En tiempos donde la moda suele reflejar incertidumbre, Coach apuesta por una narrativa diferente: la esperanza. De la mano de su director creativo Stuart Vevers, la firma estadounidense presentó en Manhattan su colección primavera, un desfile que evocó la energía vibrante de Nueva York y el espíritu libre de la Generación Z.
El escenario, el Muelle 36 transformado en una ciudad al amanecer, simbolizaba el inicio de un nuevo día. Bajo esa atmósfera, Vevers presentó un universo donde el grunge de los 90 y la espontaneidad de los 70 convivieron con piezas cargadas de optimismo. Vestidos transparentes con corazones, estrellas y globos aportaron un aire lúdico, mientras chaquetas de cuero desgastado, vaqueros anchos y camisas con imágenes de ciudades icónicas como Seattle, Detroit o Santa Cruz reforzaban la esencia urbana de la marca.





La propuesta se inclinó hacia lo fluido y sin género, con prendas que combinaban nostalgia y modernidad: pantalones plisados inspirados en patrones masculinos antiguos, camisetas ajustadas y ropa de abrigo que equilibraba comodidad y estilo. La inclusión de materiales reciclados en mezclilla y cuero subrayó el compromiso de Coach con una moda más consciente, alineada con los valores de una nueva generación que mira hacia lo vintage sin perder de vista la innovación.
Los accesorios también jugaron un papel clave. Desde bolsos geométricos con el clásico marco de beso hasta versiones mini convertidas en collares, cada pieza evocaba la capacidad de Nueva York de sorprender con hallazgos inesperados. Para Vevers, esta colección no solo celebra la identidad de Coach, sino que invita a imaginar un futuro más luminoso.