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Santiago Arderius, número 10 de la lista del PP de 2023, tomó posesión el 18 de septiembre de su acta de concejal en Mairena del Aljarafe (Sevilla) y, en el mismo acto, anunció que no se integraría en el grupo municipal popular. El pleno celebrado el viernes 23 de octubre hizo efectiva su salida del grupo popular y su paso al grupo mixto. Pasó a ser Concejal No Adscrito por una razón muy concreta: es el abogado de la acusación particular de José Antonio López Azuar contra Vicente Agenjo, presidente del PP local investigado por malversación.
“Nuestros adversarios están enfrente, nuestros enemigos atrás”, decía Churchill sobre el Parlamento británico: la oposición se sienta al otro lado del hemiciclo, pero los rivales que de verdad importan comparten tu propia bancada. En Mairena, Arderius ha decidido no comprobarlo en carne propia: para no compartir literalmente banco con el hombre al que acusa en los juzgados, ha pedido que su escaño se reubique fuera de la bancada popular. Arderius cierra así la cadena de bajas que ya contamos en el episodio I de esta serie: primero José Antonio López Azuar, después Marina Canterla, luego David Gómez, cuya acta estuvo bloqueada casi dos años, y por último la número 9 de la lista, tras cuya baja le correspondió el acta a él. Su llegada certifica lo que él mismo resume sin matices en declaraciones a un portal web local: “La crisis es institucional, pública y evidente.”
El hecho que motiva su decisión es su propia condición procesal, no una opinión: lleva la acusación particular contra Agenjo en un procedimiento que ya sabíamos encaminado al Tribunal del Jurado. Él lo explica así en esa entrevista: “Yo no puedo ser el abogado que acusa a Agenjo en los juzgados por presunta malversación por las mañanas y el concejal que se sienta a su lado a acatar la disciplina de su partido por las tardes.” Sobre por qué Agenjo sigue de presidente local pese a la causa, Arderius no deja margen a la ambigüedad: “Esa es una explicación que el Partido Popular tendrá que dar a sus votantes, porque desde una perspectiva de ética pública es sencillamente inexplicable.” Y plantea lo que él habría hecho de otra manera: “Si yo hubiera tenido responsabilidad orgánica en esa formación cuando estalló el caso, habría ordenado una auditoría externa fulminante en el minuto uno, personando al propio partido como perjudicado y apartando de inmediato de cualquier cargo público o político al investigado.”
Arderius añade un detalle que retrata por sí solo el estado del PP local: pese a presentarse en su lista de 2023 y entregar la documentación para afiliarse, nunca llegó a ser militante formal. “Nunca he sido afiliado formal del Partido Popular, sino un mero simpatizante. En su día entregué toda la documentación firmada para tramitar mi afiliación, pero la realidad organizativa de esta estructura local es la que es: nunca llegaron a tramitar mi ficha ni a darme de alta como militante”, relata. “Esto, que en su momento me pareció una simple muestra de la dejadez interna que sufren, hoy se convierte en una metáfora perfecta. No tengo que tramitar ninguna baja política de unas siglas porque formalmente nunca me dieron el sitio que me correspondía.” Tampoco le llamó nadie para preparar su toma de posesión, asegura: se enteró de que le correspondía el acta por redes sociales. Su lectura es directa: “Ese silencio sepulcral y ese ninguneo constante reflejan el miedo que le tienen a la verdad.”
Preguntado por el origen de la fractura, Arderius atribuye el deterioro a una decisión concreta de la propia estructura del partido: “Lo que ha ocurrido es que la actual estructura del grupo municipal ha preferido atrincherarse y ponerse de perfil ante una denuncia interna por uso irregular de fondos públicos en lugar de ser ejemplar, apartar al investigado y limpiar la casa desde el primer día. Como el partido en Mairena ha sido incapaz de trazar esa línea roja con la corrupción, la tengo que trazar yo con mi propia acta.”
Sobre la salida de López Azuar —el portavoz que estuvo a punto de arrebatarle la alcaldía al PSOE y que terminó denunciando a su propio presidente local—, la valoración de Arderius tampoco deja lugar a dudas: “Cometió un error garrafal, un auténtico suicidio político.” Y remata: “Prefirieron el fango interno y la opacidad antes que la ejemplaridad, y el resultado es el grupo municipal roto y desmantelado que vemos hoy en el Ayuntamiento.”
Arderius también apunta hacia lo que viene. Sin dar el nombre, desliza que “parece que han decidido un candidato del PP de Tomares para la próxima alcaldía de Mairena del Aljarafe, sin tener en cuenta a los votantes de Mairena. Se prevé un gran batacazo de nuevo.” La referencia coincide con lo que este periódico ya adelantó en la primera entrega de esta serie: el PP ha situado como candidato a Alejandro García Casares, un veinteañero concejal de Tomares y diputado provincial, sin arraigo ni trayectoria vecinal en Mairena. Lo que entonces contamos como una operación de aparato dirigida desde la provincial, Arderius lo confirma ahora desde dentro: ni siquiera sus propios compañeros de partido en el municipio lo ven con buenos ojos.




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