Era el choque más esperado de la sesión de investidura, pero lo cierto es que no hubo tal choque. Tanto Susana Díaz (PSOE) como Teresa Rodríguez (Podemos) expusieron sus desacuerdos con contundencia, pero eludieron el cuerpo a cuerpo: el hecho de que fuera un debate de guante blanco favorece la continuidad del diálogo –difícil diálogo– entre ambas fuerzas si bien los márgenes para el acercamiento mutuo son extraordinariamente estrechos. La diputada Teresa Rodríguez se estrenaba como portavoz en la Cámara y ciertamente pasó la prueba con bastante buena nota en su discurso inicial, aunque decepcionó en su réplica a Susana Díaz al limitarse casi a repetir lo dicho en su primera intervención. Rodríguez, en todo caso e incluso leyendo los folios que ella misma había escrito, sigue transmitiendo una frescura bastante alejada de la solemnidad que tantas veces atenaza a los diputados. Aunque reconoció que "no le sonaba mal la música ni la letra" de muchas de las medidas desgranadas por Susana Díaz en su discurso, mostró una gran desconfianza hacia la voluntad real de los socialistas que llevarlas a cabo. Sea como fuere, los mensajes de la líder de Podemos, que se dirigió a la presidenta en funciones como ‘diputada Díaz’, no fueron muy distintos de los que su partido viene repitiendo desde hace semanas: el PSOE no tiene credibilidad para hacer lo que promete y por eso no se fían de él; Podemos quiere hechos, no solo guiños; las medidas que reclama son muy sencillas y sin coste alguno: romper relaciones con los bancos que desahucian a personas sin alternativa habitacional y tener la relación de altos cargos y sus sueldos en empresas públicas. DOS PROTAGONISTAS INESPERADAS Lo que sí fue muy distinto en la intervención de Rodríguez fue la puesta en escena de su exposición sobre desahucios: en la tribuna de invitados había dos mujeres desahuciadas por entidades bancarias que se pusieron de pie cuando la portavoz de Podemos mencionó sus casos. Fue, en cualquier caso, un buen golpe de efecto parlamentario. La réplica de Susana Díaz estuvo mejor armada que contrarréplica de Rodríguez, pero no hasta el punto de convencer a esta de modificar su posición negativa a la investidura. De hecho, muchos diputados socialistas están convencidos de que Podemos no dará su brazo a torcer cambiando su no por la abstención. La presidenta en funciones empezó con un buen argumento que arrancó los aplausos de sus compañeros de bancada: “Señora Rodríguez –dijo Díaz– me da la sensación de que piensa que sus votos son de mejor calidad que los que me han traído a mí aquí”. Pero donde con más insistencia se empleó Díaz fue en recordar a Podemos que si no tiene otra alternativa para la formación de gobierno, debería dejarle a ella formarlo. Ahí reside, además, una de las mayores debilidades de la posición de Podemos: en la dificultad para hallar argumentos incontestables para no permitir la investidura. Por lo demás, la presidenta defendió de manera convincente sus medidas contra la corrupción y en materia de vivienda, pero en relación a la exigencia de Podemos de romper con los bancos fue muy clara: “No olvido que el dinero de los andaluces no es mi dinero. Con el mío hago lo que quiero. Pero yo tengo que trabajar dentro del marco de la ley, y nadie me va a sacar de ahí”.  Pero es precisamente de ahí de donde Podemos quiere sacar a la presidenta. La conclusión es que a estas alturas parece poco menos que imposible que pueda haber acuerdo entre las dos formaciones.