A sus 30 años, y tras el rotundo éxito de su debut, Luis Ybarra afronta por segunda vez la dirección de la Bienal de Flamenco de Sevilla, el festival más grande del mundo en su género. Periodista, gestor cultural y, ante todo, un apasionado aficionado que nunca pierde de vista la perspectiva del patio de butacas, encabeza la XXIV edición de un evento que este año conmemora el centenario del apogeo de la 'Ópera Flamenca' de los años 20.
En esta entrevista repasa los retos de gestionar un 'monstruo' cultural de más de 70 funciones, el delicado equilibrio entre la vanguardia y el respeto a la raíz, su particular relación con el síndrome del impostor y su firme convicción de que el flamenco, lejos de diluirse o fosilizarse, sigue siendo un motor vivo y generador de identidad.
Pregunta: (P): Este septiembre comienza la XXIV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla. ¿Qué nos podemos esperar?
Respuesta (R): De la Bienal se esperan muchas cosas. Es el festival más grande del mundo en cuanto al número de espectáculos, también a estrenos que se presentan, algunos de ellos como noches únicas, espectáculos que no nacen con la vocación de girar, sino de ocurrir por la singularidad de los espacios en los que se dan, por los artistas que reúnen o por el repertorio que se va a interpretar. Es muy exclusivo para Sevilla porque así lo quiere el artista, porque viene aquí a lucirse. Y después también estrenos que van a viajar por todo el mundo, que ya antes de su punto de partida sí que tienen planteada una gira. Y en ese sentido la Bienal está cargada de singularidades, empezando este año por el concepto que se va a encontrar la gente, un festival con más de 70 funciones, con una actividad de calle muy intensa, con espectáculos gratuitos, con ciclos de cine, literatura, con presentaciones de libros, exposiciones...una actividad muy intensa.
Además en un contexto que para mí es donde está la gran singularidad. Se cumple el centenario del apogeo de lo que se llamó la 'Ópera Flamenca', en los años 20. Y vamos a celebrar ese centenario desde que el flamenco empieza a desarrollarse como un arte escénico, después de la etapa de los cafés cantantes, con esa apertura al público. Por eso arrancamos en la Plaza de Toros porque estamos celebrando un siglo desde que el flamenco estaba consolidado en esas plazas.
Vamos a revisitar ese flamenco de los años 20 sin ningún tipo de nostalgia y con artistas de hoy. Entonces, no solo el día inaugural en la Plaza de Toros, sino que también habrá guiños. La programación está trufada de esta revisitación del flamenco en los años 20, por eso el proyecto de este año gira en torno a la guitarra de Ramón Montoya, por eso el proyecto de Sandra Carrasco y David de Arahal en torno a Marchena. También hay un proyecto en torno a Manuel Vallejo, pues se cumple el centenario de su llave de oro. Rancapino Chico va a hacer el proyecto de Pizarra, que va a revisitar también discografía antigua deP izarra... Y esto no es algo que no suponga un límite, sino que el concepto es muy abierto. El baile tiene una importancia que no tenían aquellos espectáculos de la Operación Flamenca. Entonces digamos que con códigos de hoy vamos a revisitar todo aquello.
(P): Es la segunda edición que diriges de un evento de este calibre, uno de los más grandes del mundo en su ámbito. Después de los nervios de la primera vez, de la última Bienal, ¿cómo has afrontado tú dirigir tu segunda edición?
(R): La responsabilidad es la misma que la anterior edición. Sí que es cierto que incluso con un poco más de presión, porque los resultados de la pasada fueron muy buenos. Había, por supuesto, cosas que mejorar, pero la respuesta del público, la taquilla y el resultado artístico, nos dejaron muy satisfechos. Entonces ahora vamos a intentar dar un pasito más hacia delante a nivel de programación, con esas noches únicas, con esa verdadera singularidad, con ese concepto.
El flamenco no descansa en la vitrina de un museo; los artistas están creando y desarrollando continuamente nuevos lenguajes
A mí, en realidad, lo que me preocupaba era ilusionarme de nuevo con un proyecto, porque una bienal es algo sumamente absorbente, en el mejor sentido del término. Hay que dedicarle muchísimo tiempo, muchísimas horas y no solo yo, sino todo el equipo. Y estuvimos todos tan involucrados en la pasada edición que de pronto termina la bienal y te quedas como vacío y digo: 'Bueno, ¿cómo me voy a ilusionar yo ahora tanto con otro proyecto?' Entonces poco a poco fuimos encontrando los argumentos para ilusionarnos y nada, ya en unos meses estábamos esbozando la programación.
Lo que sí que es cierto es que yo confiaba en los artistas con los que estábamos planteándolo, en los argumentos que teníamos, ese centenario que te decía antes y en esos espacios que tiene Sevilla, en esos nuevos valores que también están en esos artistas que queríamos recuperar. Es decir, también en la Bienal no solo están artistas de la popularidad de Sara Varas o de José Merced, Farruquito, Manuel Liñán, Israel Galván, artistas digamos que son conocidos no solo por el público flamenco, sino también más allá, sino que también tenemos artistas muy genuinos que incluso en el propio ámbito del flamenco no son tan populares, artistas que algunos están retirados o que han tenido menos oportunidades pero que tienen una valía artística indiscutible, pues esos artistas también están en Bienal. Entonces la programación te permite también ese tipo de licencias.
(P): También eres una persona joven, 30 años, y quería pararnos en un término del que habla mucho nuestra generación, ese 'Síndrome del Impostor'. Teniendo en cuenta que tú estás lidiando con eventos tan importantes, ¿has tenido que vértelas en algún momento con este concepto?
(R): Sí, no solo en la Bienal. La verdad que en mi carrera profesional siempre he padecido ese síndrome porque me considero periodista, pero en un principio también me veía tan joven publicando, escribiendo, haciendo críticas, me veía joven también para publicar libros. He escrito poesía, pero me siento incómodo si alguien me llama poeta, porque no soy poeta a tiempo completo. He dirigido espectáculos, he hecho gestión cultural con entidades como la Fundación Cajasol en Huelva, he planteado ciclos, he sido conferenciante. Muchas veces cuando me preguntan ¿qué eres? Pues bueno, lo resumo en periodista y gestor cultural. Pero es cierto que también el mundo ha cambiado tanto que al final estamos haciendo trabajos 360 y he hecho tareas de comunicación en tablaos y también me sentí un impostor porque yo tampoco me he formado en el ámbito de la comunicación corporativa. Entonces digamos que es un síndrome que los que hacemos muchas cositas tenemos que lidiar un poco con ello.
(P): ¿Cómo llegas al mundo del flamenco y cómo eso marca la forma en la que preparas la Bienal?
(R): Yo antes que periodista, gestor o cualquier otra cosa, me considero flamenco, aficionado al flamenco. Entonces, para mí el flamenco es lo que va por delante incluso de mi profesión. Es algo con lo que después me he ido encontrando y mi afición se ha ido convirtiendo en mi profesión, tanto como periodista como ahora como gestor. Entonces creo que esto marca la mirada, porque son muchas sensibilidades las que reúne la Bienal.
Uno piensa en el lado del artista, piensa en el lado del público, piensa desde muchos prismas, pero sí que yo siempre me siento como un aficionado en un patio de butacas e imagino qué es lo que quiero ver ahí. Es cierto que cuando uno empieza a hacerlo se da cuenta que hay proyectos que uno había soñado que son imposibles, por que te encuentras un escenario y no puedes ir en contra de ese escenario, sino aprovecharlo. Pero sí que es cierto que yo antes que nada soy aficionado y por eso siempre me imagino en el patio de butacas.
En cualquier caso, tenemos mucho público que no es que sea un gran entendido del flamenco, pero eso no te impide disfrutar de ningún espectáculo. Es más, muchas veces el que es muy aficionado está muy agobiado porque no identifica exactamente una referencia que ha visto y el que no está atendiendo a esa referencia disfruta el doble porque simplemente va sin ningún tipo de prejuicio para disfrutar.
(P): Y en un mundo cada vez más despersonalizado y donde las ciudades y ciudadanos están perdiendo su identidad, ¿qué lugar ocupa la Bienla ahí, en una ciudad como Sevilla y cuál es su importancia?
(R): La cultura se diferencia del ocio por muchas cosas, pero una de ellas es que genera identidad. Si la Bienal fuera un festival que puede darse del mismo modo en Sevilla, en Madrid, en Cataluña, Nueva York o en la ciudad que sea del mundo, quizás no tendría sentido esto es un festival que se hace en Sevilla, que genera identidad y que lo lleva haciendo así desde el año 80. Un festival que además ha cambiado la manera de ver y de hacer flamenco. Ha habido una especie de revolución artística dentro del festival, de desarrollo del flamenco como arte escénico desde finales del siglo XX hasta hoy, porque la Bienal no creo que haya sido testigo de ese cambio sino que ha sido parte y motor artístico. Porque para mí estamos colocando a la generación del 27 del flamenco, que para mí es la Niña de los Peines, Antonio Chacón, Manuel Torres y esa generación de Manuel Vallejo, Pepe Marchena... y creo que le estamos dando altura porque es una generación que muchas veces se nos olvida, se nos pasa por alto, que son los que llevan el flamenco a las plazas de toros, los que arrancan con la discografía flamenca.

Archivo Bienal de Flamenco. ©️ Laura León
Tienen ahí una especie de legado insuperable que ha quedado como referencia y que es bueno que visitemos, sin ningún tipo de nostalgia, sino revisitado con la mirada de los artistas de hoy en un evento que es cultural, que no es solo ocio, aunque nos lo vayamos a pasar muy bien en esta Bienal. Yo insisto en que esto es un festival que sigue generando identidad. Es sumamente sevillano, pero con esa idea de Chéjov de que para ser universal habla de tu pueblo. Nosotros vamos a hablar de nuestro pueblo, siendo muy conscientes del público que nos visita de fuera, que es más o menos el 50%. Es algo como la Feria o la Semana Santa, no se hace de espaldas a la ciudad, sino que es un patrimonio vivo en movimiento y contamos con los artistas de hoy para seguir viendo cuáles son los paraderos de hoy y del futuro del flamenco.
(P): ¿Le pesa al flamenco esa vinculación que muchas veces se le atribuye a lo cañí, a esa idea de pureza?
(R): Sí, pero matizo. Yo creo que el flamenco al final es una cultura, una expresión tan rica que hay pocas miradas que atiendan a todas las formas de hacer flamenco. Es decir, hay quien considera el flamenco como algo sumamente hermético, con ese concepto de pureza, como de algo que se está perdiendo, con ese carácter romántico. Por ejemplo, parte del público francés ha visto históricamente el flamenco como esa cosa rara, exótica. Sin embargo, hay otra mirada muchas veces que miran ese flamenco que ya no existe y ya todo el flamenco es una cosa encontrado con la danza contemporánea y ya se ha perdido ese flamenco digamos más genuino... Y digamos que al final si uno mira la Bienal tiene de todo: hay cante, baile, guitarra, tenemos vientos, saxofones, piano; es decir, todo tipo de instrumentos. El tres cubano que toca Raúl Rodríguez, el hijo de Martirio, tenemos por supuesto baile tradicional, por llamarlo de algún modo, pero también ese baile flamenco encontrado con los más vanguardistas. Con el cante sucede lo mismo. Es decir, tenemos a una Aurora Vargas, pero está también la Tremendita, está Ángeles Toledano, está en el baile Sara Jiménez, Andrés Marín, Israel Galván, Olga Pericet. Gente que desde el flamenco está planteando otro tipo de cosas que no siempre tienen que ver con el propio baile flamenco. No sé si me explico; que tienen otros atributos.
Yo antes que periodista, gestor o cualquier otra cosa, me considero flamenco, aficionado al flamenco
Entonces yo creo que al final muchas veces la limitación está en la mirada. Es decir, en no tener a lo mejor el conocimiento de saber que hoy día hay una escuela de jóvenes bailadores que están encontrando su danza con otras tendencias y hay otra parte de esos jóvenes que no, que están bailando flamencos sin más atributos que el propio baile Y al final yo creo que siempre existe esa idea de que el flamenco se pierde. Ya por eso en el año 1922 se crea el concurso de Granada de Cantejondo con esa idea de que al profesionalizarse el flamenco pues las esencias se han perdido, pero es algo endémico al propio flamenco. Luego esto van pasando las generaciones, van pasando los años y hay artistas y hay público y eso lo vemos también en cómo van saliendo artistas, muchos de ellos están en Bienal: Ángeles Toledano, Israel Fernández o muchísimos otros que van renovando los públicos. Y te crees que esto se acaba pero de pronto hay un público que no estaba interesado con 25 años y que con 35 empieza a ir al teatro. Entonces esto no se acaba. Yo no tengo para nada una mirada catastrofista.
(P): ¿Qué opinas de otro enfoque que está describiendo al flamenco como parte de una arraigada identidad andaluza, dentro de ese resurgir del andalucismo que estamos viviendo? ¿Crees que puede ser un papel que puede reforzar la identidad andaluza?
(P): Yo creo que es algo no que esté produciéndose exclusivamente en Andalucía, sino que hay una revisión del patrimonio de la raíz de las música populares de cada sitio a nivel mundial, y muchas veces una revisión que viene del mundo de la música más popular o masivo. El caso de Rosalía en España, que está revisitando una música de raíz. Y esa especie de reivindicación, que se está produciendo en todo el mundo al mismo tiempo, habla de una especie de movimiento generacional, que no es la primera vez que sucede en el flamenco.
Yo creo que el flamenco casi siempre ha servido de fuente de inspiración para otras disciplinas artísticas. Y ya en otro tiempo, en los años 70 surgió el rock andaluz, que hoy también está viviendo cómo una nueva oleada con Califato 3/4, con La Plazuela, los Derby Motoreta Burrito Cachimba, una especie de movimiento que de alguna manera parte de ese rock andaluz de los 60-70. Pero es que también desde la música clásica, con todo lo que hizo Manuel de Falla, Turina, todo ese nacionalismo musical que veía algo en la raíz flamenca que podía generar una identidad propia o una manera de hacer música clásica desde Andalucía hacia el mundo.
Yo creo que es algo que que tendrá sus picos a lo largo de la historia, ahora mismo creo que estamos en un pico alto y que desde muchas músicas se está reivindicando lo flamenco y me parece que forma parte de ese movimiento masivo. Y respecto a ese andalucismo la generación de los años 20 que conmemoramos creo que es fundamental porque es una generación que nos quita todos los complejos con gente como la Niña de los Peines, que para mí es una figura a reivindicar del mundo de hoy, porque era una mujer absolutamente moderna que posa ante Zuloaga, que cambia la música, que siendo mujer en la época, con todas las dificultades que esto podía tener siendo artista y gitana, comienza a cambiar el flamenco. Conoce a Falla, conoce a la intelectualidad de la época, adapta poemas, y, en definitiva, empieza a cambiar el flamenco, con adaptaciones de cuplés o canciones latinoamericanas y crea palos como la bambera, que parten también de lo popular. Es decir, que ya en los años 20 se está produciendo toda esa revisión por parte de los artistas.
(P): He visto que tienes admiración por una figura que también comparto, la de Chaves Nogales, y rescatando algunos de sus textos sobre flamenco me he topado con uno donde hablaba de que la sociedad, de alguna manera, había perdido el respeto por el flamenco y reivindicaba, contra esa pérdida de respeto, que se encontrase esa identidad en la gente común que había sido la depositaria del legado del dolor andaluz. ¿100 años después de esta reflexión de Chaves Nogales cuánto ves de actualidad en ella?
(R): Me parece una reflexión muy al hilo del concurso que organiza Falla, que tiene la complicidad de Lorca, y que reúne la intelectualidad de la época como a Edgar Neville, que tiene un libro maravilloso sobre el concurso. El germen del concurso es entender que el flamenco se ha profesionalizado y que de alguna manera ha dejado de pertenecer al pueblo. Pero sí que es cierto que hay en esa reflexión algo que no comparto y es que el flamenco no es una música popular. Es decir, tiene mucho de lo popular, por supuesto, pero a diferencia del folclore, uno no toca la rondeña Cueva del Gato de Paco de Lucía en Navidad con sus amigos o en una reunión. Es algo que parte de lo popular pero que es de autor y donde gente como Paco de Lucía, Sabicas , Ramón Montoya o Paco el Barbero, otro guitarrista, hacen de esta música una música de autor.
Lo mismo sucede con el baile. No es lo mismo bailar una sevillana en la feria, que eso es algo popular, que es parte de nuestro folclore y de nuestro patrimonio, cosa que no lo desmerece para nada, que cantar o que bailar una seguiriya o una soleá que requiere de una técnica y de una preparación.
Hay que entender que se ha profesionalizado y para mí no hay que desmerecer esa profesionalización, al contrario, yo creo que los profesionales lo que han aportado es una riqueza de la que si no careceríamos. En el mundo de la guitarra compositores, por ejemplo, como Paco de Lucía, Serranito y a Cañizares y Manolo Sanlúcar y Rafael Riqueni, a tantísimos que han llevado la guitarra a su máxima expresión. Hay otras músicas populares que no se han desarrollado y que no tienen el repertorio que tiene el flamenco, ni la viveza, por eso para mí es un patrimonio vivo.
Te decía antes que no descansa en la vitrina de un museo, sino que los artistas están creando, están desarrollando nuevos lenguajes, tanto en el mundo del baile como del cante. Si ves lo que está haciendo ahora La Tremendita, por ejemplo, o muchísimos otros. Es decir, que esto está en continuo movimiento y por eso esa expresión parte quizás de una visión algo romántica también del flamenco, de entender que el flamenco era esa cosa del pueblo, del mundo de la fiesta, de las casas de los gitanos, que, teniendo razón esencial, también es reduccionista pensar que todo el flamenco es eso, porque ha habido otras muchísimas corrientes y otras muchísimas formas de hacer, de ver y de crear desde el flamenco.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.