Nació al rebufo de la movida madrileña menos glamurosa, es decir, la que se vivía en los barrios obreros bajo la influencia de la heroína. En el centro de ese submundo real como la vida misma de los 80 se encontraba Orcasitas, uno de los enclaves más humildes pero, a la vez, de los que ha ofrecido más muestras de supervivencia.

La droga de aquellas décadas definidas por muchos en un marco de explosión cultural y artística cobró tanto protagonismo que casi acabó con una generación entera. Hay quien afirma que muchos de los que no murieron en realidad se dejaron su existencia hace más de 30 años por las secuelas visibles e invisibles, y los que no llegaron porque el caballo se los llevó, dicen los mismos que pasaron a una mejor vida.

En medio de todo eso, apareció un grupo, encabezado por Pilar Aural, de madres preocupadas por lo que les sucedía a los suyos. Mucho ha llovido desde entonces. De aquel Madrid se ha pasado a este, y por el camino se ha vivido un boom económico que, a tenor de lo visto, parecía mentira.

Clase media
Hoy, la asociación Pato Amarillo atiende a inmigrantes, pero también a familias venidas a menos, muchas de esas que hace dos días eran clase media y hace cuatro años ni se imaginaban que pedirían ayuda en forma de comida o ropa en un local como este, en medio de Orcasur.



Con toda seguridad, algunos de ellos ni siquieran miraban a la cara a aquellos yonkis aunque eran vecinos del barrio, cuando les pedían una ayuda en el semáforo. Ahora, muchas de las que les atienden en el local son madres, abuelas o hermanas -casi todas, por no decir todas, mujeres- de aquellos chavales.

Pero las voluntarias de Pato Amarillo no se paran en eso. Simplemente tienden su mano solidaria, porque las cosas cambian y los tiempos también pero la necesidad simpre está y ahora más que nunca.

De otras organizaciones
Hace un par de años, la situación de la asociación era complicada pero no por ausencia de espíritu solidario. El problema venía de no dar abasto. Entonces ayudaban a más de 600 familias, una cifra increíble para una entidad de barrio. Esa labor la puede realizar gracias a la colaboración de vecinos y organizaciones como Cruz Roja, Banco de Alimentos o Bomberos que Ayudan.

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La demanda de ayuda entonces era mucha pero lo que le llegaba para repartir, insuficiente. A esta dificultad había que añadir el empeño del Ayuntamiento gobernado entonces por Ana Botella por echarlos del local.

Ambos momentos se superaron. Sin embargo, no la crisis económica que sigue golpeando a demasiadas, familias.

Al pie del cañón
En la actualidad, el Pato Amarillo atiende a 500 familias del popular barrio del distrito de Usera. Trabaja con ICEAS, Asociación de Cooperación y Apoyo Social a la Integración Escolar, que define a la entidad nacida en los terribles 80 como “todo un ejemplo de generosidad solidaria que salva muchos casos de emergencia social”. Porque sí, tanto en aquella década, como ahora mismo, y con independencia de la tipología de personas a las que ayudan sus voluntarios, el Pato Amarillo sigue centrado en su objetivo fundamental: dar una oportunidad a quienes no la tienen.

Esta historia no puede faltar en el recuerdo de los 10 años de vida de ELPLURAL.COM, porque en este tiempo esta asociación también ha sabido adaptarse a las necesidades de la sociedad, tal y como nos lo han hecho saber varios lectores. Si en tu ciudad, tu pueblo, tu barrio crees que una entidad o un vecino merece que contemos su experiencia porque ha ayudado a transformar algo de su entorno no dudes en contactar con nosotros a través del correo electrónico [email protected].