Han pasado muchas cosas en siete días; aunque precisamente uno de los éxitos de la administración de Moreno Bonilla sea justamente ese, el de conseguir aparentar que en Andalucía nunca pasa nada.

Dos asuntos importantes: el llano de Moreno Bonilla y el "No a la guerra", que están enmarcados en un mismo contexto, las próximas elecciones autonómicas en Andalucía y que han supuesto un cara y cruz para el presidente del PP.

El sábado, por el Día de Andalucía, Moreno Bonilla le robó el protagonismo a la conmemoración de la lucha por la autonomía del pueblo andaluz con ese llanto emotivo recordando a las víctimas de Adamuz en su discurso en la gala del 28F.

Un momento que fue leído por todos como el pistoletazo de salida de una precampaña electoral que se jugará en el campo de las emociones. Por dos motivos: uno, que el Centra, en su último barómetro, evidenciaba que los andaluces habían aumentado su descontento con el Gobierno de la Junta de Andalucía. Por tanto, no hablar de gestión le viene bien. Y dos, porque tratará de situar a su oponente, en este caso a María Jesús Montero, en el marco de Cataluña, en términos negativos, en esa confrontación constante que ha ido gestando Moreno Bonilla en su legislatura entre Junta de Andalucía y Gobierno andaluz y otras comunidades que, a su vez, confluyen en la construcción del andalucismo en la marca Juanma Moreno.

El llanto le salió bien; quiero decir, las crónicas le favorecieron. Pero ese mismo día, EEUU junto a Israel, atacaban indiscriminadamente a Irán, saltándose por los aires el derecho internacional.

Moreno ha tardado cinco días en hablar y cuando lo ha hecho ha sido para llevar la contraria, cómo no, a Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno, respaldado por las instituciones europeas y la mayoría social de España y Andalucía ha dejado clara su postura de "No a la guerra". Impidiendo, además, a Trump, el uso de las bases en territorio andaluz para cualquier actitud que tenga que ver con ella.

Moreno dice que a Andalucía no le conviene llevarse mal con el país yanqui, y transmite el bulo del aislacionismo de España en Europa. 

Esta postura, alineada con el trumpismo de Abascal y Feijóo no solo no favorece su imagen en términos políticos, sino que evidencia que la moderación del presidente andaluz, aparentemente, tiene precio.

Sánchez ha defendido los intereses de Andalucía mientras que Moreno Bonilla se ha plegado ante Trump y su guerra ilegal. Un acto como este, cinco días después de celebrar el 28F, no evidencia más que una cosa: tenemos a un presidente de la Junta de Andalucía que no es ni moderado ni andalucista.