A veces, los silencios dicen más que las propias palabras. En el discurso que ha pronunciado el presidente en funciones de la Junta de Andalucía y candidato a la reelección, Moreno Bonilla, este lunes en el Parlamento andaluz podemos encontrar un mapa de pistas que nos dirigen hasta Bambú, la sede nacional de Vox y principal pesadilla de los populares. El discurso, que ha durado en torno a una hora y media, ha estado estructurado en diferentes partes o actos, recogiendo el guante de las críticas de la oposición de que estamos viviendo un "teatro" entre las negociaciones de los partidos. El primer 'acto' ha sido la claudicación. Al tiempo que Moreno presumía de la victoria electoral del pasado 17M reconocía que, para gobernar, necesitaba un socio. El único e indiscutible Vox, para ser más exactos. Así lo ha recordado posteriormente su portavoz, Gavira, entre risas: "Los andaluces escogieron que Vox decidiera el Gobierno andaluz".
A Moreno, sin embargo, no le hace tanta gracia. Normal. Su papel es complicado. Tras vivir cuatro años bajo una "mayoría suficiente" aparentemente bajo control, ahora tendrá que entenderse con una formación que vive de la polémica y que se presenta impredecible. Para muestra, cuando se salieron de los gobiernos autonómicos de los que formaban parte en 2024 por el acuerdo migratorio. Ahora parece que están a otra cosa y que quieren gobernar. Moreno, por otro lado, está empeñado en lo contrario. O eso parece; porque como en el teatro, nada es lo que parece.
Mientras que Moreno Bonilla se presentaba ante la Cámara andaluza, el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, avivaba las negociaciones. En una rueda de prensa, advertía que "todavía falta" para el acuerdo en Andalucía, y que de seguir por este camino, Vox apoyará a Moreno en la "tercera, cuarta, quinta votación; o nunca". Unas declaraciones que subraya Gavira porque, en su opinión, todavía se está negociando. El qué, no trasciende, pero según Gavira son "medidas". El PP dice que de seguir por el camino del "entendimiento" entre partidos habrá acuerdo, pero tampoco se explica cuál es ese camino. Tampoco la piedra en mitad de este para no llegar a un acuerdo.
El portavoz de Vox, Gavira, también decía ayer que "hay cosas que nos han gustado y cosas que no, como el hecho de que no haya entrado en el problema de la inmigración que hay en Andalucía"; el primer silencio de Moreno Bonilla.
Silencios
Una de las cuestiones que más han llamado la atención del discurso del presidente en funciones ha sido no hablar sobre la inmigración. Y no precisamente porque sea un "problema", como advierte Vox, sino por ser precisamente el marco más polémico de la negociación entre ambos. Si Moreno pretendía 'guiñar políticas' a la ultraderecha no ha terminado de conseguirlo. O quizá era eso, una forma de cabrear a los de Gavira y escenificar el "lío". Hay que hilar fino.
Pese a que el marco de los de Abascal -apoyado por Feijóo y presidentes autonómicos del PP- redunda en el "problema de la inmigración", en Andalucía la preocupación por la "inmigración/inmigración ilegal" preocupa al 6,5% de la población. Es un porcentaje menor en comparación con la Sanidad (21,8%), Vivienda (21,6%) o Falta de trabajo (21,5%), que copan el podio.

Sin embargo, toda la campaña electoral ha girado sobre una cuestión para Vox, en la prioridad nacional. Moreno la calificó como "eslogan electoral", e incluso la intención de la ultraderecha es contradictoria e inconstitucional. Sin embargo, es prioritario para ellos aprobar una suerte de acuerdo que tenga contemplado por escrito, aunque quede en papel mojado dicha "prioridad".
Además, es curioso que en un tema tan polemizado como la regularización de migrantes llevada a cabo por el Gobierno central, contra el que Moreno ha arremetido con fuerza durante su discurso -como nos tiene acostumbrados-, no se haya manifestado, máxime cuando se ha conocido precisamente este lunes que el proceso extraordinario que cierra este martes ha registrado 1,2 millones de solicitudes. Pero ni una palabra al respecto. Solo el portavoz parlamentario popular, Toni Martín, ha agregado que los "inmigrantes son necesarios, pero no de la forma en la que lo gestiona Sánchez".
Cribados
Otro foco de atención ha sido si Moreno haría alusión a una de las principales polémicas que ha salpicado su legislatura de "mayoría suficiente", quizá el escándalo que ha apuntalado dicha mayoría, la de los cribados del cáncer de mama. Era septiembre de 2025 cuando Cadena Ser daba voz a varias mujeres que habían sufrido retrasos en sus diagnósticos. Estos minutos derivaron en una oleada de mujeres que acabaron siendo representadas por una organización, Amama, que ha puesto voz, cara y cuerpo a miles de mujeres andaluzas afectadas por dichos retrasos. De hecho, la asociación advirtió que le constaban, al menos, tres mujeres fallecidas.
Lejos de entablar diálogo con ellas, desde el Ejecutivo de Moreno se escogió tapar el escándalo y confrontar con las mujeres. Campañas sucias se desplegaron en medios de comunicación afines, acusándolas de ser del PSOE, y actualmente se encuentran en mitad de procesos judiciales, después de que el Gobierno andaluz, a través del Sistema Andaluz de Salud (SAS), no haya contestado a las reclamaciones patrimoniales de las mujeres.
Políticas LGTBIQ+ y violencia machista
La ideología de la extrema derecha raya con los derechos de muchos colectivos que, actualmente, conviven en nuestra sociedad. Entre esa ideología y colectivos, están las políticas identitarias de Vox, que atentan contra los derechos de las personas LGTBIQ+ y, en algunos casos, contra las mujeres. En ambos casos Moreno ha pasado de puntillas. Al menos, en este caso, los ha mencionado.
Respecto a los primeros, Moreno aseguró en su discurso que "Nuestra comunidad tiene retos tan grandes que necesita de la energía y el talento de las mujeres y de los hombres, de los jóvenes y de los mayores, de quienes piensan distinto y tienen otras características. La igualdad entre mujeres y hombres es un principio irreligioso, y Andalucía va a seguir avanzando con políticas razonables y necesarias". En este setnido, ha adveritod de la "necesidad" de defender la "libertad, la igualdad y la seguridad de las personas LGTBI, porque Andalucía respeta la diversidad. No cabe, no puede caber ninguna desigualdad ni discriminación en nuestra tierra".
Respecto a las mujeres y a la lacra de la violencia machista, que tuvo en Andalucía en 2025 mayor impacto que en otras comunidades autónomas, Moreno ha sido aún más escueto: "Igualmente mantenemos nuestro compromiso en la prevención de la violencia de género y la atención a las mujeres víctimas y asesinas".
La violencia machista es, de hecho, un concepto con el que Vox está en disputa. Siempre ha renegado del mismo porque aseguran que culpabiliza a todos los hombres y los tacha de "asesinos". Vox prefiere llamarlo "violencia intrafamiliar", que viene a ser un concepto en el que agrupar cualquier agresión física o psicológica que ocurra dentro del núcleo familiar bajo una misma norma unificada, sin realizar distinciones legales basadas en el sexo o el género de la víctima ni del agresor.
Famoso fue en 2018, cuando Moreno también dependía de Vox para gobernar, el famoso teléfono de Violencia Intrafamiliar de Andalucía que el PP instaló a instancias de Vox. Ocho años después, las tiranteces entre ambos nos dirigen hacia un escenario que, por el momento, nadie consigue descifrar.
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