Sevilla tiene más de 700.324 habitantes, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Sin embargo, atesora tan solo cuatro piscinas públicas, ubicadas en los barrios obreros de Tiro de Línea, Alcosa, Rochelambert y Torreblanca. Esto es, una piscina por cada 175.081 habitantes. Una cifra que, a todas luces parece insuficiente para una ciudad que, cada verano, se 'coce' de calor. No en vano, el 'homo sevillanus' se ha adaptado a rozar los 40 grados en verano, provocando que, según los nuevos umbrales de temperatura de impacto en salud establecidos por el Ministerio de Sanidad, un sevillano resista 15 grados de calor más que un asturiano sin riesgo para su salud.
En cualquier caso, no es un asunto para tomarse en broma. La planificación urbanística de las ciudades puede generar, como en el caso de Sevilla, profundas desigualdades, que puntualmente, como ocurre cada verano, se hacen elocuentes.
El investigador Ramón y Cajal en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IESA-CSIC), Jaime Jover, asegura que la ratio de piscinas sobre habitantes en la ciudad de Sevilla "no tiene ningún sentido", máxime cuando, a su vez, el 45% de los andaluces y andaluzas no pueden permitirse una semana de vacaciones durante el periodo estival. Por no hablar de los ciudadanos que no puedan permitirse pagar facturas de luz para refugiarse de la calor.
Ante esta situación, un impulso político para activar refugios de calor, como las piscinas públicas, es fundamental. "O tienes capacidad de pagar una piscina de un gimnasio, de las pocas que hay que tienen al aire libre, o el Guadalpark o Isla Mágica, o te toca hacer cola en las escasas piscinas públicas".
"Un ente contra Sevilla"
De hecho, bromea el investigador, que "a veces" ha pensado que la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de la capital andaluza es un "ente especializado en actuar contra Sevilla". Pero lejos del espacio para la chanza, lo que está claro es que la ciudad "no está preparada para el cambio climático".
Sin ir más lejos, esta semana la ciudad ha presenciado otra polémica. En redes sociales han comenzado a viralizarse imágenes de la capital andaluza de décadas anteriores. Sin estar a favor del eslogan "tiempos pasados siempre fueron mejores", en este caso la presencia de árboles por distintas calles principales de Sevilla llamaba poderosamente la atención. Sobre todo, en comparación con la asuencia de estos en el presente.
Según cifras de plataformas ecologistas, desde 2023, con la llegada de José Luis Sanz al Gobierno municipal se han talado 5.000 árboles en la ciudad.
Desigualdad
Volviendo a las piscinas, sí llama la atención que las nuevas promociones de viviendas que están planteándose en la ciudad, como la de 'Residencial Tacora, Residencial Moncayo y Villas del Tíber' en Palmas Altas y 'Casas en Avenida del Flamenco e Insur Bermes' en Avenida Jerez sí cuentan en su proyecto con piscinas. Privadas, por supuesto. Nos encontramos entonces una proliferación de piscinas para viviendas cuyo coste asciende, como mínimo, a los 270.000 euros. Una cifra que incapacita a una gran mayoría de la población a poder siquiera plantearse la posibilidad.
Jover traslada esta misma situación a lo que ocurre con la Sanidad: "Aquel que necesite una prueba específica o una cita urgente con un médico y se pueda pagar un seguro privado, la tendrá", y "si tienes dinero para pagarte un piso en un residencial con piscina, tienes acceso, de lo contrario te quedas fuera".
Es llamativo, además, que las piscinas públicas estén situadas en barrios obreros de la capital. Bueno, para Jover no es tan llamativo. El investigador asegura que esa ubicación responde a una forma de "corregir" un urbanismo "pensado y ejecutado para las clases medias y altas de la ciudad que tienen un acceso más sencillo al fresquito, ya sea porque tienen casa en la playa, o tienen recursos para pagarse unas vacaciones, o directamente tienen piscina en su casa de Sevilla".
Barrios de primera y de segunda
La esperanza de vida en Sevilla ya viene determinada por el barrio en el que nazcas. Según un estudio sobre este asunto elaborado por el Observatorio de la Desigualdad, demostró que la esperanza de vida en los barrios pobres de Sevilla es 9 años menor al de los barrios más pudientes. Santa Clara, por ejemplo, es la zona de Sevilla con mayor esperanza de vida, 84 años, mientras que en el Polígono Sur, se reduce hasta 74 años.
Barrios de primera y de segunda que, según el investigador "están consolidados desde hace mucho tiempo". Hay un "reparto desigual de las infraestructuras y los equipamientos públicos, como parques o piscinas, y en la distribución asimétrica de los recursos, porque es evidente para cualquiera que transita por diferentes barrios que el esmero en la limpieza no es el mismo en el centro que en Amate".
Por tanto, tenemos una ciudad que está 'urbanísticamente pensada' para ser "hostil" con algunos sectores de la población, algo que "vemos constantemente" en el espacio público, asegura Jover: " Cada vez hay menos bancos para sentarse en las plazas, haciendo que la única forma de sentarse sea en un velador de un bar, es decir, consumiendo". Hay que recordar, apunta el investigador, que este caso es más agravante aún cuando consideramos que los usuarios que más uso pueden hacer de estas instalaciones son las personas mayores y los niños y niñas, "que suelen ser las que se cansan más cuando salen a pasear".
O bancos que se modificaron "para que la gente no pudiese dormir en ellos, que es otra forma de urbanismo hostil, en este caso con las personas que no tienen una vivienda y que, hay que recordar, son las primeras a las que le gustaría tenerla: nadie duerme en la calle porque quiere".
El urbanismo, asegura, "hace tiempo que es bastante hostil en Sevilla". Otro ejemplo es el pulmón verde: "Es una obviedad que hacen falta espacios libres en la ciudad, todavía más en el centro histórico, donde la ratio población por espacios públicos es muy baja, y el Ayuntamiento va a permitir que se construya ahí. Prefiere el pelotazo urbanístico en lugar de hacerle caso a los vecinos y velar por la calidad de vida de sus ciudadanos".
Las piscinas públicas y su acceso es, tan solo, un elemento más de una ciudad que ha de repensarse en muchos sentidos, y que tiene que elevar una conversación que, actualmente, no trasciende de organizaciones vecinales u obreras hacia el territorio 'mainstream'.
"La reflexión que habría que hacer es por qué, entonces, en esos barrios la gente sigue votando a esos partidos que les defraudan elección tras elección y, diría, también desde las izquierdas, que habría que pensar sobre lo que se puede y debe hacer para que primero se tome en serio la vida de las personas de estos barrios y se actúe en consecuencia, con políticas activas para la mejora de las condiciones de vida", concluye el investigador.
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