Con sensibilidad y rigor, Delfina Chaves se pone en la piel de Máxima Zorreguieta en una serie internacional que la llevó a rodar entre Europa y América. Pero más allá de la reina, lo que la actriz argentina se propuso fue interpretar a una mujer real, imperfecta y humana. Desde su vínculo con la moda hasta su manera de abrazar la inseguridad, hablamos con ella sobre identidad, trabajo y futuro.
“Yo no me considero un referente de moda y justamente por eso no intento mostrarlo cuando hago campañas o fotos”, admite. Para Delfina, la clave está en no forzar lo que no le pertenece. Prefiere rodearse de gente en quien confía, delegar y asegurarse de que su imagen nunca transmita algo con lo que no se sienta representada. “Mi foco está en intentar ser lo más coherente posible con mi personalidad”, insiste.



Esa coherencia también fue el motor a la hora de construir a Máxima, una figura pública conocida en todo el mundo, pero cuya vida privada es territorio casi virgen. “Decidimos olvidarnos de lo que representa internacionalmente y pensar cómo era antes de ser vista. Su infancia, su adolescencia… cuando todavía no ocupaba un lugar tan público”, cuenta. Lejos del retrato institucional, la serie explora a la mujer antes de la reina, y ese espacio más íntimo le dio a Delfina la libertad creativa que necesitaba.
El proceso fue colectivo. “Siempre pienso los rodajes como una gran orquesta donde cada uno cumple una función. Todo lo que hago lo concibo así”. Y esa misma dinámica fue la que la llevó a adaptarse a rodajes en España, Países Bajos, Austria y Nueva York. Vivir fuera de casa, construir un hogar temporario en cada ciudad y absorber distintas maneras de trabajar fue, según dice, “un aprendizaje gigante”. La experiencia profesional le abrió puertas, sí, pero el crecimiento personal fue igual o más profundo.



Uno de los mayores desafíos técnicos llegó con el idioma. Aunque no habla holandés, lo estudió fonéticamente para sus escenas. “Fue lo más difícil que hice en mi vida”, confiesa entre risas. “Los verbos a veces están al final, la estructura cambia por completo. Es como desarrollar otro músculo del cerebro”. Aun así, solo se quedó con unas pocas palabras del idioma. Lo que sí le quedó fue el ejercicio de entender cómo el lenguaje revela la cultura de un país.
“Nunca llegué a un set sin miedo. Esa incomodidad me ayuda a no trabajar en piloto automático”.
Delfina Chaves
A pesar del respeto con el que abordó su rol, no fantasea con encontrarse con Máxima como actriz. “Nunca me sentaría con ella desde ese lugar. Me parecería mucho más interesante hacerlo como argentina, como persona. Su recorrido es muy particular, pero mi intención siempre fue interpretar a un ser humano, no a una figura pública”.
Ese respeto por la autenticidad también marcó su paso por ‘ATAV’ (Argentina, tierra de amor y venganza), donde su personaje Lucía Morel se convirtió en parte de la cotidianeidad de los espectadores. “Fue mi primer protagónico y una gran escuela”, recuerda. La conexión con el público fue inmediata y perdura hasta hoy, incluso desde el exterior. “En España me cruzo con gente que lo sigue viendo en YouTube. Es muy loco”.


Más recientemente, sorprendió con la comedia ‘Felices los 6’, una serie sobre el poliamor donde interpretó a Carolina Becker. “Fue mi primera vez haciendo comedia y me divertí muchísimo. Había libertad para probar cosas en el set, y el tema era poco explorado en ese momento”. La experiencia, además, le permitió trabajar junto a colegas como Nico Furtado, Male Sánchez y Fede Salles, en una dinámica creativa donde todas las voces eran escuchadas.
Delfina no teme hablar de sus inseguridades. Al contrario. “Crecí reconociéndome como una persona insegura, pero eso se convirtió en motor. Nunca llegué a un set sin miedo. Y esa incomodidad me ayuda a no trabajar en piloto automático”. Con el tiempo, aprendió a integrar esas emociones en lugar de ocultarlas. “Verme como un trabajo en proceso me parece mucho más real que sentirme algo ya terminado”.


Aunque todos los proyectos que ha hecho hasta ahora fueron por casting, Delfina es selectiva con lo que elige audicionar. Tiene claro que aún está construyendo su camino y que cada experiencia suma, ya sea por el guion, los colegas o el director. Lo que sí evita son personajes ideales o mensajes con los que no comulga. “Jamás haría un personaje impecable que no comete errores. Me interesan los que están escritos desde lo humano”, aclara.
Lejos de obsesionarse con las oportunidades que aún no llegaron, confía en el tiempo. “Siento que los personajes que más me van a entusiasmar llegarán con los años. Esta es una profesión que se pone mejor con el tiempo”. Y mientras eso sucede, se mantiene firme en su mayor premisa: no alejarse de sí misma, ni como actriz, ni como persona.
Créditos:
Fotografía: Laura Chapman
Styling: Hernan Ripiert
Film: Maria Camila Calle
Makeup: Yulen Izquierdo x Charlotte Tilbury
Hair: Nisamar Jiménez
Agradecimientos: Hotel Palacio del Retiro