Igual que un mago no revela sus trucos o un entrenador o deportista la táctica que va a emplear antes de competir, desvelar las cartas de la estrategia política que Vox va a seguir en Andalucía es, cuanto menos, error de novato. Pero tampoco, dado que la formación ultra lleva instalada en el Parlamento andaluz desde 2018, cuando posibilitaron el primer gobierno de Moreno con apoyo parlamentario y a cambio de aprobar algunas medidas más ideológicas que pragmáticas. Ahora, los de Abascal han mudado la piel.
Sorprendió en la jornada constitutiva del nuevo Parlamento andaluz que Vox, que está en plenas negociaciones con el PP para conformar Gobierno en Andalucía, se quedara sin sitio en la Mesa del Parlamento, copada únicamente por PP y PSOE. Este tema no es menor, dado que este órgano es fundamental para controlar los tiempos políticos en la Cámara. Este es quien elige cuándo se debaten las iniciativas, quien aprueba o no la solicitud de comisiones de investigación... todo el jugo parlamentario está en la mesa, y no contar con ningún voto en ella parece, a priori, partir con una desventaja. Y, 'a priori', porque parece que no está todo dicho.
La desventaja es obvia, y con ella contarán las izquierdas a la izquierda del PSOE-A. Sin embargo, el PP asegura que ofreció a los de Vox un puesto en la Mesa, como ocurrió hace cuatro años, que le cedieron la vicepresidencia tercera, pero declinaron dicha oferta. En comparecencia de prensa, el portavoz del grupo, Manuel Gavira, expresó que "primero las medidas y luego los sillones". Sin embargo, espetó algo que disipó de un plumazo la nueva estrategia que quiere seguir el partido: "Si hubiésemos cogido un sillón, ahora estarían hablando de que en Vox solo pensamos en los sillones", además, aseguró "cuando lleguemos a un acuerdo la Mesa del Parlamento puede cambiar", queriendo decir que en 3 meses un diputado de Vox puede estar ahí sentado con una modificación en el acuerdo.
La nueva estrategia de Vox, tras sufrir una importante crisis interna y una evidente contención de votos (pese a ser tercera fuerza política en Andalucía), es la de entrar en los gobiernos. Durante años han estado siendo oposición, donde se vive mejor. Han delegado toda responsabilidad al PP y, cuando entraron en algunos gobiernos municipales allá por 2023, su desconocimiento de las instituciones y la incapacidad de muchos de sus dirigentes evidenciaron que la formación ultra no está preparada para ello. Además, un retroceso en intención de votos les quitó las ganas de continuar en los gobiernos, y retrocedieron y se salieron de los mismos. La excusa fue el marco migratorio.
Ahora, tras el ciclo electoral autonómico que ha pasado por Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, la ultraderecha ya forma parte de tres de los cuatro gobiernos de las citadas comunidades. Está por ver si finalmente formará parte del Gobierno andaluz, dado que la intención de Moreno es gobernar en solitario, tal y como volvió a expresar este jueves el portavoz parlamentario del PP, Toni Martín.
El discurso de Vox está claro. Igual que en campaña no repetían otra cosa que "prioridad nacional", ayer Gavira repitió hasta la saciedad: "Primero medida y luego vemos quién las ejecuta". No explicaba nada más. Según él, también los agricultores, esos que advierten que no quieren una Consejería de Agricultura de Vox, como ha ocurrido en otras comunidades, apoyan a su formación. Sin embargo, cuando hay que hablar de medidas concretas, no las desvela. "Estamos ante un cruce de medidas entre PP y Vox", se limita a decir.
Vox ahora se ha disfrazado en Andalucía de agente negociador. Quiere instalar su agenda, y esta pasa por ejercer presión, pero eso no quita que vayan a quedarse fuera de todas las instituciones. El peaje a pagar por el PP está por ver, pero el episodio del Parlamento no es más que "puro teatro", como denunciaron las izquierdas y el propio Gavira tuvo la torpeza de reconocer.
Vox estará centrado en las "medidas" hasta que alcance un acuerdo con el PP. Entonces, la reestructuración de la Mesa del Parlamento, como mínimo, formará parte del mismo, permitiendo a la ultraderecha ocupar alguno de los "sillones" que ahora ha despreciado.
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