La firma deportiva alemana afronta una transición profunda tras desplomarse un 10,4 % sus ventas en el tercer trimestre. Puma atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. La compañía alemana de moda deportiva registró una caída del 10,4 % en sus ventas orgánicas durante el tercer trimestre de 2025, alcanzando los 1.960 millones de euros, y anunció un recorte de 900 puestos de trabajo administrativos dentro de su plan de reestructuración.

Según el comunicado oficial, la empresa se encuentra en pleno proceso de “reinicio estratégico” ante una serie de desafíos internos, entre ellos la pérdida de impulso de marca, un exceso de inventario y una distribución poco eficiente. Entre las medidas adoptadas figuran la reducción de la venta al por mayor no deseada, el ajuste de existencias y la limitación de las promociones, factores que afectaron directamente al rendimiento del trimestre tanto en tiendas propias como en su canal online.

El nuevo consejero delegado, Arthur Hoeld, que asumió el cargo en julio tras una larga trayectoria en Adidas, lidera esta transformación con la meta de lograr una empresa “más eficiente y resiliente”. Hoeld anticipó que la recuperación no llegará antes de 2027, señalando que 2026 será un año de transición centrado en la reorganización operativa.

En el plano financiero, las ganancias antes de impuestos (EBIT) se desplomaron más de un 80 %. La caída fue especialmente severa en el continente americano, con una disminución del 15,2 % de las ventas (678 millones de euros), seguida de Asia-Pacífico (-9 %) y Europa, Oriente Medio y África (-7,1 %).

El segmento de calzado —tradicionalmente el pilar de Puma— descendió un 9,9 %, hasta los 1.050 millones de euros, debido al bajo rendimiento de modelos asociados a la tendencia “low profile”, como el Speedcat. La línea textil cayó un 12,8 %, lastrada por la categoría lifestyle, mientras que los accesorios retrocedieron un 6,1 %.

Tras haber recortado sus previsiones anuales en verano, Puma mantiene su advertencia de beneficios y estima que sus ventas globales caerán en torno a los dos dígitos bajos en todo 2025. El grupo, que antes del cambio de dirección proyectaba un crecimiento moderado y un EBIT de entre 445 y 525 millones de euros, se centra ahora en estabilizar su estructura antes de volver a la senda del crecimiento.