Olivier Rousteing comienza una nueva etapa en su carrera al frente de Rabanne, una de las casas más reconocibles de la moda francesa. Tras una larga y decisiva trayectoria en Balmain, donde pasó 16 años y 14 de ellos como director creativo, el diseñador francés asume ahora el reto de reinterpretar el legado de Paco Rabanne desde una mirada contemporánea, global y profundamente conectada con la cultura pop.
El nombramiento marca uno de los movimientos más relevantes de la industria en los últimos meses. Rousteing inició oficialmente su trabajo en Rabanne el 6 de julio y presentará una colección pre-fall en noviembre, antes de debutar en pasarela durante la Semana de la Moda de París en marzo de 2027. Preguntado por el rumbo que quiere dar a la maison, el diseñador respondió con una frase que resume su ambición: “¡A la luna!”.
La conexión de Rousteing con Paco Rabanne comenzó mucho antes de este nombramiento. El creativo recuerda haber descubierto el universo del diseñador español cuando tenía unos 12 años, viendo un documental en televisión junto a sus abuelos en Burdeos. En aquellas imágenes aparecían iconos como Françoise Hardy, Brigitte Bardot y Audrey Hepburn luciendo los diseños metálicos y futuristas de Rabanne. “Recuerdo pensar: ‘¿Son vestidos o son superheroínas?’”, confesó. “Ya sabéis cuánto me gustan los superhéroes”.
Esa fascinación por la fuerza visual, los materiales inesperados y la idea de una mujer poderosa conecta directamente con la propia identidad creativa de Olivier Rousteing. El diseñador ha construido buena parte de su carrera defendiendo la moda como laboratorio, un espacio donde experimentar con técnicas, tejidos y símbolos. “Siempre intento ver la moda como un laboratorio. Siempre intento superar límites. Siempre me ha gustado encontrar creatividad en los materiales y los tejidos”, explicó.
Para Rousteing, el legado de Paco Rabanne sigue siendo revolucionario porque en los años 60 y 70 el creador se atrevió a imaginar vestidos hechos de metal, PVC y materiales no convencionales en un momento en el que la moda seguía dominada por códigos mucho más tradicionales. “Paco Rabanne siempre ha formado parte de mi moodboard”, reconoció. “Fue una leyenda como hombre, como creador conocido por su artesanía y como couturier que realmente abrazó la cultura pop”.
La casa, propiedad de Puig, atraviesa una etapa de consolidación tras el trabajo de Julien Dossena, que estuvo 13 años al frente de la dirección creativa. Rousteing aseguró sentir orgullo y responsabilidad al recoger ese testigo, destacando también el talento de su predecesor. Su llegada no supone una ruptura total, sino una nueva fase dentro de una maison que ha sabido mantener vivo su espíritu experimental.
Desde Puig, la presidenta de marcas de prestigio y moda, Ana Trias, definió la visión de Rousteing como “atrevida, magnética y profundamente conectada con la energía actual”. También destacó su capacidad para crear moda vinculada a la confianza, la individualidad y la autoexpresión, sin perder de vista el poder del archivo y la identidad de una casa icónica.
El nuevo capítulo de Rabanne también buscará reforzar el diálogo entre moda y belleza. La maison ha construido un universo sólido gracias a sus fragancias de éxito, como 1 Million, Invictus, Black XS y Phantom, y ahora Rousteing quiere profundizar en esa conexión. “Habrá una sola línea narrativa: la moda y la belleza se encuentran. Ese será mi papel”, afirmó el diseñador, que también reconoció su amor personal por los perfumes.
Los códigos históricos de Rabanne seguirán siendo fundamentales: la malla metálica, los discos plateados y dorados, los eslabones cuadrados, los brillos futuristas y la idea de vestir a la mujer como si llevara una armadura. Rousteing admira precisamente esa dimensión protectora y poderosa del legado de Paco Rabanne, a quien considera un soñador, un outsider y un creador que nunca quiso encajar dentro de una caja.
El diseñador llega a esta nueva etapa después de haber marcado una era en Balmain, donde convirtió la casa en un fenómeno global gracias a su dominio de las redes sociales, su relación con la música, su apuesta por la diversidad y su capacidad para mezclar lujo, espectáculo y cultura popular. Tras dejar la firma, regresó al foco de la moda vistiendo a Beyoncé para la Met Gala, una experiencia que, según él, le devolvió fuerza y confianza.
Ahora, en Rabanne, Rousteing parece reencontrarse con la emoción inicial que lo llevó a dedicarse a la moda. “La belleza de esta industria es que trata de soñar. Vuelvo sereno y lleno de esperanza. Siento que vuelvo a ser un niño, soñando otra vez”, confesó. Con esa energía, Olivier Rousteing se prepara para escribir un nuevo capítulo en una maison que siempre miró hacia el futuro.
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