La nueva campaña FW25 de LOEWE llega cargada de simbolismo y de un diálogo entre arte y moda que trasciende lo puramente estético. Lejos de limitarse a presentar una colección, la firma española dirigida hasta ahora por Jonathan Anderson propone una reflexión sobre cómo la artesanía y el arte pueden convivir en un mismo objeto, generando piezas que son tanto vestibles como contemplativas. La colaboración con la Fundación Josef & Anni Albers no es un simple gesto cultural: es un manifiesto. La geometría de Josef y los tejidos experimentales de Anni se convierten en superficies palpables, en colores que se traducen en textura, en un lenguaje visual que ahora puede llevarse puesto.



Lo interesante de esta propuesta es que LOEWE no se conforma con mirar hacia atrás en la historia del arte, sino que la reinterpreta con un rigor contemporáneo. Los abrigos, bolsos y accesorios muestran un trabajo de detalle que no se limita a lo decorativo: cada costura, cada acabado, habla de un proceso artesanal que hoy resulta más relevante que nunca en un mundo saturado de moda rápida. El carácter escultórico de los bolsos Puzzle, Madrid, Flamenco y Amazona confirma que la identidad de la casa sigue anclada en la excelencia material, mientras nuevas siluetas de calzado como los Toy mules o las Comic sandals evidencian la constante búsqueda de innovación.



Desde la mirada de un experto en moda, lo verdaderamente destacable es cómo esta colección equilibra dos fuerzas opuestas: la racionalidad del arte geométrico de los Albers y la emoción que genera el vestir. No es una propuesta para todos, sino para quienes entienden que la ropa puede ser una extensión de un discurso artístico. Y es ahí donde LOEWE reafirma su posición de marca cultural, más allá de la moda de temporada.
Además, la decisión de vincular esta campaña con proyectos sociales en Senegal aporta un valor añadido que pocas casas de lujo se atreven a sostener con coherencia. No es solo un gesto de marketing, sino una manera de conectar la experimentación estética con un impacto real en comunidades que también trabajan la artesanía como medio de vida.



Este capítulo final de Anderson en LOEWE es un cierre coherente y a la vez un punto de inflexión. Conecta con su legado de experimentación, pero también abre la puerta a una nueva etapa en la que la moda se asienta como arte aplicado. Y en un mercado donde las colecciones se suceden con vértigo, FW25 consigue algo poco común: detener el tiempo y obligar a mirar de cerca.