Han pasado casi dos décadas desde el estreno de ‘El diablo viste de Prada’, pero algunas conversaciones siguen más vigentes que nunca. Ahora, con el rodaje de su esperada secuela en marcha, el foco no solo está en el regreso de sus protagonistas, sino también en lo que ocurre detrás de cámaras.
En una reciente entrevista, Meryl Streep ha revelado un gesto clave de su compañera Anne Hathaway que ha marcado el rumbo del proyecto. Durante la preparación de una de las escenas centrales —un desfile dentro de la propia narrativa de la película—, ambas actrices se encontraron con una realidad que creían superada: modelos extremadamente delgadas, hasta el punto de resultar preocupante.
Según Streep, el impacto fue inmediato. La actriz confesó sentirse sorprendida por lo que estaba viendo: rostros jóvenes, sí, pero también cuerpos que reflejaban una estética que la industria lleva años intentando cuestionar. Una imagen que parecía sacada de otra época… pero que, en realidad, sigue presente.
Fue entonces cuando Anne Hathaway decidió actuar.
Lejos de limitarse a observar, la actriz se dirigió directamente a los productores para expresar su preocupación. Su postura fue clara: no quería que la película reforzara un ideal físico que, durante años, ha sido objeto de crítica por sus consecuencias en la salud y la percepción corporal.
El resultado no tardó en llegar. Según relató Meryl Streep, Hathaway consiguió que el equipo se comprometiera a evitar la presencia de modelos con una imagen excesivamente delgada, marcando así una línea ética dentro de la producción. Un gesto que la propia Streep definió con admiración, destacando su firmeza y coherencia.
Este movimiento llega en un momento especialmente sensible para la industria. En los últimos meses, el debate sobre los estándares de belleza ha vuelto a intensificarse, especialmente en redes sociales, donde muchas figuras públicas han señalado el regreso de una estética asociada a la delgadez extrema.
Algunas voces han advertido sobre cómo este tipo de representación puede influir en audiencias jóvenes, reabriendo discusiones que parecían haber evolucionado hacia modelos más diversos y saludables. La tensión entre lo aspiracional y lo real vuelve a estar sobre la mesa.
Este gesto no solo impacta dentro del rodaje, sino que conecta directamente con una conversación más amplia dentro de la industria. Desde Xmag, observamos cómo, a pesar de que el sector ha evolucionado desde los años 90, sigue siendo un entorno exigente —y en muchos casos hostil— para las nuevas generaciones, que crecen bajo la presión constante de proyectar una imagen idealizada en redes sociales.
En este contexto, Hernán Ripiert, director de moda de Xmag, lo resume con claridad:
“La industria ha cambiado respecto a los años 90, pero todavía sigue siendo muy hostil. Esa presión puede hacer que las nuevas generaciones se sientan abrumadas al tener que sostener una imagen que se vende constantemente en redes sociales”.
Sin embargo, también señala el otro lado de esta transformación: “Al mismo tiempo, las redes han democratizado la imagen. Hoy cualquiera puede mostrarse tal y como es, sin complejos ni tabúes. Y eso es algo para celebrar. Que una figura como Anne Hathaway dé este mensaje es muy potente”.
Mientras tanto, ‘El diablo viste de Prada 2’ —que contará nuevamente con Emily Blunt y Stanley Tucci— se prepara para su estreno el próximo 1 de mayo, con rodajes que han tenido lugar en distintas localizaciones de Nueva York.
Pero más allá del regreso de personajes icónicos, esta secuela parece llegar con algo más: una mirada distinta sobre el impacto que tiene lo que vemos en pantalla.