Es una más entre muchos otros animales recogidos, pero su nombre y su historia sirven de hilo conductor para visibilizar el trabajo que desarrollan los responsables del Refugio Sofía, situado en las afueras de Sevilla. El Refugio Sofía es, a su vez, uno más entre muchos otros refugios diseminados por la geografía nacional que, con pocos medios y mucha voluntad, vienen a representar la otra cara de un país tradicionalmente poco considerado, cuando no cruel, con los animales. Tiene aproximadamente once años, se quedó preñada con sólo dos, le quitaron los cachorros, es mestiza, vivió en una asociación que clausuraron por su mal estado y ha sido utilizada como perra de peleas. Se llama Noa y lleva en el Refugio Sofía desde que abrió sus puertas hace diez años. Tiene buen comportamiento, es sociable, cariñosa y nunca se han interesado por ella para adoptarla. Su problema es parecido al de tantos otros perros que viven en los refugios durante todas sus vidas: cuantos más años pasan allí, más disminuye el interés por adoptarlos. Son animales que crecen en los refugios, envejecen en los refugios y muchos de ellos no tienen la oportunidad de conocer otra vida. Una vida en un hogar, con una familia y con una atención exclusiva. Sin embargo, el caso de Noa va más allá. Noa es juguetona, obediente y mimosa con las personas que se acercan a ella pero su relación con el resto de animales es delicada, estuvo traumatizada por haber participado en peleas de perros y, aunque no ha vivido enfrentamientos en el refugio, es difícil relacionarla libremente con sus compañeros. Aun así, Noa es una perra como otra cualquiera. Necesita los mismos cuidados, las mismas ganas por ayudarla y una casa donde estar pendiente de ella sea algo natural y voluntario. Pero la realidad es totalmente diferente y, seguramente, Noa no conozca esa forma de vida que tanto les gusta a los perros. En nuestro país se recogieron el año pasado más de 140.000 perros y gatos abandonados y solamente el 44% fueron rescatados por familias. Cada año son miles de animales los que llegan a las protectoras y refugios, una cifra que no disminuye y que sigue sin sensibilizar a la población. Noa es tan sólo uno de los innumerables casos que existen en España, el país que encabeza la lista en Europa de abandonos de mascotas.