La sanidad privada de Sevilla se ha visto envuelta en una polémica que vuelve a poner sobre la mesa la calidad del sistema sanitario andaluz. Cuatro anestesistas, entre ellos dos jefes de servicio, han revelado a El País que durante varios años distintos hospitales privados de la ciudad llegaron a operar con un número de anestesistas inferior al de quirófanos en funcionamiento, una práctica que creen que ha comprometido la seguridad de los pacientes en múltiples intervenciones quirúrgicas, muchas de ellas concertadas con la sanidad pública.
Tal y como ha confirmado El País, algunos anestesistas han relatado cómo, en varios centros privados de Sevilla, se asumía que un solo especialista podía cubrir más de un quirófano al mismo tiempo, con el argumento del ahorro de costes y la “confianza en que el riesgo es mínimo”. Sin embargo, estos profesionales han advertido que, ante situaciones imprevisibles, como hemorragias masivas, reacciones adversas a medicación o depresiones respiratorias, esta práctica dejaba a los pacientes “desprotegidos”.
“La práctica correcta es que haya un anestesista por quirófano, igual que debe haber un cirujano titular y un ayudante. No hacerlo así es asumir riesgos que no son aceptables”, ha explicado uno de los especialistas bajo condición de anonimato. Aunque algunas de estas prácticas, según los testimonios, se habrían reducido con el tiempo gracias a mayores controles de calidad en la actividad quirúrgica, sigue existiendo preocupación entre los profesionales por el déficit estructural de especialistas tanto en la sanidad privada como pública.
Riesgo en cada operación
El papel de los anestesistas es fundamental en cualquier intervención. No solo administran y regulan la anestesia, sino que monitorizan constantes vitales como la frecuencia cardíaca, presión arterial y la respiración del paciente, actuando de inmediato ante cualquier complicación. “Siempre debemos seguir los estándares de seguridad establecidos, y el único profesional que puede administrar anestesia es el médico anestesista”, ha advertido la Sociedad Española de Anestesiología Reanimación y Tratamiento del Dolor (Sedar).
Los especialistas también han señalado que la demanda de anestesistas ha crecido en todos los sistemas sanitarios autonómicos, incluida Andalucía, debido a la ampliación de procedimientos que requieren sedación o anestesia, como endoscopias o analgesia en partos.
¿Control insuficiente o falta de voluntad?
La Consejería de Sanidad andaluza, presidida por Antonio Sanz (PP), ha afirmado que no ha detectado irregularidades en cuanto al número de anestesistas por quirófano. No obstante, estas declaraciones contrastan con los testimonios de los profesionales consultados, que insisten en situaciones de precariedad y exceso de carga laboral en algunos centros.
Desde la Asociación Profesional Sevillana de Anestesiólogos Reanimadores (Apsar), que agrupa a alrededor de 120 médicos, se ha admitido que en determinadas ocasiones ha habido quirófanos con menos de un anestesista asignado. Aún así, su presidente, Miguel Ángel Merino, ha recalcado que la organización lo ve como algo “evitable” y que la regla debe ser un anestesista por sala.
Asimismo, esta sociedad ya tuvo que intervenir en un hospital privado hace años para remediar el problema, recuerda Merino. “Un director médico llegó a poner una hoja para obligar a los anestesistas a que tuviera su puesto concreto en cada quirófano. Aquello paró allí, fue antes del covid (…) Hay cosas que se deben saber, que hay enfermeros que anestesian, hospitales que se quedan con dinero que no es suyo, gente que está haciendo lo que no debe… La cuestión es si eso se puede arreglar”, ha reconocido el presidente de Apsar.
Un anestesista ha relatado para El País, también bajo anonimato, cómo le ofrecieron un contrato en un hospital privado, pero por las condiciones precarias abandonó el puesto: “Hace ocho años me llamaron, pero yo no soy capaz de hacer tres quirófanos a la vez. No pasan más cosas por la suerte que tenemos. Siempre nos repetían como mantra ‘mañana hay que apretarse’”. Así, las cirugías, gran parte concertadas en los últimos años con el Gobierno andaluz (PP), duran entre media hora y seis horas en función de su complejidad, y abarcan desde vesículas, lipomas o hernias en la cirugía general, hasta cataratas, histeroscopias, amígdalas o mastectomías.
A esto se suman las amplias listas de espera quirúrgica en Andalucía, algo que la Junta (PP) ha hablado de reducir, pero que no parece estar acompañado por la efectividad. La sanidad pública enfrenta críticas continuas por problemas de cobertura médica y de personal, como denuncias de falta de celadores en hospitales o saturación de servicios de urgencias y atención primaria, que también han ido saliendo a la luz pública.
Consecuencias para pacientes y profesionales
Igualmente, las denuncias de los anestesistas ponen sobre la mesa una cuestión que afecta directamente a pacientes y profesionales. La calidad y seguridad de las intervenciones quirúrgicas no solo dependen de tecnología o protocolos, sino también de la presencia de personal especializado en número adecuado.
Mientras tanto, pacientes y familiares siguen denunciando casos de negligencia o falta de seguimiento adecuado en otros ámbitos sanitarios, como la atención primaria o en diagnósticos tardíos, sin ir más lejos, el caso de los fallos en los cribados de cáncer de mama. Todo esto alimenta una percepción de fragilidad en el sistema de salud andaluz.
Los testimonios de anestesistas recogidos por El País no solo han criticado prácticas concretas, sino que han ilustrado la necesidad urgente de reforzar la sanidad pública con personal especializado y recursos suficientes para que ninguna cirugía se haga al límite de la seguridad.