El pasado 3 de octubre, Meghan Markle sorprendió a todos al hacer su primera aparición oficial en un desfile de la Paris Fashion Week. Lo hizo por todo lo alto, asistiendo al debut de Pierpaolo Piccioli como nuevo director creativo de Balenciaga, y luciendo dos estilismos creados exclusivamente para ella.
La duquesa de Sussex llegó cuando todos los invitados ya estaban sentados, acaparando todas las miradas con un conjunto blanco impecable: camisa sedosa, pantalón a juego y una capa larga que envolvía sus hombros con elegancia minimalista. Completó el estilismo con salones negros en punta y un clutch del mismo tono. Su maquillaje fue discreto, en sintonía con el look, y llevó el cabello recogido en un moño pulido.


Más tarde, para la fiesta posterior al desfile, Meghan volvió a apostar por Balenciaga con un segundo look también diseñado por Piccioli. En esta ocasión eligió un vestido negro de largo midi con escote tipo capa que caía sobre un solo hombro y una espalda asimétrica descubierta. Mantuvo los zapatos y añadió toques sutiles de brillo con unos pendientes de diamantes y un par de pulseras doradas.
Meghan ya había confiado en Piccioli durante su etapa en Valentino, y esta nueva colaboración confirmó que su conexión estilística sigue intacta. Ambos looks reflejaron a la perfección el sello personal de la duquesa: líneas limpias, colores neutros y una elegancia sin excesos.
En el front row, Meghan compartió protagonismo con figuras como Anne Hathaway, Simone Ashley, Rosie Huntington-Whiteley, Tracee Ellis Ross y Kristin Scott Thomas, consolidando así su entrada definitiva en la escena de la alta moda internacional.