Desolación en Izquierda Unida, amargura en el Partido Popular, leve decepción en Podemos, alegría en el PSOE y euforia en Ciudadanos. En las elecciones andaluzas de este histórico 22 de marzo no ha habido ninguna victoria arrolladora, ni siquiera la de Susana Díaz, pero sí ha habido dos derrotas abrumadoras, la del Partido Popular y la de Izquierda Unida, que desde anoche ya no son los mismos que eran 24 horas antes. Sus derrotas lo han sido en mucha mayor medida en que las victorias del Ciudadanos, PSOE y Podemos han sido victorias. La del 22M es una de esas noches electorales que no se olvidan fácilmente. Desde luego, Juan Manuel Moreno Bonilla y Antonio Maíllo no la olvidarán jamás: ambos han sido víctimas no tanto de sus propios errores, que también, como de unas circunstancias diabólicamente adversas contra las que poco podían hacer. A Izquierda Unida la ha herido de muerte Podemos y al PP lo ha herido de gravedad la crisis: la misma crisis que mató a Zapatero y que ahora se cobra su venganza sobre quien, temerariamente y por puro ventajismo electoral, la había trivializado hasta lo inverosímil atribuyéndola a la mala gestión económica del gobierno socialista. IU: VOLVER A EMPEZAR Izquierda Unida ha perdido casi 165.000 votos. Ha pasado de 12 diputados a 5, pero ha perdido algo más que 7 diputados. Se ha perdido a sí misma. El proyecto fundado por Julio Anguita a mediados de los 80 es hoy un proyecto moribundo, si no muerto. Su certificado de defunción lo ha expedido el pueblo andaluz. El 22M lo ha matado. IU tiene que volver a empezar otra vez no desde cero, sino desde donde empezó hace 30 años: desde el PCE. Sus votantes se han ido y se seguirán yendo hacia Podemos, ante lo cual puede hacer dos cosas: refundarse en términos de izquierda clásica para aspirar como mucho a un 10 o 12 por ciento del electorado o ser absorbida por Podemos. Uno de los problemas que IU tiene en esos momentos es que no ha decidido cuál de las dos cosas quiere hacer. En todo caso, el 22M va a obligarla a acelerar su decisión. PP: ¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO? El abatimiento se pintaba anoche en el rostro exhausto de Juan Manuel Moreno. Los pocos minutos que duró su comparecencia ante los medios debieron figurar entre los más largos de su vida. Moreno Bonilla resolvió como mejor pudo la cruel faena de tener que exhibir su desolación ante todo el mundo y se marchó. Perder 17 diputados y más de medio millón de votos es, se mire como se mire, perder demasiado. Es obvio que Moreno ha pagado pecados que han cometido otros: el primero, sí, haberlo designado para el cargo, pero incluso habiendo sido esa designación un error de Mariano Rajoy, Moreno Bonilla era mejor candidato que los resultados que ha obtenido. Las explicaciones de la derrota de ayer tiene que darlas Génova en mucha mayor medida que San Fernando; y no solo Génova: quien de verdad tiene que darlas es la Moncloa, cuyas políticas antisociales y compromisos incumplidos pagaban ayer tributo por segunda vez en Andalucía: la primera fue en marzo de 2012, cuando Javier Arenas no se alzó con la mayoría absoluta que tenía al alcance de la mano porque durante los tres meses anteriores el recién estrenado Gobierno de Rajoy empezó, a la vista de todo el mundo, a incumplir lo prometido. ¿Podrá el voluntarioso Moreno liderar el partido desde la posición de extrema debilidad en que lo deja el 22M? ¿Puede hacer algo el PP de aquí a las locales del 24 de mayo para impedir el desastre que parece avecinarse sobre tantos cientos de sus alcaldes? PODEMOS TRIUNFA PERO NO ARRASA Podemos ha sido víctima de las expectativas propias y las encuestas ajenas. 590.000 votos deberían ser suficientes para hacer feliz a cualquier partido recién llegado y sin embargo... En el partido de Pablo Iglesias, pero también en ámbitos del Partido Socialista, se había extendido a lo largo de la jornada el pálpito de que se situarían en la zona más alta de la horquilla de entre 14 y 24 diputados que le daban las encuestas. Se quedaron en 15 y eso deslució la noche y aguó el vino de la celebración en el emblemático Teatro Salvador Távora de Sevilla. Aun de manera involuntaria, las caras de Sergio Pascual y Teresa Rodríguez atestiguaban esa decepción que, en todo caso, debería durar poco tiempo porque Podemos se ha convertido en la tercera fuerza de la comunidad más poblada de España. Se cuenten como se cuenten, 15 diputados son muchos diputados: ciertamente, ralentizan la velocidad de crucero de Podemos en su travesía hacia la Moncloa, pero no dejan de ser un valiosísimo capital político que, bien invertido, consolidará la identidad de Podemos como fuerza transformadora. Su reto ahora es acertar con los ‘productos’ en que invierte ese capital. EL PSOE NO ARRASA PERO TRIUNFA Susana Díaz jugó sus cartas y ganó la partida. No se llevó todo el montante de fichas que había sobre la mesa de juego, pero sí lo bastante como para respirar con alivio y afianzarse como el valor más sólido del Partido Socialista. Los candidatos locales y autonómicos del resto de España se la rifarán en la campaña del 24M para que acuda a sus mítines. Ese es el primer gran efecto de la holgada victoria socialista de ayer: una concentrada inyección de optimismo en las decaídas huestes de un PSOE que, no se olvide, a nivel nacional las encuestas sitúan por detrás de Podemos. Ese escenario demoscópico puede cambiar muy pronto gracias a la victoria de Andalucía. Susana Díaz quería ganar –ganar ella, además de que ganara el partido– y lo ha conseguido. Aunque pierde casi 120.000 votos, repite los 47 diputados de 2012 y cuenta al menos con dos posibles socios, ya sean ocasionales o estables: Ciudadanos, muy en primer lugar, y Podemos, bastante más atrás. La décima legislatura andaluza no será un infierno. Nominalmente la victoria es del PSOE, pero materialmente es de Díaz. Ahora bien: los 47 diputados y el millón cuatrocientos mil votos son su triunfo pero también su grillete. Sus electores se tomarían como una ofensa personal que no se quedara donde ellos acaban de ponerla. Ferraz puede –y debe– esperar. CIUDADANO ‘JUAN NADIE’ Si anoche en el Partido Socialista había alegría, en Ciudadanos había euforia. El PSOE se quedó a un diputado de la euforia y Ciudadanos sobrepasó en dos la simple alegría. Obtuvo 9, una cifra que le permite en la Cámara sumar con el Partido Socialista la mitad más dos. 47 más 9 son 56, uno más de los 55 de la mayoría absoluta. Si hubiera obtenido 8 también habría estado eufórico; no así con 7, con los cuales no habría pasado de alegre o simplemente satisfecho. La cifra de 9 les da la llave mágica para abrir las puertas de palacio si así lo desean. Si hasta hace unos meses, pocos, Podemos y sus victorias eran el gran enigma de la política española, desde anoche el lugar más alto en el podio de las enigmas de la política española es Ciudadanos. Hace solo un mes y medio, ¡un mes y medio!, ni siquiera lograba plaza en el noble Hospital de las Cinco Llagas. Hoy tiene 9 escaños donde se sentarán nueve absolutos desconocidos con Juan Marín al frente, tan anónimo como el resto de sus compañeros para los casi 370.000 andaluces que han elegido la papeleta donde figuraban sus nombres y sus dos apellidos. El centro político andaluz estaba desocupado ya no lo está. Ciudadanos ha desalojado a UPyD y ha llegado con la intención de quedarse, lo cual es un problema de primerísima magnitud para el PP, que irremisiblemente se verá empujado hacia la derecha-derecha si el partido de Albert Rivera se afianza. No le será fácil. Rosa Díez, como Adolfo Suárez en la segunda mitad los 80, creía haberlo conseguido pero parece que no.