La juez Mercedes Alaya se casó ayer o mejor expresado se "recasó" tras 30 años de matrimonio de nuevo con su mismo marido. Posiblemente para mucha gente no fue "La boda de mi mejor amiga". Que se lo pregunten a Magdalena Álvarez. También es cierto que algunos de "sus mejores amigos" no estuvieron presentes en el acto donde la juez que instruye el caso de los ERE fraudulentos, renovó sus votos matrimoniales. Por ejemplo, el ex presidente del PP andaluz, alcalde hispalense y ex Juez Decano de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, no acudió. ¿No fue invitado? ¿Modo de guardar las apariencias de "neutralidad" de la magistrada? ¿Ya no son amigos como antes?

Intrusos fuera
La boda fue ajetreada. Durante días se anunció a los invitados que el oficio religioso iba a celebrarse en la Basílica del Gran Poder, un templo de élite con importante lista de espera. Ocurrió, según todo indica, que esta inicial elección fue una maniobra de distracción de la magistrada para despistar a curiosos, fans de su club de Facebook, coleccionistas de autógrafos, turistas japoneses despistados, paparazzis, periodistas y tipos de ese pelaje.

Una boda sin "intrusos" y con espera
La juez lo tenía claro y en ese gran día no quería "intrusos". La jugada le salió casi perfecta y fue así porque tras modificar a ultimísima hora el templo de la celebración -finalmente fue en la iglesia de San Alberto, dentro del conjunto del Oratorio de San Felipe Neri-, no pudo evitar que algunos de estos "intrusos" se colaran hasta los alrededores del conjunto eclesial cámara en ristre.



Un enlace con espera y demora
La magistrada fue fiel a sus hábitos y horarios judiciales incluso en su "reboda". Sabido es que Alaya hace esperar horas y horas a sus comparecientes en su juzgado. Los cita a una hora y ella se presenta a otra bien distinta. Lo mismo hizo en su "reboda". Los invitados, con pamela y chaqué -como marca la tradición de las bodas"postineras"-, estaban convocados en la iglesia antes de las doce del mediodía. A esa hora debería haber comenzado la ceremonia. Mas no fue así, Alaya "genio y figura hasta en los desposorios". La magistrada llegó casi una hora más tarde de lo previsto a la ceremonia.

La "grandeur" con incidentes
La entrada de la juez tuvo su punto de "grandeur". No vino en carroza ni en coche de caballos ni limousine. Hizo su entrada triunfal en un vehículo de altísima gama, grande y con cristales tintados. Como escolta, dos agentes de paisano en otro coche y cuatro motoristas de la Policía Nacional como una especie de obligados alabarderos. Lo estrecho del sitio, -una calle sin aceras y de dos metros de anchura-, las dimensiones del vehículo así como el deseo de acercarse lo máximo a la puerta de la iglesia provocó algún que otro incidente y alborotos. En la angosta calle y tras una complicada maniobra trasera el coche llegó a golpear en la rodilla a un fotógrafo de prensa y a un agente de la Policía Nacional. Tras la ceremonia los "recontrayentes" se dirigieron al banquete en una cercana casa palacio sevillana. Parece ser que los novios continuarían la fiesta hoy domingo en una finca en el campo en un lugar desconocido.

¡Cáspitas, la juez se ríe! ¡Alaya es humana"
Bajo una lluvia de pétalos de rosas blancas y con un vestido de boda de 3.500 euros de unas modistas sevillanas, la "sonrisa de Alaya", mitad Gioconda enigmática, mitad humana por los esponsales, salió a la luz. Alguien en ese momento tendría la tentación de exclamar ¡Cáspitas se ríe! ¡Alaya es humana". Todo un descubrimiento para quienes llevan años viéndola entrar y salir de los juzgados con cara hierática de haber dictado un auto de encarcelamiento o de fianza millonaria. Eso sí, ese día cambió el maletín trolley por un ramo de rosas, blancas por supuesto, nada de rojas.

Poca simpatía hacia los periodistas
Como era lógico a los informadores y fotógrafos no se les facilitó la labor. Algún policía medió para que no se acercasen a la puerta de la iglesia a inmortalizar tan importante enlace. La antipatía  de algunos invitados hacia los profesionales de los medios de comunicación allí presentes se demostró ante gestos o frases de indignación por realizar su trabajo como informadores. Eran "instrusos", los periodistas eran intrusos como los molinos de viento de Don Quijote eran gigantes.

Quejas del cura por el retraso
Una de las escenas más significadas fue la provocada por el retraso de la boda derivado de la demora de Alaya en llegar. La demora provocó que una misa habitual de la iglesia que debía celebrarse posteriormente tuviera que cancelarse. El enojo del cura y el enfado del portero y del sacristán no tuvieron inhibición. Ellos no entienden o no quieren entender de juzgados, poder judicial y casos medáticos. Públicamente mostraron su queja ante los periodistas. Uno de ellos recordaba como en veinticinco años que prestan servicio jamás una novia llegó mas tarde de los más o menos diez minutos de gracia. No sabían que quien tiene macrojuicios abiertos con mucha demora y dilación también puede retrasar una hora su boda ¡Alaya bien vale una misa perdida".