El universo de Stranger Things volvió a experimentar una de esas imágenes que resumen años de impacto cultural transversal. En Los Ángeles, durante el estreno oficial de la quinta temporada, David Harbour y Millie Bobby Brown se reencontraron frente a cámaras con abrazo, complicidad y sonrisas. Un gesto breve, pero simbólicamente inmenso, especialmente después de meses donde el ecosistema mediático había amplificado tensión, narrativa cruzada y ruido externo alrededor de ambos.

La premiere tuvo lugar en el TCL Chinese 6 Theatres, donde la plataforma Netflix compartió imágenes confirmando que llegaron juntos al evento. En la ficción, Harbour encarna a Jim Hopper, figura paternal que termina conectando emocionalmente con Eleven (interpretada por Millie), convirtiéndose en una de las relaciones más queridas por el fandom.

En este contexto, varios medios internacionales reportaron recientemente que Millie Bobby Brown habría presentado una denuncia interna por supuesta conducta de acoso y bullying contra David Harbour antes del rodaje de la quinta y última temporada, según la información publicada por The Daily Mail. El medio asegura que la denuncia habría incluido “páginas y páginas” de alegaciones y que se realizó una investigación, aunque no trascendieron resultados oficiales ni conclusiones públicas. Las mismas publicaciones aclaran que no fueron acusaciones de carácter sexual. Ni Netflix ni representantes de los actores han emitido, por el momento, comentarios que aclaren la situación definitiva.

El reencuentro sobre alfombra roja actuó casi como un reset simbólico: sin tensión visible, sin distancias incómodas y con la naturalidad propia de quienes vuelven a recuperar la narrativa original que los unió frente al público global. Y en el cierre de una de las series más influyentes de la última década, esta imagen reabre el recordatorio que el fandom nunca dejó ir: hay vínculos que sobreviven incluso a la distorsión exterior porque pertenecen a la memoria colectiva, no al ruido circunstancial del momento.