Los huéspedes de la próxima temporada de 'The White Lotus' ya tienen destino. Tras meses de rumores, se confirmó que la ficción creada por Mike White se rodará en el Château de La Messardière, una joya histórica situada en las colinas de Saint-Tropez. El anuncio marca un giro significativo: por primera vez desde su estreno en 2021, la serie no se ambienta en un resort Four Seasons, una seña de identidad que había acompañado a las tres entregas anteriores.
El cambio no es casual. El Château de La Messardière pertenece a la Airelles Collection, una firma que entiende el lujo como experiencia total: arquitectura con memoria, vistas privilegiadas sobre el Mediterráneo y un servicio que roza lo ceremonial. Este nuevo escenario encaja con el ADN de la serie, que utiliza la opulencia como espejo incómodo de las tensiones contemporáneas: poder, dinero, deseo y moralidad. El hotel, con su aura aristocrática y su escala monumental, promete un telón de fondo ideal para una narrativa donde el exceso nunca es inocente.
Château de La Messardière
Château de La Messardière
El rodaje comenzará en abril y se prolongará hasta octubre, una ventana amplia que permitirá a la producción capturar la Riviera en distintas fases del año. En el horizonte creativo aparece incluso el Cannes Film Festival, una posibilidad que añade una capa metanarrativa irresistible: glamour, celebridades y cámaras dentro de una ficción que ya disecciona la cultura del espectáculo. La cercanía geográfica entre Cannes y Saint-Tropez hace viable ese cruce de mundos, reforzando el carácter satírico del relato.
Más allá del simbolismo, el lujo extremo del enclave redefine el listón de la serie. La habitación más “accesible”, la Superior Room, ronda cifras que ya anticipan la ironía habitual del guion: noches que superan holgadamente el salario mensual de muchos espectadores. En el otro extremo está La Bastide, una casa de campo privada con cuatro dormitorios que alcanza tarifas propias de la fantasía: piscina exclusiva, acceso total al spa, playa privada, gastronomía de alto nivel y traslados con chófer. Es el tipo de exceso que ‘The White Lotus’ sabe convertir en comentario social, exponiendo la distancia entre privilegio y realidad.
Este escenario también conecta con la trayectoria de Mike White en la televisión de entretenimiento, incluida su relación con Survivor. La elección del hotel —y del grupo que lo gestiona— introduce una lectura meta que los seguidores más atentos sabrán apreciar: competencia, estrategia y supervivencia simbólica, ahora trasladadas a un microcosmos de lujo donde las reglas no siempre son explícitas.
En términos narrativos, la cuarta temporada se perfila como una exploración del estatus, la imagen pública y el precio del deseo en un contexto europeo cargado de historia. Saint-Tropez no es solo un destino; es un imaginario construido a base de verano perpetuo, yates, fiestas y miradas. En ese paisaje, la serie puede profundizar en nuevas dinámicas de clase y poder, manteniendo su tono incómodo y afilado.
El casting comienza a tomar forma, y como en temporadas anteriores, la convivencia real del equipo en el hotel durante el rodaje promete alimentar la autenticidad del entorno. Esa decisión —habitar el espacio que se filma— ha sido clave para el realismo emocional de la serie, y aquí cobra un nuevo significado dada la escala del lujo.
Con esta elección, ‘The White Lotus’ no solo cambia de hotel: redefine su geografía moral. El Château de La Messardière se convierte en un personaje más, un símbolo de aspiración y desigualdad que amplifica la sátira. La expectativa es clara: más belleza, más exceso y, sobre todo, más incomodidad. Porque en este universo, cuanto más perfecto parece el paraíso, más reveladoras resultan sus grietas.