La salida abrupta de Dario Vitale de Versace ha generado un ruido constante en la industria, pero las conversaciones internas apuntan a un movimiento más calculado que emocional. Fuentes cercanas al entorno corporativo sostienen que el cambio no responde al impacto de su debut, sino a una estrategia trazada desde antes de que el Grupo Prada cerrara la adquisición de la casa italiana. En ese mapa silencioso, un nombre se ha repetido durante meses: Pieter Mulier.
Dentro de Versace y del propio Grupo Prada, varias voces coinciden en que Mulier ha sido el candidato preferido durante todo este tiempo. Actualmente al frente de Alaïa, el diseñador belga se ha ganado la reputación de combinar visión creativa, sensibilidad comercial y una comprensión profunda del ADN de una firma. Sus vínculos históricos con el núcleo creativo de Prada refuerzan la hipótesis: Mulier encaja en la lógica de crecimiento que Prada quiere imprimir al nuevo Versace.
De forma oficial, tanto Prada como Versace han evitado cualquier comentario y señalan que el equipo interno está centrado en la colección otoño-invierno 2026. Sin embargo, la consistencia de las filtraciones indica que la opción Mulier no es un simple rumor. Fuentes próximas a ambas casas describen la operación como altamente probable, aun reconociendo que los nombramientos creativos pueden desmoronarse antes del anuncio final.
El atractivo de Pieter Mulier es claro. Bajo su dirección, Alaïa —junto a la CEO Myriam Serrano— pasó de ser un icono histórico a una marca con un crecimiento sostenido, fundamentado en una estrategia rigurosa de producto, especial énfasis en accesorios y un ready-to-wear depurado que conectó con una audiencia global. Mientras otras firmas luchaban por mantener tracción, Alaïa consolidó una posición sólida sin recurrir a tácticas de sobreexposición.
Su trayectoria previa también refuerza la posible transición. Años junto a Raf Simons en Jil Sander, Dior, Calvin Klein y su propia firma le otorgaron una visión privilegiada sobre la construcción de marca a gran escala. Esa cultura creativa coincide con la arquitectura actual del Grupo Prada, lo que explica por qué Mulier es el nombre que más encaja en la nueva hoja de ruta de Versace.
Aunque hace unos meses parecía seguro que permanecería en Alaïa, el enfoque de Richemont en el lujo duro sugiere que la moda no será su principal motor de crecimiento. Versace, en cambio, representa un potencial global aún sin exprimir: reconocimiento masivo, impacto cultural y espacio para una expansión comercial agresiva si cuenta con una dirección creativa experimentada.
Los resultados recientes de Versace no han igualado su visibilidad. La compra por parte de Prada evidencia la necesidad de una identidad más precisa y competitiva en el mercado internacional. Mulier ha demostrado que sabe reinterpretar los códigos de una casa sin diluir su fuerza, un equilibrio esencial para una etapa que podría transformar la marca desde adentro.
El calendario sigue siendo incierto. Richemont y Alaïa deben intervenir en cualquier transición, y Mulier continúa promoviendo la firma activamente, lo que sugiere un proceso medido. Versace planea desfilar en Milán el próximo febrero, independientemente de que se anuncie —o no— un nuevo director creativo antes de esa fecha.
Si finalmente asume el cargo, Pieter Mulier ampliaría el peso de la escuela belga en Milán, junto a Raf Simons en Prada, Glenn Martens en Diesel y Margiela, y Meryll Rogge en Marni. Para Versace, podría ser el inicio de una etapa más estratégica, coherente y alineada con las exigencias actuales del lujo internacional.