[cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]EL GLOBO Y LA FLECHA[/cita] La moral de victoria de Unidos Podemos contrasta con el desconcierto en un Partido Socialista que, súbitamente, parece haber perdido su sitio privilegiado en la primera fila de la política española durante los últimos 40 años. ¿Perder nosotros? ¿NOSOTROS? ¿Y perder, además, a manos de ESTOS? Pablo Iglesias y Alberto Garzón se han montado en un globo que sube y sube sin que el PSOE haya encontrado la flecha milagrosa con que pincharlo. De hecho, da la impresión de que ni siquiera estuviera buscando la maldita flecha. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]UNA SUMA LETAL[/cita] Para los socialistas es crucial obtener en las elecciones del 26 de junio un resultado que no los expulse desde la platea al gallinero del teatro, y según las encuestas no parece que tal cosa vaya a ocurrir. A corto plazo lo importante para ellos es quedar por delante de Podemos, pero lo verdaderamente importante es, en caso de perder, no quedar a mucha distancia del partido morado. Un tercer puesto en votos pero no en escaños sería doloroso pero no irreparable para el PSOE: simplemente lo obligaría a acelerar la celebración de esos ejercicios espirituales que tiene pendientes desde hace tanto tiempo. Lo único que postergaría esas jornadas de clausura es que Pedro Sánchez sume con Podemos los escaños suficientes para formar Gobierno. Eso sería terrible… para ambos. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]LA TRAGEDIA Y EL DRAMA[/cita] Interesantísimo ese escenario en el que los dos partidos de la izquierda estuvieran muy cerca de lograr una mayoría suficiente para gobernar: en tal caso, el PSOE estaría ante un drama pero Podemos estaría ante una tragedia. El de ambos sería un Gobierno con las muñecas rotas: obligado a un ajuste brutal de 8.000 millones y con la espada de Damocles de los prestamistas sobre su cabeza, bastaría con que se apartara un poco –solo un poco– de las exigencias dictadas por Bruselas para que se multiplicaran exponencialmente sus dificultades para obtener dinero en unos mercados financieros que, hoy por hoy, son el único lugar donde hay dinero. También lo hay, claro, en el Banco Central Europeo pero ese no está disponible para los Estados: se guarda en una caja fuerte cuya llave custodia celosamente Berlín. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]¿GOBERNAR? NO, GRACIAS[/cita] Lo peor que puede ocurrirle a Podemos el 26J, y Pablo Iglesias debe saberlo, no es quedarse en la oposición, sino verse obligado a gobernar. Las contradicciones de todo tipo que anidan en su seno estallarían como un globo si Pablo Iglesias se sentara en el Gobierno, ya fuera como presidente o como vicepresidente. Un partido puede compaginar alegremente cabezas de lista tan dispares como un ex Jefe del Estado Mayor partidario del ordenamiento legal y un líder jornalero partidario de la ocupación de fincas, pero puede hacerlo siempre que esté en la oposición, no si está en el Gobierno. Podemos puede sumar lo mucho que está sumando –reformistas, socialistas, comunistas, troskistas, constitucionalistas, independentistas, indignados, cabreados, derrotados…– porque la oposición, como el papel, lo aguanta todo. El poder, en cambio, no aguanta casi nada. Sobre todo si es un poder cuyas arcas están vacías. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]EL PURGATORIO[/cita] ¿Quiere eso decir que lo mejor para Podemos es verse condenado a vagar eternamente por el purgatorio de la oposición? En absoluto. Lo que quiere decir es que todavía no es un partido en sentido estricto y va a necesitar bastante tiempo para llegar a serlo. Se da ahí una singular simetría entre el PSOE y Podemos: el primero es demasiado partido, en el sentido de que le sobra grasa orgánica y rutina institucional, mientras el segundo es demasiado poco partido, en el sentido de que le falta consistencia orgánica y sinceridad ideológica. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]LA TRANSVERSALIDAD[/cita] La transversalidad teorizada por Íñigo Errejón es una quimera que puede servir para ganar elecciones pero no sirve para gobernar. La transversalidad es el nombre que algunos profesores se han inventado para blanquear lo que toda la vida se ha llamado populismo. Llegada la hora del poder, Podemos tendría que optar entre Rodríguez y Cañamero, entre el general Julio y el jornalero Diego, y obviamente optaría –no le quedaría más remedio que optar– por el primero, así que cuanto más tarde en llegar ese momento, mejor para Podemos y, sobre todo, mejor para Cañamero. Y, por supuesto, mejor para la transversalidad.