Para presentar un diagnóstico de la situación de España en estos momentos, en unas líneas breves como acontece en una reflexión de este tipo, adoptamos una simple distinción entre 'España oficial' y 'España sentida'. Respecto a la primera, basta conocer los grandes datos macroeconómicos del Gobierno para dar cuenta de ella. La vicepresidenta Soraya suele ofrecerlos a puñados los viernes en su rueda de prensa tras el Consejo de Ministros (aquí incluimos cifras de bolsa y primas de riesgo tan abiertas a la manipulación). Por ello, no entraremos a valorar esta dimensión oficial de la situación de España; que cada uno interprete a su gusto. De la 'España sentida' sí aportaré algunas cifras con el ánimo de invitar a la reflexión. Aunque ofrecer un fino análisis del asunto no es fácil, al menos terminen de leer el artículo para valorar si esta es una dimensión que deberíamos incorporar a ese cuadro general de la situación actual de España. Para una interpretación adecuada de la situación general de España, al menos para una mirada más completa, es del todo necesario incorporar otras investigaciones solventes que siguen anunciando los fuertes contrastes y atropellos sociales que existen en nuestro país. Basta con asomarse al último informe publicado por EAPN para hacernos una idea: desde 2009, la pobreza ha crecido en más de un millón de personas en España y afecta al 27% de la población; las personas que sufren privación material severa han crecido un 28% y las que viven en hogares con baja incidencia de empleo se han duplicado (El estado de la pobreza, Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español, EAPN). Puede que muchos de nuestros dirigentes compartan la idea de Thiers de que las clases bajas no tienen "intereses" en la buena marcha de la nación (citado en Álvarez Junco 2001: 550-551). Y puede que muchos de nuestros conciudadanos compartan, como parece ocurrir en la cultura española de los siglos XIX y XIX, que los políticos son las sanguijuelas que chupan la sangre de España; son los más mezquinos de los hijos, los que causan con sus peleas, la desesperación de la madre España; son los causantes del mal del país; que los partidos destruyen la unidad de sentimientos y debilitan el país (Ibid: 571). ¡Qué país! el nuestro, el mío, el de ustedes, con unos gobernantes incluso sin la capacidad para aprovechar el talento (lean algunas de noticias sobre jóvenes que han tenido que emigrar durante los últimos años por falta de oportunidades de empleo en España). ¡Qué país! el nuestro, el mío, el de ustedes, con una clase política que se atreve a criticar la profesionalidad de quien elabora un buen instrumento de medida de la realidad social y política de España (vean las bochornosas críticas socialistas a los últimos resultados del barómetro del CIS, concretamente del secretario de Organización César Luena; y dediquen también 1:25 minutos a visualizar el vídeo casero de la eurodiputada de Podemos Teresa Rodríguez sobre los últimos sondeos para las elecciones autonómicas en Andalucía mientras prepara un guiso en su cocina). Sin comentarios. ¡Qué país! el nuestro, el mío, el de ustedes, con unos nuevos dirigentes políticos incapaces de reconocer sus altos ingresos económicos, incapaces de reconocer una actuación a todas luces criticable, al menos hasta que ofrezcan esas explicaciones que dijeron iban a dar. Seamos claros, por favor, un defraudador es un defraudador (vean las noticias sobre los ingresos y cuentas de Juan Carlos Monedero de Podemos). ¡Qué país! el nuestro, el mío, el de ustedes, con muchos políticos que buscan identificar enemigos, que avivan las tensiones territoriales, las fronteras de exclusión, utilizando expresiones que recuerdan la retórica franquista: los anti-España, los anti-españoles, los anti-patrióticos (vean algunas declaraciones del candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, Antonio Carmona). ¡Qué país! el nuestro, el mío, el de ustedes, con unos gobernantes ajenos a esa gran masa de ciudadanos que todos los meses desde hace ya algunos años sitúan a los políticos y a la clase política y a la corrupción como uno de los principales problemas de España (vean las series temporales del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre los principales problemas de España). ¡Qué país! el nuestro, el mío, el de ustedes, con unos gobernantes enfermos de palabrería que rozan la toxicidad en muchos de sus discursos públicos y tertulias televisivas. Es la clase de cosas que pasan en la política sin clase (escuchen, al azar, cualquier líder político habitual de las televisiones; creo que no se equivocarán). ¡Qué país! el nuestro, el mío, el de ustedes, con una falta de empirismo y tantas opiniones basadas en la mentira y no en los hechos. ¿Es tan difícil conocer en España cuántas personas asisten a una manifestación? “Según la policía fueron 300.000; según los organizadores 1.000.000…” (Muñoz Molina 2015) ¿Por qué tanta crueldad aun con los datos no avalados científicamente? (vuelvan a visualizar al líder político anterior y estén atentos a la credibilidad de los datos que ofrece para apoyar su argumentación). ¡Qué país! el nuestro, el mío, el de ustedes, con unos programas políticos empapados de proyectos inviables, extremadamente idealistas políticamente, o directamente incomprensibles para una gran parte de la población; con todo o casi todo su contenido elaborado por el tenderete de máquinas humanas de partido que copian y pegan muchos de los proyectos no realizados y prometidos en elecciones anteriores (estemos atentos a los programas de las próximas citas electorales). En el campo de las ciencias sociales y en los territorios de la política, la palabra clase y las relaciones y trasiegos entre las clases ni se han pensado ni se nombran con la (presunta) asepsia con la que el diccionario define clase social como “conjunto de personas que pertenecen al mismo nivel social y que presentan cierta afinidad de costumbres, medios económicos e intereses”. Hoy en día, de todas formas, el de las clases sociales les parece a muchos un tema de otros tiempos. Quizá no lo sea del todo para la gente de la sociología y otros oficios del pararse a pensar, pero sí que lo viene siendo para buena parte de la política o, más bien, de la clase política y de la clase de política que los de esa clase saben o quieren hacer. Y lo hacen tan aplicadamente que cabe preguntarse cuánto hace que la política no va a clase. Cuándo fue que determinada clase de ideas se hicieron fuertes negando o poniendo en sordina realidades y argumentos que tuvieran que ver con las clases y con el hecho de que, al haberlas, lo que hay y sigue habiendo es desigualdad, una que sigue clasificando férrea e injustamente el mundo en que vivimos (Pozo Cuevas 2014). En un año caliente electoralmente hablando, desmembremos nuestras mentes, arropemos nuestras fuerzas, y enseñemos nuestros dientes cuando nos toquen los coj... las narices. Vamos a ver qué pasa. (*) Luis Navarro Ardoy es sociólogo y profesor asociado Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Referencias bibliográficas Álvarez Junco, J 2001. Mater dolorosa: la idea de España en el siglo XIX. Madrid: Taurus. Muñoz Molina, A. 2015. Entrevista en eldiario.es, 31/01/2015. Pozo Cuevas, F. 2014. "Política sin clase", sin publicar.