Si hay que ir a elecciones, vamos a elecciones, proclamaba ayer la presidenta en funciones Susana Díaz. Y replicaba en tono chusco el líder del Partido Popular: bueno, si hay que ir se va, pero ir para nada… El horizonte político andaluz es como en el chiste: o vamos a cromos o vamos a elecciones. O hay intercambio de alcaldías –andaluzas y no andaluzas– y hasta de comunidades autónomas tras las elecciones del 24-M como moneda de cambio para desbloquear el atasco institucional andaluz o habrá repetición de elecciones que, eso sí, no se celebrarían antes de septiembre, pues la Ley Electoral Andaluza dice en su artículo 14 que “la fecha de la votación no podrá estar comprendida entre los días 1 de julio y 31 de agosto”. Y para los amantes de las emociones fuertes, un par de datos más: la fecha manejada oficiosamente por el presidente catalán Artur Mas para celebrar sus propias elecciones anticipadas es el 27 de septiembre, un día que tampoco habría descartado el propio presidente del Gobierno de España para adelantar las suyas, que tocan en noviembre de este año. ¿Sería posible una coincidencia de los tres comicios: catalanas, generales y andaluzas? Desde luego, no parece imposible. TODOS SE PONEN GALLITOS De la posibilidad de una repetición electoral se viene hablando en Andalucía desde que se constataron las dificultades de Susana Díaz para sumar las 16 abstenciones que como mínimo iba a necesitar para ser investida presidenta. La novedad al debate la aportaba ayer, y también hoy en una entrevista en la cadena Ser, la propia presidenta al hablar explícitamente de nuevas elecciones. Los demás partidos se apresuraron a tomarle la palabra e incluso a ponerse gallitos: todos vinieron a decir lo mismo, que si hay que ir a elecciones, se va. Pero esa suficiencia era más bien de puertas a fuera; de puertas adentro, lo cierto es que todos –incluido tal vez el Partido Socialista– le tienen más bien pánico a una repetición electoral. Los partidos de la oposición tienen, desde luego, buenos motivos para tenérselo: a fin de cuentas estaba en su mano facilitar la única investidura políticamente viable y no lo habrían hecho. Y al PSOE también puede hacerle mella el argumento contrario: Díaz adelantó las elecciones sin un motivo de suficiente peso y su maniobra ha acabado en fracaso. PODEMOS SE PLANTA En principio, el intercambio de cromos tras el 24-M es la opción que parece barajarse en todos los partidos como mecanismo de desbloqueo de la investidura. ¿En todos? No exactamente. La dirección andaluz de Podemos no está para cromos. Teresa Rodríguez lo ha dicho varias veces en contextos semi privados –ayer mismo, en conversación con Andalucesdiario.es y otros medios, en el patio del Parlamento–, pero también en público: su grupo parlamentario no va a jugar las estampitas; a fin de cuentas, recuerdan en la formación morada, ellos no concurren a las elecciones municipales, únicas que se celebran en Andalucía, y no tendrían nada que intercambiar. ¿Pero y si, a cambio de que el PSOE haga lo mismo con ellos en otros sitios, la dirección nacional del partido exige a la dirección andaluza del partido que se sacrifique facilitando el gobierno de Díaz? Que lo intenten, vienen a transmitir de manera oficiosa en el entorno de Rodríguez, donde por otra parte dicen estar seguros de que Madrid nunca intentaría tal cosa. Conviene recordar que ya hubo una cierta pugna Madrid/Sevilla en torno a cuál debía ser la posición de Podemos en relación a la investidura y finalmente se impuso el criterio de Teresa Rodríguez y los suyos.  PREFERIRÍA NO HACERLO Por otra parte, tampoco para el PP es una buena opción repetir elecciones. En principio, sus siglas siguen a la baja y no sería, por tanto, una buena idea acudir de nuevo a las urnas cuando en la anterior cita autonómica perdieron 17 diputados: lo más parecido a una humillación que, al igual que IULV-CA, tardarán mucho tiempo en perdonarle a Susana Díaz. Ahora bien, todo depende de cómo le vaya al PP el próximo día 24: tal vez un resultado en las municipales mejor o incluso mucho mejor del augurado por las encuestas les haga acariciar la hipótesis de que en una nueva cita electoral andaluza les iría mejor de lo que les fue el 22 de marzo pasado, lo cual por otra parte no sería demasiado difícil. En todo caso, una estrategia de tan alto riesgo no sería decidida en la calle San Fernando, sino en la calle Génova. CIUDADANOS VÍRGENES Y lo mismo ocurriría en relación a Ciudadanos, cuyas decisiones importantes no solo se adoptan fuera de Andalucía, sino que sus dirigentes nacionales ni siquiera se han tomado hasta ahora la molestia de disimularlo. ¿Le conviene a Ciudadanos una repetición electoral? No lo parece. Las municipales y autonómicas lo obligarán a tomar decisiones, a decantarse y ‘perder la virginidad’, y eso puede ser un lastre. Finalmente, la posición de IU es la más comprometida. La federación de izquierdas se está jugando en estos momentos su propia supervivencia, mientras en su seno hay un vivo debate sobre si es mejor seguir solos o buscar una absorción, fusión, convergencia o alianza con Podemos, que a su vez no tiene ninguna prisa al respecto.