La concejala de Ciudadanos en Castilleja de la Cuesta, Carmen López, se desnuda. No políticamente ni metafóricamente, sino personalmente. Y no tanto en un sentido carnal, que también, como en un sentido psicológico. Sometida a un expediente de expulsión de su partido, la ex Miss Sevilla lleva en realidad desnudándose más tiempo del que ella misma cree. Su primer y más llamativo desnudo, no integral pero sí muy sugerente políticamente, consistió en la extravagante pretensión de que el Ayuntamiento de su pueblo le pagara los billetes de avión para asistir a los plenos desde Chicago, adonde se trasladó tras las elecciones municipales. Ni entonces ni ahora entendió López que aquella propuesta suya se situaba entre lo ridículo (para ella) y lo insultante (para sus vecinos). Como tampoco entendió que al trasladarse, por razones familiares, a vivir a Chicago debía de haber entregado su acta de concejal. Ese fue el segundo gran desnudo que dejó al descubierto sus limitaciones políticas: la contumaz –pero también soberbia, muy soberbia– negativa a irse a casa evidenciaba la ceguera de Carmen para ver el circo que había montado y en el que, fatídicamente, había reservado para sí misma todos los papeles. Aunque con ese segundo desnudo ya creíamos haberlo visto todo de López, la concejala aún logró sorprendernos con una última actuación estelar con redoble de tambor incluido: posar desnuda en la revista Interviú. No obstante, el verdadero desnudo no ha estado tanto en las fotos del reportaje, que también, como en las declaraciones de López para justificarlas. En sus respuestas a preguntas de la agencia Efe es donde radica realmente el desnudo integral y definitivo de la concejal de Ciudadanos. López sostiene que la decisión, que califica de “extrema y reivindicativa”, de fotografiarse desnuda en la revista la tomó para “limpiar mi imagen, luchar por la verdad y darle voz a mis compañeros de esa municipalidad, que están eliminando para evitar testigos" y también para “amplificar fuera de las redes sociales mi lucha anticorrupción". ¿Miente López en sus explicaciones? Aquí viene el redoble final: probablemente no. Desconocedora quizá de que los ropajes con que la vanidad se camufla son mucho más difíciles de quitar que los que venden en las tiendas de Sevilla o Chicago, es muy probable que la concejala no le esté mintiendo al periodista, pero lo es mucho menos que no se esté mintiendo a sí misma. Y ese es, el fin, el postrero denudo que a López le resta para completar su estrafalario ciclo: desnudarse heroicamente ante sí misma. Pero no nos pongamos estupendos: eso sería pedirle demasiado. Ni estupendos ni machistas: sería pedirle demasiado a ella y a cualquiera.