Hay artistas que no irrumpen: se revelan poco a poco. Najwa Khliwa pertenece a esa categoría de presencias que no necesitan imponerse para dejar huella. Su camino todavía está en construcción, pero algo en su forma de mirar la interpretación, el mundo y a sí misma deja entrever una sensibilidad nítida, difícil de fingir. Tras proyectos como ‘Olympo’ y ahora ‘Boulevard’, la actriz atraviesa un momento de mayor exposición, aunque ella prefiere observarlo con perspectiva, sin dejar que la ansiedad por llegar más lejos eclipse lo verdaderamente importante: aprender, crecer y seguir trabajando de aquello que ama.
Ese presente, lejos de vivirlo como una meta, lo entiende como el comienzo real de una trayectoria. No hay euforia vacía en su discurso, sino una conciencia muy clara de que actuar implica paciencia, evolución y también una negociación constante con la incertidumbre. “Es el principio de mi carrera así que lo miro con mucha perspectiva, tengo ganas de aprender y sobre todo trabajar de lo que me gusta”, explica. En su caso, la inestabilidad no aparece como un freno creativo, sino como un espacio abierto a otras búsquedas, tanto artísticas como personales. Donde sí reconoce una dificultad más concreta es en lo económico, un aspecto que la obliga a pensar en nuevas formas de sostenerse sin perder de vista su vocación. “Creo que siendo actriz hay que mirar más alternativas para generar ingresos. No por qué no vaya a poder vivir solo de esto, seguro que sí, pero por tener más seguridad”, admite.

Falda: Tomasso

Chaqueta: Paloma Suárez

Lo interesante en Najwa es que esa lucidez convive con una intuición profundamente emocional de la profesión. En poco tiempo, proyectos tan distintos como ‘Olympo’ y ‘Boulevard’ le han permitido comprobar hasta qué punto era capaz de expandirse como intérprete. El primero, atravesado por la exigencia física y emocional; el segundo, más íntimo, vulnerable y romántico. Entre ambos, la actriz ha descubierto una capacidad de transformación que ni ella misma sospechaba. “Voy viendo que cada vez soy más capaz, capaz de aprender más rápido de lo que jamás imaginaba, tanto disciplinas, como quitar miedos. Es una profesión muy mágica”, cuenta.
En esa magia también hay una lección de equilibrio. La actuación, como casi todo lo que exige exponerse de verdad, obliga a convivir con la ambición, la paciencia y la vulnerabilidad al mismo tiempo. Najwa no lo plantea desde un ideal de control absoluto, sino desde una comprensión más flexible del caos. “Hay que tener un equilibrio en general aunque el caos siempre deja hueco para volver a ordenar y con mejor perspectiva”, reflexiona. Su forma de decirlo resume bastante bien la energía que transmite: una mezcla de impulso, sensibilidad y pensamiento interior, como si entendiera que incluso el desorden puede ser fértil cuando una aprende a escucharlo.
“Lo único que a mí me importa es ser mejor persona cada día y seguir decorando mi cabecita a mi gusto y semejanza con los valores del amor”.

Gargantilla y pendientes: Luxenter

Top y Falda: Mario Salafranca Sandalias: Sophia Webster

Guantes: YSL
En ‘Boulevard’, precisamente, encontró un territorio especialmente propicio para ese tipo de exploración emocional. Lo que más la atrajo del proyecto fue la posibilidad de tomar un personaje que en el libro no ocupaba un espacio central y dotarlo de una dimensión más compleja, con un arco propio que permitiera entender mejor sus intenciones. Esa oportunidad de completar silencios, de construir una subjetividad más profunda, fue una de las claves de su conexión con el universo de la historia. En el caso de Carla, además, encontró una sensibilidad muy concreta: la de alguien que contiene lo que siente y lo vive hacia dentro. “Carla es un personaje que lleva las emociones en silencio, entonces explorar el que la audiencia escuche lo que piensa me ha parecido interesante y muy emotivo personalmente”, explica.
Ese tipo de personaje parece dialogar muy bien con una actriz que observa mucho y que no necesita sobreactuar sus certezas. También ocurre cuando habla de identidad. Najwa Khliwa se relaciona con sus raíces desde el orgullo, pero sin permitir que esa idea la encierre. Se reconoce tanto vasca como marroquí, y siente la fuerza de ambas herencias como parte de quien es. Sin embargo, su manera de pensarse va más allá de cualquier frontera. “Mis rasgos, mi sangre, soy tanto vasca como marroquí, estoy orgullosa de la fuerza que me dan mis raíces, pero soy de pensar que aunque tenga sangre de varias culturas me gusta generalizar mi persona hacia una persona del mundo”, afirma. No hay en sus palabras un rechazo a la identidad, sino una defensa clara de la unión por encima de las divisiones impuestas.
Por eso, cuando se le pregunta por los prejuicios o por las lecturas simplistas que aún persisten en torno a la diferencia, su respuesta escapa del lugar común y se instala en algo más esencial. Para ella, el problema no es únicamente cultural o ideológico, sino profundamente humano. “Siento que aún a día de hoy no hay suficiente amor y unión. Los pensamientos son demasiado separatistas cuando realmente somos lo mismo todos”, dice. Y añade una idea que define bastante bien su mirada del mundo: “Deberíamos de tener coherencia como seres humanos y entender que no hay diferencias más allá de las impuestas por códigos sociales”. En una industria que muchas veces pide etiquetar rápido, su postura tiene algo de resistencia serena.
Curiosamente, no siente que hasta ahora haya tenido que explicarse demasiado ni romper ideas preconcebidas sobre quién es. Tal vez porque su foco está en otra parte. No en convencer a nadie, sino en seguir modelándose desde adentro, con una ética personal que gira alrededor del amor, del aprendizaje y de una búsqueda interior constante. “Lo único que a mí me importa es ser mejor persona cada día y seguir decorando mi cabecita a mi gusto y semejanza con los valores del amor”, confiesa. La frase, más que una respuesta, parece una pequeña declaración de principios.

Vestido: ERAX
Vestido: Mario Salafranca Collar: Simorra Anillo: Singularu Sandalias: Sophia Webster
Sandalias: Sophia Webster Anillo: Susmie's
La moda aparece entonces como una extensión bastante natural de ese imaginario. No como simple estética, sino como una herramienta de expresión, juego, protección y fantasía. Najwa la vive como una mezcla de todo eso, con entusiasmo genuino. Le gusta vestirse, vestir a sus amigas, aconsejar, inspirarse. Y no lo esconde: trabajar en moda forma parte de ese territorio soñado que también le gustaría seguir explorando. En ella, la moda no se siente superficial, sino ligada a una forma de sensibilidad, a una manera de componer presencia.
Quizá por eso, cuando piensa en lo que le gustaría que el público entendiera de ella más allá de los personajes, la respuesta se vuelve casi cinematográfica. No habla de objetivos de carrera ni de una imagen que quiera construir. Habla de ojos, de emociones, de caos, de misterio, de amor. Quiere que la vean tal como siente que es: una persona intensa, curiosa, apasionada, con hambre de vivir y de entender lo que se esconde en el fondo de las cosas. Amante de los animales, de la fantasía, de lo medieval, de la moda, de la magia, de ser mujer, del universo y de sus enigmas. Una mujer que todavía está empezando, sí, pero que ya parece tener algo muy valioso en esta industria: una voz interior reconocible.