Katy Perry y Orlando Bloom mantienen una relación cordial y enfocada en la estabilidad de su hija tras su separación.

La pareja, que estuvo comprometida durante seis años, ha decidido ser flexible con los cambios que implica la cancelación de su boda, buscando una transición tranquila para su familia. «No están haciendo cambios drásticos por el bien de Daisy», comentó la fuente, quien también agregó que ambos continuarán viviendo en Montecito para asegurar estabilidad y consistencia para su hija.

Katy Perry y Orlando Bloom comenzaron su relación en 2016 y, aunque han enfrentado altibajos, lograron mantener su vínculo durante varios años. En 2019, Bloom le propuso matrimonio a Perry, y al año siguiente anunciaron el embarazo de su primera hija, Daisy, quien nació en agosto de 2020. Además, Bloom es padre de Flynn, de 14 años, fruto de su matrimonio anterior con Miranda Kerr.

A pesar de la separación, la pareja ha evitado conflictos públicos. «Katy y Orlando se separaron, pero están en buenos términos», explicó una fuente a Us Weekly. La fuente añadió que, aunque Perry está triste, se siente aliviada de no tener que pasar por otro divorcio, ya que fue una experiencia difícil para ella.

Fuentes cercanas indican que la ruptura “venía desde hace mucho tiempo”, debido a la tensión que acumulaban durante meses. La distancia generada por la gira de Katy y sus compromisos laborales también contribuyó a la situación. «Katy ha estado muy ocupada trabajando, y a menudo están separados. Eso ha causado tensión», reveló otro informante.

A pesar de estos desafíos, Orlando Bloom mostró en 2024 su compromiso con la relación en una entrevista donde expresó: “No lo cambiaría por nada, incluso cuando a veces siento, ‘¿Cómo hacemos esto?’… Creo que simplemente sigo regresando a ella y tratando de tomar su mano y llevarla de vuelta al arenero y decirle… solo vamos a construir un castillo de arena.”

En resumen, Katy Perry y Orlando Bloom continúan manejando su separación con madurez, enfocándose en su hija y manteniendo una relación de coparentalidad respetuosa y estable, priorizando el bienestar familiar por encima de todo. Esta actitud muestra un modelo positivo para parejas que atraviesan procesos similares, demostrando que, incluso tras la ruptura, la comunicación y el respeto pueden prevalecer.