El verano del futuro empieza a ser el del presente, con temperaturas extremas que cada vez se adelantan más y la práctica nulidad de estaciones intermedias. En contra de lo que sostienen algunos, que van a contracorriente de los datos y de la evidencia científica, el verano ha dejado de ser una época ‘amable’ para convertirse, para muchos, en una auténtica pesadilla.
A título individual, el adelanto de la época estival y las cada vez más habituales olas de calor en un menor espacio de tiempo provocan que los meses de entre junio y septiembre -aunque este año el calor ha llegado antes, y veremos hasta cuándo dura- se vuelvan insufribles para muchos, sobre todo para aquellas personas que no pueden disfrutar de vacaciones en lugares más frescos o que suavicen la sensación térmica, o que les es imposible disponer de aire acondicionado. De nuevo, una cuestión de clases.
Por supuesto, los niños, las personas mayores y aquellas especialmente vulnerables son las más afectadas. Y a nivel colectivo, ya lo estamos viendo: incendios cada año más devastadores que arrasan todo a su paso ante la falta de prevención y entre el negacionismo de quienes se empeñan en esparcir las responsabilidades hacia otro lado y negar el cambio climático.
Frente al “siempre ha hecho calor en verano”, las cifras y la evidencia de cómo España, literalmente, se quema, y Europa se achicharra con grados a los que muchos lugares del continente están todavía menos acostumbrados. Las preguntas que cabe hacerse ante este escenario son si estamos listos para lo que se viene. Las imágenes de los últimos meses, agravadas en los días más recientes, apuntan a que no.
“Europa no está preparada para las consecuencias del cambio climático”
“Europa no está preparada para las consecuencias del cambio climático”. Así de contundente lo confirmaba la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera, en una entrevista publicada en los últimos días en El País.
Una respuesta que se justifica, no solo con los últimos incendios, siendo el de Ávila el peor de nuestro país desde que se tienen registros sin que los profesionales, a pesar de los esfuerzos, puedan dar una respuesta con la eficacia y eficiencia que les gustaría, sino “con sistemas ferroviarios y eléctricos colapsados, con urgencias de hospitales colapsadas, con una falta de acondicionamiento para temperaturas extremas en los edificios en la mayor parte de las ciudades del norte…”.
En su conversación con el medio mencionado, Ribera pone ejemplos concretos, como la DANA que asoló Valencia en 2024. Un aumento de ‘solo’ tres o cuatro grados puede favorecer desastres como aquel u otros relacionadas con las llamas. “(Un aumento de 3 o 4 grados) significa una reducción muy significativa de los rendimientos agrícolas, una presión mucho mayor sobre las condiciones de vida de los espacios urbanos, un incremento muy importante de los riesgos de grandes incendios y de las probabilidades de fenómenos meteorológicos extremos como el que vivimos en Valencia el 29 de octubre de 2024”, relata.
No solo a nuestro país lo están devorando las llamas. La situación en Francia también ha superado todas las expectativas conocidas hasta ahora y su fuego ha sido calificado asimismo como el mayor de los conocidos hasta la fecha; el peor en medio siglo. Más de 250.000 personas han tenido que ser evacuadas a causa de los incendios en el país vecino.
Una cuestión de salud
En nuestro país, atendiendo a datos recientes del sistema de vigilancia Momo del Instituto de Salud Carlos III, desde el inicio del periodo de vigilancia estival, el pasado 15 de mayo, hasta finales de julio de 2026, entorno a 2.680 personas fallecieron como consecuencia de un golpe de calor o por muertes atribuibles al exceso de temperaturas. Esto incluye los fallecimientos en los que el calor agravó enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales u otras patologías preexistentes.
En cualquier caso, en junio se registraron aproximadamente 939 fallecimientos, y hasta finales de julio se han contabilizado alrededor de 1.622 muertes. Asimismo, la tercera ola de calor dejó, según el balance publicado hace unos días, entorno a 151 muertes atribuibles.
Si bien los balances nacionales no son completamente homogéneos, en el sentido de que la metodología varía en cada país a la hora de analizar la mortalidad atribuible al calor, los datos disponibles hasta finales de julio indican que los sitios más afectados por las olas de calor, además de España, han sido Francia, Alemania, Bélgica, Reino Unido e Italia.
Este verano han tenido lugar hechos que, aunque no son graves en el sentido de que no afectan a la salud ciudadana, dan buena cuenta del verano tan sofocante que está afectando en muchísimo territorios. Un buen ejemplo de ello es que el festival de hardstyle Defqon 1 canceló su edición de junio de este año en los Países Bajos debido a una alerta roja por calor extremo emitida por el instituto meteorológico.
Nos enfrentamos a temperaturas cada vez más agobiantes, más prolongas en el tiempo y consecuencias más devastadoras -en este caso los peores incendios en España y Francia-, en un continente en el que no estamos preparados para ello y mientras algunos dirigentes niegan la mayor. Muchos expertos, por el contrario, coinciden: este va a ser el verano menos caluroso de los que se vienen.
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