No todos los compositores utilizan su talento únicamente para completar un disco, llenar escenarios con sus melodías o buscar el éxito del próximo sencillo. Hay artistas que escriben canciones para contar historias y otros que las utilizan para entenderse a sí mismos. Giulia Be pertenece claramente a este segundo grupo.
Para la artista brasileña, la composición funciona como una auténtica terapia, un proceso en el que las emociones encuentran sentido a medida que las notas y las palabras toman forma. Reconoce que escribir canciones es mucho más que una profesión: es el lugar al que acude cuando necesita poner orden a sus sentimientos, afrontar aquello que le cuesta aceptar o, simplemente, recordar quién es. "Componer es lo que me hace sentir viva", resume durante su visita a Madrid, donde presenta un proyecto especialmente significativo mientras echa la vista atrás para recordar el largo camino recorrido hasta llegar a este momento.
Por primera vez en su carrera, no ha tenido que elegir entre las distintas identidades musicales que conviven dentro de ella. Su nuevo trabajo reúne canciones en español, portugués e inglés, los tres idiomas con los que lleva años construyendo una trayectoria internacional. Esa libertad, explica, ha convertido el álbum en uno de los proyectos más personales que ha publicado hasta la fecha.
Mientras prepara el lanzamiento de sus próximas canciones, también ultima los detalles de su boda con Conor Kennedy y continúa abriéndose camino como actriz. Todo ello sin perder de vista el objetivo que lleva persiguiendo desde que apenas contaba con una decena de seguidores en redes sociales.
-
El idioma que le permite mostrar su lado más pasional
Si hay un elemento que simboliza esta nueva etapa artística es precisamente el español. Aunque Giulia Be compone y canta con naturalidad en tres idiomas, reconoce que cada uno despierta una faceta distinta de su personalidad.
En el caso del español, la conexión es especialmente emocional. Asegura que es el idioma en el que aflora una versión de sí misma mucho más intensa, aquella que no teme exagerar los sentimientos ni explorar emociones profundas. "Es mi parte más pasional", explica. También la que le permite ser "más dramática" y llegar "a lo más profundo de mi alma".



Esa convivencia de lenguas constituye precisamente una de las grandes novedades del disco Giulia Be. Durante años sintió que debía escoger constantemente entre publicar música en portugués, español o inglés, alternando lanzamientos en un idioma y dejando en pausa los otros durante meses.
"No estoy teniendo que elegir qué Giulia debo ser", resume satisfecha. Esa sensación de libertad creativa impregna todo el proyecto y, según explica, también ha sido percibida por sus seguidores, que han recibido con entusiasmo esta nueva etapa.
-
Madrid, una ciudad pendiente por descubrir
Aunque su relación con España comenzó cuando apenas era una adolescente, Giulia Be siente que todavía le queda mucho por descubrir del país. Sus visitas han estado casi siempre ligadas a compromisos profesionales y eso le ha impedido conocer Madrid con la calma que le gustaría.
La tarde anterior a la entrevista decidió recorrer parte del centro de la capital y terminó paseando por Plaza de España. Allí volvió a fijarse en esos pequeños detalles cotidianos que, asegura, le hacen conectar rápidamente con una ciudad: la diversidad de las personas, las diferentes razas de perros paseando junto a sus dueños o el animado ambiente de las calles.
El calor tampoco le resultó extraño. Entre risas, admite que las altas temperaturas madrileñas le recuerdan inevitablemente a Brasil. "Hace tanto calor como allí", comenta divertida, antes de reconocer que eso también contribuye a sentirse cómoda cada vez que regresa.
Más allá del clima, lo que realmente destaca es la hospitalidad que siempre encuentra. Habla con entusiasmo de la gastronomía española y de la cercanía de la gente, dos elementos que hacen que sus estancias resulten especialmente agradables. Sin embargo, confiesa que todavía tiene una cuenta pendiente con la ciudad: visitar esos museos que hasta ahora solo ha visto desde fuera y descubrir el patrimonio cultural que esconden.
"Siempre que vengo es por trabajo", lamenta. Por eso espera que la próxima ocasión sea diferente y pueda hacerlo simplemente como una turista más. "Quiero venir de vacaciones, conocer los museos y disfrutar de Madrid sin prisas".



Las cosas que no me quiero atrever a escribir son las más importantes
Hablar de Giulia Be es hablar inevitablemente de la composición. La artista reconoce que escribir canciones es una necesidad cotidiana y que rara vez deja escapar una idea cuando aparece.
Una frase escuchada por casualidad, una conversación ajena o una historia que alguien le cuenta pueden convertirse en el punto de partida de una nueva canción. En esos momentos recurre inmediatamente a las notas de su teléfono móvil para no perder la inspiración. Más tarde, ya en la tranquilidad de su habitación, retoma esas ideas hasta transformarlas en canciones.
Su ritmo creativo resulta tan intenso que calcula haber escrito alrededor de un centenar de canciones, aunque solo una pequeña parte termina viendo la luz. "No porque las demás no sean buenas", aclara, sino porque cada composición encuentra su momento cuando realmente debe hacerlo.
Esa espera nunca le ha preocupado demasiado. Es más, siempre intenta escribir canciones atemporales, convencida de que las buenas historias terminan encontrando su espacio independientemente del momento en el que fueron creadas.
La cantante reconoce que aquello que más le cuesta escribir acaba siendo, casi siempre, lo que da lugar a sus mejores composiciones. "Las cosas que no me quiero atrever a escribir son las más importantes", admite.
La propia Giulia Be recuerda el proceso de creación de Bandera blanca, una de las canciones del proyecto, nacida tras la decepción que sintió con una amiga que terminó rompiéndole el corazón. Durante mucho tiempo evitó enfrentarse a esos sentimientos porque no quería aceptar lo que había ocurrido. Aquel ejercicio creativo terminó convirtiéndose también en un proceso de sanación emocional. Hoy asegura que ya no guarda rencor ni odio hacia aquella persona y que es capaz de desearle lo mejor con absoluta sinceridad.
"La música tiene un proceso de cura muy grande", reflexiona. En su caso, escribir no solo sirve para convertir emociones en canciones, sino también para comprenderlas y, muchas veces, empezar a dejarlas atrás.
-
De soñar con la ONU a representar a Brasil con su música
Antes de imaginar una carrera sobre los escenarios, Giulia Be tenía un futuro muy diferente en mente. Quería estudiar Derecho y dedicar su vida a la diplomacia internacional. Durante los últimos años de instituto preparó ese camino convencida de que algún día trabajaría en la ONU, representando a Brasil desde una perspectiva muy distinta a la artística.
Sin embargo, la música apareció antes de que pudiera entrar en la universidad y terminó cambiando por completo el rumbo que había imaginado. Aun así, reconoce que aquel sueño nunca desapareció del todo.
Dos años atrás vivió una experiencia que todavía recuerda con asombro. Fue invitada a participar en una conferencia de las Naciones Unidas sobre inteligencia artificial, una oportunidad que sintió como el cierre inesperado de un círculo.



"Mi sueño era trabajar en la ONU para representar a Brasil fuera de mi país", recuerda. Al subir a aquel escenario comprendió que, aunque el camino había sido completamente distinto al que había imaginado de adolescente, el objetivo seguía siendo exactamente el mismo. "De alguna manera estoy haciendo justamente eso ahora a través de la música".
Lejos de preguntarse qué habría ocurrido si hubiese continuado estudiando Derecho, afirma que nunca ha tenido dudas sobre la decisión que tomó. Sonríe al reconocer que, de alguna forma, esa profesión también sigue muy presente en su vida, ya que su prometido, Conor Kennedy, es abogado.
Tenía trece seguidores: mi madre, mi abuela y yo desde una cuenta falsa
Giulia Be habla con naturalidad sobre su fe religiosa, un pilar que considera fundamental en su vida. Explica que su trayectoria ha estado guiada por Dios, aunque rechaza atribuir todo lo que ha conseguido únicamente a sus creencias. Cree en la importancia de confiar, pero insiste en que la fe solo cobra sentido cuando va acompañada de trabajo y constancia. "Manifestar está bien, pero también hay que trabajar mucho", resume con una sonrisa.
Cuando echa la vista atrás recuerda perfectamente cómo fueron aquellos primeros años, cuando apenas una docena de personas seguían su música en redes sociales. "Tenía trece seguidores: mi madre, mi abuela y yo desde otra cuenta", bromea, consciente de todo lo que ha cambiado su vida desde entonces.
Precisamente por eso intenta relativizar el éxito actual. Haber reunido a millones de oyentes ya supone, para ella, haber cumplido una parte importante del sueño que comenzó a construir siendo apenas una niña. Pero, lejos de conformarse, asegura que todavía tiene muchos objetivos por alcanzar, sin olvidar nunca el camino recorrido para llegar hasta aquí.
"Dios no me habría traído hasta aquí si no fuera para llegar hasta el final", afirma convencida.
-
Contar historias también delante de una cámara
La música dejó de ser hace tiempo el único lenguaje con el que Giulia Be cuenta historias. Su debut como actriz en la película Más allá del universo, de Netflix, le abrió una puerta que reconoce no haber esperado tan pronto en su carrera.
Lo curioso es que nunca había preparado ese camino. No estudió interpretación ni imaginó que terminaría delante de una cámara. Sin embargo, cuando apareció la oportunidad decidió aceptar el reto. "Antes de ser cantante, actriz o compositora, soy una contadora de historias", explica. En su opinión, el cine no deja de ser otra forma de emocionar, solo que, en lugar de hacerlo únicamente con la voz o la música, también intervienen el cuerpo, los gestos y la interpretación.

Aun así, reconoce que sigue considerándose una aprendiz y que todavía tiene mucho que estudiar. Este mismo año estrenará una nueva película y ya piensa en futuros proyectos.
"Me encantaría hacer un personaje español", asegura, al mostrar su admiración por la industria cinematográfica española.
"Ser una villana sería divertidísimo", cuenta entre risas. Le atrae precisamente porque le permitiría explorar emociones y comportamientos que jamás viviría en la vida real. "Lo bonito de actuar es hacer cosas que nunca harías fuera de la pantalla".
-
Una boda entre castillos, películas y un proceso mediático, pero íntimo al mismo tiempo
Fuera de los focos, la artista también atraviesa uno de los momentos más felices de su vida. Dentro de unos meses se casará con Conor Kennedy y, aunque es consciente del interés mediático que despierta el enlace, asegura vivir todo el proceso con absoluta tranquilidad.
Lejos de sentirse incómoda por la atención que genera su vida personal, interpreta ese interés como una consecuencia natural del cariño que recibe desde hace años. "Si la gente está pendiente de mi vida es porque también se interesa por mi trabajo", reflexiona.
Eso sí, tiene claro que la celebración estará reservada únicamente a las personas más importantes para la pareja. Aunque en Brasil las bodas suelen reunir a centenares de invitados, ella ha querido priorizar un ambiente mucho más íntimo.
Mientras llega ese día disfruta especialmente de todos los preparativos. La misma ilusión le produce organizar su despedida de soltera. Giulia no ha querido celebrar una despedida convencional, con una jornada de fiesta o una salida en barco junto a sus amigas. En su lugar, ha decidido convertir ese momento en un pequeño homenaje a una de sus películas favoritas, El diario de la princesa 2, un sueño que, según explica, mantiene desde que era pequeña.
Su plan consiste en reunir a sus amigas en un castillo para celebrar una gran fiesta de pijamas, exactamente igual que la que veía de niña en la película. Una forma muy personal de dar comienzo a una nueva etapa de su vida sin renunciar a la fantasía que siempre la ha acompañado.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.