Tras el éxito de su libro divulgativo “Pasionaria, una leyenda que se podía tocar”, vuelve el político y escritor Felipe Alcaraz con un poemario de dedicado al poeta granadino que se suicidó en 1999 y que había intentado una poesía materialista, al margen de la norma comercial. Se presenta el próximo 29 de enero en La Tertulia de Granada, lugar indómito de la Granada canalla y cultureta que tanto conociera Javier Egea. ¿Por qué un libro de poemas ahora? ¿Estás cansado de escribir novelas? Más que un libro de poemas es un largo poema, de unos 500 versos. Era un trabajo pendiente después de “La conjura de los poetas” (Almuzara), que es la biografía ideológica de Javier Egea, Quisquete para los amigos. Quizás es la conclusión literaria de aquel libro de 2010. A este libro seguirá otro poemario: “Deja que hable el fantasma”. Son textos poéticos que he elaborado de forma paralela a la escritura de novelas, que no cesa. Estoy embarcado en un texto muy difícil, que remata la trilogía “Los días de la gran crisis”. Trabajo con un título quizás provisional: “Gramsci en el supermercado”, y es una novela donde se trenzan dos síndromes: la mezcla de Gramsci y Perón, y, de otro lado, la fosilización de Gramsci, ya que en nombre del marxismo hay políticos que no han entendido que la ola que había por debajo del 15M lo iba a cambiar todo. Javier Egea es un nombre recurrente en tu obra. ¿Por qué? Egea, precisamente en el momento en que estalla la etapa posmoderna, produce una poesía contra el dominio; aún más: contra el dominio de clase. Escribe desde esa matriz y arrostra los riesgos consecuentes. Y uno de los riesgos es la soledad en Granada. No hay tortura más grande que estar solo en Granada. Y aquella ciudad de Lorca (hay otra Granada, luchadora, a la que va dedicado el poema), es una maestra en aislar y ejercer el silencio sobre ciertas personas; el silencio, ese poder tan grande que parece que nadie lo ejerce. Egea lo sabía y se enfrenta a este riesgo. En un papel, tras su suicidio, apareció aquella frase: “Los solitarios son esos que le dicen a su amada: me quedo solo, pero no me vendo”. Granada, esa ciudad, como dice Morente, que entierra sus ríos y mata a sus poetas. Luego hoy otra Granada, que desde la pluma o el exilio interior lucha por un tiempo diferente. ¿Qué buscas en los lectores? Busco que se conozco a Egea, que se le dé la palabra, esa palabra poética que más de treinta antologías, en los años 80 y 90, y posteriormente, le retiraron dándolo por desaparecido, por inexistente. Egea, junto a Soto de Rojas, Federico, y Carvajal, es uno de los grandes poetas de Granada, que no es decir poco. Y es el único que trabaja fuera de la norma, en esa esquina donde más fuerte golpea el viento; un viento congelado. Algún crítico ha dicho que poesía materialista es un oxímoron. No se entiende que el yo que trabaja Egea no es el yo lírico, infinitesimal, ignoto, sino el yo de las relaciones sociales de producción. Ahora que Quisquete sale a la luz, después de una segunda clandestinidad, se sigue tergiversando su obra, incluso su vida; pero hasta ahora no necesitaban este esfuerzo, porque lo habían hecho desaparecer. Por eso le debemos un agradecimiento infinito a la Editorial Bartleby, que ha publicado ya dos volúmenes de su obra completa: su poesía, la publicada en libro, y la dispersa o inédita. Faltan ahora los volúmenes de sus prosas y sus diarios, que son esenciales a la hora de completar su trayectoria. Supongo que la publicación de los diarios haya podido encender muchas luces de alarma. ¿Qué es "Elegía a Javier Egea"? “Elegía a Javier Egea” es un largo paseo por la Granada del poeta y por las derrotas que ha sufrido tras la muerte de Quisquete. Derrotas que él combatió frente a esa otra poesía posmoderna que levantó el vuelo en las bodeguillas de los años 80; esa poesía media, digerible, que sigue marcando una norma de mercado. Esa norma, poética y vital, que produjo un fuerte aislamiento en Egea. Su palabra es “soledad”, y su poesía un pequeño pueblo en armas contra la soledad. Tres críticos y escritores dan contexto a la elegía, ¿qué aportan? Son críticos, escritores y artistas que respiran en el universo de Egea y en la perspectiva de que otra literatura es posible, otro arte. Jairo García Jaramillo, David Becerra y Juan Pinilla, a los que agradezco el esfuerzo que han hecho para seguir explicando a Egea, para seguir abriendo la posibilidad de una lectura fuera de la norma. Además, a los actos de presentación de la Elegía se van a sumar otras personas sin las cuales no es posible conocer la estructura profunda de la poesía de Javier Egea, como Andrés Vázquez de Sola, Eduardo Castro o Juan de Loxa. ¿Dónde esperas presentar la “Elegía a Javier Egea"? En principio en un sitio clave: La Tertulia, en Granada; aquel recinto, aquella casa de la palabra, donde se coció la Otra Sentimentalidad, y que ha logrado resistir, desde una lucha cultural, los embates del tiempo, que no la han convertido en una farmacia o en un banco. A mediados de febrero en Almería, cerca de aquella Isleta el Moro donde se confinó unos meses Javier, que le sirvieron para dar el salto desde la poesía existencialista y “maldita” al intento de una poesía nueva, de una poesía “otra”. Parece que la editorial Atrapasueños, desde su opción por una cultura transformadora, puede montar un circuito bastante más amplio. Hasta que el cuerpo aguante, como decía Luis Sandrini.