El final de ‘Juego de Tronos’ en 2019 no solo dejó huérfanos a millones de espectadores. Para Sophie Turner, que creció ante las cámaras interpretando a Sansa Stark desde los 13 años, supuso un golpe emocional profundo y un punto de inflexión vital. En su entrevista de portada de enero para Porter, la actriz reconoce haber atravesado una crisis de identidad tras despedirse de la serie.
“Creo que pasé por una pequeña crisis de identidad y necesité alejarme por completo de ese mundo durante un par de años”, explicó. “Fue como una muerte que la serie terminara. Todos tuvimos que irnos y procesarlo. Yo necesitaba tiempo para averiguar quién era, qué quería y quién era como actriz”.
El peso de haber empezado tan joven en la industria complicó aún más ese proceso. En declaraciones anteriores, Turner ya había señalado cómo su adolescencia transcurrió lejos de experiencias comunes. “No pude ir a la universidad ni pasar mucho tiempo con amigos, así que durante un tiempo pensaba constantemente: ‘¿Quién soy?’”, confesó en una entrevista en 2019. A lo largo de los últimos años, la actriz también ha hablado abiertamente del impacto que todo ello tuvo en su salud mental.
Tras el final de ‘Juego de Tronos’, Turner se impuso una regla clara: evitar proyectos de época o ambientaciones medievales. Sin embargo, esa decisión cambió cuando llegó a sus manos el guion de ‘The Dreadful’, una película de terror gótico que marcará su regreso a ese tipo de universos. El rodaje en 2024 le recordó las durezas físicas de ese tipo de producciones. “Estás mucho al aire libre, con vestidos que no abrigan lo suficiente, llena de barro”, relató.
Uno de los aspectos más significativos del proyecto fue su reencuentro con Kit Harington, compañero de reparto en ‘Juego de Tronos’. La actriz le envió el guion y ambos coincidieron en que era demasiado bueno como para rechazarlo, a pesar de la incomodidad de interpretar intereses románticos tras años encarnando a medio hermanos en la ficción.
El propio Harington le advirtió que sería “realmente jodidamente raro”, algo que Turner confirmó entre risas durante una entrevista televisiva. “Es la primera escena de beso y los dos estamos con arcadas. De verdad, es repugnante. Fue lo peor”, recordó.
Más allá de la anécdota, trabajar de nuevo juntos tuvo un efecto emocional inesperado. “Tenemos un diálogo no verbal”, explicó Turner en Porter. “Puedo leerle y él puede leerme. Tenerle en el set me ancló. Me devolvió a cuando tenía 13 años y no sabía nada sobre la industria”.
Hoy, Sophie Turner mira atrás sin idealizar, pero con la claridad de quien ha sobrevivido a una fama temprana. Su relato no es solo el de una actriz cerrando un ciclo, sino el de alguien que tuvo que reconstruirse lejos del personaje que la definió ante el mundo.