Antonio Ramírez de Arellano López (Sevilla, 1964) viene de la ciencia y ha recalado en la política, aunque entre una tarea y otra ha ocupado el Rectorado de la Universidad de Sevilla, que vendría a ser algo así como un destino a mitad de camino entre ambas ocupaciones aunque tenga, claro está, más de política que de ciencia. ¿Y qué hace un catedrático de Física de la Materia Condensada y licenciado en Economía metido a consejero del Gobierno? Es una de las cuestiones que se intenta dilucidar en esta entrevista, aunque sin formulársela directamente al entrevistado, una de las maneras de que un político se descuide y deje entrever aquello que la prudencia institucional o el pudor personal le aconsejan silenciar. En sus reflexiones sobre el político y el científico, que todo político debería haber leído como ya lo ha hecho el consejero de Economía y Conocimiento de la Junta, el sabio alemán Max Weber alertaba de que “quien se dedica a la política establece un pacto tácito con los poderes diabólicos que acechan en torno a todo poder”. Ramírez de Arellano tal vez lo sospecha, pero no parece que le preocupe mucho: cuando se viene de las ciencias duras no se suele creer mucho en el diablo. Ni siquiera en un diablo tan metafórico como el de Weber. Antonio Ramírez de Arellano es un consejero tranquilo. Responde científicamente a las preguntas políticas, sin prisa, cuidándose mucho de que sus respuestas estén debidamente contextualizadas: como si estuviera dando una clase de física cuántica a estudiantes de letras. Hace bien, porque en estos tiempos toda precaución es poca. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA UNIVERSIDAD, LA FP Y EL MINISTRO[/cita] El ministro de Educación dijo unos días atrás que en España sobraban universitarios. ¿Sobran universitarios o sobran políticos que dicen que sobran universitarios? -Yo creo que lo que sobran son políticos que utilizan de manera sesgada los números y llegan a conclusiones precipitadas. Yo no sé si eso está basado en falta de conocimiento o de la situación, pero la realidad es que inmediatamente hubo réplica en la conferencia de rectores de la universidad española. Su portavoz, en este caso, fue un rector de la universidad privada y puso sobre la mesa la realidad de que España no está para nada fuera de los parámetros normales de los países avanzados en cuanto a número de universitarios, es más, estamos probablemente todavía por debajo de la media. ¿A qué vendría entonces la salida del ministro Méndez de Vigo? -Si el ministro pretende hacer una reflexión sobre la distribución de los estudiantes en las distintas rutas de estudios en España y la preocupación que tiene es que la FP es un asunto a reflexionar, esa preocupación la compartimos todos. Lo que no creo que sea oportuno es añadir incertidumbres al ámbito de la educación superior justo en este momento. ¿Hay una dicotomía poco menos que insalvable entre universidad y formación profesional? Yo creo que es falsa esa dicotomía, lo que sucede con la enseñanza universitaria es que en su día los planificadores del sistema educativo tomaron una decisión que era que la universidad llegara a todas partes. Esto es algo que todos los manuales de desarrollo del país decían y entonces se plantea una universidad que aproximadamente llegue a un millón y medio de personas, que en Andalucía eso se traduce en más de 250.000 y cuando se plantean esos números hace falta planificar las infraestructuras para que se pueda abordar el problema tal y como se plantea. ¿Y dónde está entonces el problema? El problema es que es más barata la enseñanza universitaria que la FP. Sin embargo, la FP tiene que pensarse mejor, porque necesita sectores productivos que decidan con precisión los perfiles de los estudiantes y además requiere inversión en grupos pequeños, inversiones relevantes en tecnologías… salvo que queramos hacer una FP de tan bajo nivel tecnológico que realmente no sea una cosa valiosa para sectores productivos. ¿Qué estrategia seguir, entonces? Evidentemente hay que apostar por una FP bien planificada. Los modelos de otros países de formación dual han tenido mayor éxito pero porque estaban basados en un sector productivo, no sólo más consolidado, sino más convencido y más estructurado. ¿Debemos reestructurar nuestra red universitaria? Debe haber una conexión aproximada entre la estructura del despliegue de estudios que se ofrece con los sectores productivos, pero no hay que olvidar la evolución que está teniendo el modelo de universidad en Centro Europa. ¿En qué sentido? Históricamente, las universidades se conciben como formadoras de cuadros para el Estado moderno y también para empresas de carácter cuasiestatal y profesiones reguladas. Es decir, había una relación muy fuerte entre los estudios y el servicio profesional directo. Esto suponía que las personas se llamaran licenciados, porque estaban orientados para presentarte a pruebas que te hacía el Estado para poder llegar al sector público o en otros casos profesiones reguladas defendidas a través de lo público. ¿Y eso ya no sigue siendo así? Se observa con el tiempo que las personas empiezan a observar la educación superior de otra manera porque son una oportunidad para tener una vida diferente. Sucede que todavía no se ha terminado de pensar que de las universidades tiene que salir una persona que tiene licencia para actuar de una manera profesional, tienen que salir personas capacitadas para tener un empleo, no importa tanto el grado o los estudios sino su capacidad de encontrar empleo. Entonces la pregunta que tenemos que hacer es que más que por el número de estudiantes es por su empleabilidad. La idea de centrarse en las capacidades de las personas es el paradigma básico. ¿Y la universidad está preparada para eso? Evidentemente tiene que cambiar el perfil del profesor cuando tú tienes que abordar esto y evidentemente tiene que cambiar el gobierno de las universidades. La estrategia, en todo caso, tiene que ser buscar una situación estable. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]CÓMO SER EXCELENTE Y NO MORIR EN EL INTENTO[/cita] ¿En qué tiene que hacer autocrítica la universidad andaluza? Tiene que hacer la autocrítica en el contexto español porque la mayor parte de los problemas que podrían plantearse tiene que ver con las leyes estatales. En Andalucía se decide en su día una universidad accesible que tiene que llegar a todas partes y el despliegue territorial es inmediato. Tú no puedes pensar que vas a sacar 15.000 estudiantes de Jaén o Almería y que te los vas a llevar a todos a Granada o a Sevilla, porque el problema económico que genera es tremendo. Ese despliegue territorial parece evidente que te enfrenta a unas normas de carácter estatal, que quieren que todo sea igual. Bien, pero ahora ¿qué hacer? Desde el punto de vista estructural sería deseable una reflexión sobre las capacidades de especialización porque la siguiente etapa tiene que estar presidida por la excelencia. Lo importante es la calidad, y la calidad se basa en hacer las cosas bien, es decir, en especializarse y ser pertinente en el territorio. El reto es la excelencia. ¿Y cómo articular ese reto? Yo creo que tenemos que empezar a ser conscientes de somos una región multipolar y tenemos que empezar a explotar el valor que tiene esto, de tal manera que tiene que haber proyectos en red. Yo no creo que la cuestión sea recentralizar; nosotros en el sistema universitario tenemos dos grandes universidades históricas entre las 500 mejores del mundo, con niveles de inversión moderados; luego, tenemos la universidad de Málaga, que digamos que es está en un segundo nivel porque es joven y está en desarrollo; y luego, una red más pequeña como la de Cádiz y Córdoba que son más maduras. También tenemos otros proyectos novedosos como Jaén, Almería, Huelva… ¿No sería entonces razonable recentralizar esa red universitaria? Yo no diría que hace falta centralizar, lo que hace falta es reflexionar entre todos cómo distribuimos el objetivos común, que es mantener que las universidades sean un factor de igualdad de oportunidades y eficientes, y para ello hace falta especializarse. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]DINERO, RIQUEZA Y POLÍTICA[/cita] ¿Qué le ha enseñado a usted, como economista, esta crisis? En la principal cuestión de esta crisis hay varios marcos: nacional e internacional. En el internacional, la realidad es que la regulación financiera había creado una ficción de riqueza relacionada con la creación de dinero a través de rutas que no eran las previstas en las normas. Se pensó que la desregulación iba a generar más riqueza, permitiendo que determinadas secciones financieras generaran dinero bancario que estaba basado en el intercambio de productos. ¿La riqueza era de mentira? Los diferentes instrumentos financieros que se han creado durante la época de regulación ha hecho que haya apuntes donde se dice que hay valores que daban una sensación de riqueza, pero todos los manuales dicen que el dinero no genera riqueza de verdad, puede generarte sensación de riqueza pero si no está sustentado en valor, realmente, no es nada más que humo. Entonces lo que ha pasado ha sido que la palanca ha llegado demasiado lejos, entonces se ha caído y al caerse ha habido un colapso de todas las cuestiones. Usted ha hablado de buscar un gran consenso económico, tipo Pacto de Toledo. ¿Lo ve posible teniendo en cuenta que quienes marcan la pauta en Europa tienen como único modelo la austeridad? En la perspectiva española desgraciadamente nos hemos montado en la ola de las políticas europeas y después en la ola de las políticas de austeridad. Yo creo que el gobierno de España ha estado lejos de aplicar verdaderas reformas. Todas las que yo veo están basadas en reformas laborales que todo el mundo cuestiona. No sé si somos conscientes que el rescate bancario de Bankia ha costado 15 años de la política de becas universitarias. Las reformas laborales deberían estar centradas en la empleabilidad y no en cómo despedir más fácil, sino en buscar mejores factores de empleabilidad. En materia estructural, en Europa, no terminamos de poner los instrumentos a funcionar como deberíamos y en materia nacional esto es una oportunidad perdida por un gobierno que tenía mayoría absoluta y una capacidad de acción. ¿Y cómo habría que haber hecho las cosas? EEUU ha aplicado otras políticas y le ha ido mejor que a Europa, evidentemente porque tiene unos mecanismos de actuación que son más potentes que los de la UE. El problema está que las políticas de austeridad se aplican en aspectos claves como las inversiones, que son fundamentales. ¿Por qué no pudo hacerse aquí lo mismo? En Europa hay un problema de necesidad de legitimación de las políticas, el problema es que si las políticas las centra Alemania, ya es un síntoma de derrota de la democracia. Aquí lo que hace falta es legitimidad política central para actuar, sería lo que nos interesa a todos y esa legitimidad se echa en falta. ¿Pero tenía entonces algún margen propio el gobierno español? El gobierno que tenemos ahora empezó echando la culpa a los españoles del problema, diciendo que teníamos un estado de bienestar que no nos podíamos permitir, que habíamos abusado… La realidad es que el gobierno de España ha optado de manera sistemática por un determinado tipo de política que no habría sido la misma que hubiera adoptado un gobierno progresista, y el ejemplo está en Andalucía. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]QUÉ HACER, QUÉ PENSAR, QUÉ CREER[/cita] ¿De verdad se pueden hacer cosas desde, por ejemplo, un departamento como el suyo? Evidentemente, se pueden hacer las cosas de distinta manera. La consejería de Economía que es la que a mí me toca tiene la misión de intentar conectar todas las apuestas que se han hecho a lo largo del mundo del conocimiento con el mundo de la economía. La pieza del puzle que conecta estas dos es la innovación. Entonces, la estrategia que me toca es garantizar que los agentes que generan y difunden el conocimiento funcionen bien para permitir esa conexión y buscar la fórmula que garantice que esa pieza de innovación existe. Evidentemente identificando los sectores, no sólo privados. Ha sido usted bastante crítico con el modelo de concertación aplicado durante muchos años en Andalucía. ¿Por qué? Desde mi punto de vista era demasiado ambicioso, se estaba intentando incorporar al ámbito del acuerdo social demasiadas cosas. Se estaban tomando decisiones que requerían más actores. Pero en la estrategia de futuro es fundamental el diálogo social. Todos los países que aspiran a ser competitivos, lo primero de lo que presumen es de tener un diálogo social. ¿Cómo llevarlo a cabo? Hay que entender que el diálogo social es una cosa más amplia, con actores necesarios como sindicatos mayoritarios en determinadas cuestiones pero también con una interlocución con autónomos o con la economía social. Creo que estamos en un tiempo que lo que hay que hacer es ser menos ambiciosos y jugar a que los actores que hablen de cada tema sean los relevantes, para que nadie se sienta excluido. Mi plan es que a partir de primeros de año vamos a poner en carga todo el diálogo con todos los agentes sociales. Persigue un cambio estructural de la economía andaluza desde los principios de investigación, innovación, internacionalización e industrialización. Parece más fácil de decir que de hacer. Yo creo bastante en la acción de la fuerza motriz, de que hay cosas que mueven el sistema. No creo que la acción que nos proponemos realizar tenga que ser protagonizada por el gobierno, nuestra labor como gobierno es crear las condiciones para el trabajo colectivo de la sociedad y para que avancemos. Entonces, creo que estamos obligados a tener unas condiciones internas de conexión, de tejido económico sano, de personas formadas... Pero la internacionalización tiene muchos valores positivos que tiran de manera positiva de estos conceptos. ¿Está hablando de exportar? Precisamente la internacionalización es bastante más que exportar. La internacionalización es exportaciones pero con un salto cualitativo, con marca, con posicionamiento competitivo que no puede estar basado en los costes, salvo que sean unos costes más baratos porque tengamos procesos más eficientes. La exportación coyunturalmente basada en un recorte de derechos o de salario no se sostiene a largo plazo. ¿Cuál es el camino entonces? En primer lugar, dar a los agentes del conocimiento tranquilidad, para que puedan trabajar bien en esta dirección. En segundo lugar, concienciar a los empresarios también de la cuestión que estamos hablando, es decir, de la necesaria conexión de la economía con el conocimiento a través de la innovación. Y en tercer lugar, la fuerza de la internacionalización como acción motriz que de manera natural puede llevar a la economía en el sentido correcto. ¿Somos una tierra más subvencionada que el resto? La realidad es que las políticas económicas de España basadas en el proteccionismo no benefician a Andalucía, benefician a otras regiones. Nuestro peso político deberíamos usarlo para impulsar una economía abierta al mundo, competitiva, para poder vender fuera, porque si eso no se hace la única alternativa son las subvenciones. En cuanto al sector productivo, todos los sectores productivos en España tienen subvenciones. Lo que debemos pedir al gobierno de España no son subvenciones sino inversiones. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]MAX WEBER Y EL CONSEJERO[/cita] ¿Se siente más político o más científico? No puedo evitar sentirme científico, ha sido mi vida y es lo que soy. Lo que pasa que siempre me ha gustado la política, siempre he pensado que mi acción en la universidad era una acción política y, por lo tanto, no me siento extraño a lo que estoy haciendo y además formo parte de un gobierno en el que me siento cómodo, con un liderazgo con el que me siento cómodo. Max Weber, en su conferencia ‘La política como vocación’ decía que las cualidades decisivas del político son “pasión, sentido de la responsabilidad y mesura”. ¿Las tiene? Yo espero tenerlas, aspiro a eso. Tengo una pasión por un concepto de la sociedad basado en la igualdad de oportunidades. No creo que yo esté capacitado para llegar dictando o escribiendo en el BOJA o en el BOE… Mi obligación es buscar los consensos oportunos y desde luego una cosa verdaderamente importante es que si se toma decisión de entrar en política es para salir de ella inmaculado. Es decir, te metes, haces una labor y te vas. También decía Weber que la enfermedad profesional del político es la vanidad, ¿la sufre usted? Hay que ser un poco vanidoso para estar en una cosa así porque la atención mediática y la atención social es quizás de las cosas en las que más cambios he observado. Un poco de vanidad hay que tener, pero tampoco que sea lo dominante: no puede ser la fuerza motriz que te lleve. ¿En la universidad se es más libre que en la política? Hasta este momento he sido igual de libre en ambos ámbitos, la diferencia es que antes yo, como rector de la Hispalense, era el líder de un gobierno y ahora formo parte de un gobierno que lidera otra persona. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]SIN NOVEDAD EN EL FRENTE[/cita] ¿Cuál es la cosa que más le ha sorprendido al entrar en política? Hasta el día de hoy no me puedo sentir sorprendido por nada. Hay alguna actividad nueva pero, como todo en la vida, se aprende. Todo lo demás, sinceramente, no me extraña. Lo que sí que es muy llamativo es que verdaderamente se puede incidir en la realidad y eso es algo muy importante. ¿A qué aspira entrando en política? Creo que incluso si existen fuerzas poderosas que mueven el mundo, estas fuerzas poderosas se pueden adaptar a lo que decide la gente. Sí se puede cambiar la realidad de las personas, que es el verdadero objetivo. Aspiro a defender al que no se puede defender o aspiro a implantar una verdadera igualdad de oportunidades. ¿Todavía no se ha arrepentido, como ha llegado a publicarse en relación a la alcaldesa de Madrid? No me he arrepentido ni por un minuto, ni en los momentos más duros que me hayan podido pasar. No me arrepiento porque parto de que yo gestionaba ya una enorme institución. Pero esto es distinto, ¿no? Verdaderamente, me gusta ver la política, ver las cosas desde el punto de vista de la física porque las entiendo mejor: cuando tú cambias es como si cambiaras de velocidad y si vas a una velocidad constante no se notan los cambios. Lo que le sucede seguramente a la juez Carmena es que está mareada desde el punto de vista político y cuando uno se marea debe respirar hondo y mirar lejos. ¿Es más difícil este nuevo destino? En un caso, en el Rectorado, estaba en una posición donde podía ir sin atraer mucha atención, sin embargo, en este puesto la atraes. Entonces, no puedes ir por detrás de los acontecimientos. Hay que ir por delante de todos los acontecimientos que tienen que estar previstos. No será tan fácil. La clave es que no puede ser que alguien determine dónde se juega el partido, sino que tienes que ser tú el que intente determinar dónde será. Siempre hay que estar al ataque, hay que tener siempre una posición clara, diáfana y con mensajes simples que se entiendan.