del territorio y del interés político del momento.