Julio es el mes del BDSM, siglas que se corresponden con prácticas sexuales asociadas al bondage, la dominación, la sumisión y el masoquismo. El mes y días escogidos -el 24- obedece al juego numérico que alude al concepto 24/7 (24 horas al día, 7 días a la semana) y que representa un estilo de vida de dominación y sumisión constante.

Sin embargo, el BDSM no tiene nada que ver con estar disponible en todo momento para otra u otras personas. De hecho, en contra de lo que las voces detractoras piensan, quienes lo practican o, simplemente, conocen y defienden, explican que dentro del ‘mundillo’ se diferencia entre quienes lo perciben como un estilo de vida y quienes lo limitan a un espacio muy privado de su vida íntima, en pareja. Cualquiera de ellos, insisten, han de actuar libres de toxicidad y siempre bajo unos límites establecidos.

Cada vez son más habituales y mediáticas las fiestas BDSM que, también en contra de lo que muchos piensan, se rigen por un código muy estricto de conducta con el consentimiento como eje central, indispensable para cualquier práctica sexual en la que intervenga otra persona, pero más si cabe en todo lo relativo a aquellas que incluyen dominación o sumisión.

Lo que a lo mejor es menos conocido es que también existen los festivales de BDSM. Este sábado, JoyClub -que nació como una app de citas de citas enfocada en la sexualidad positiva, el erotismo y el estilo de vida liberal o swinger- organiza XTASIS, uno de los mayores eventos en esta materia.

Cómo funciona un festival BDSM

ElPlural.com ha querido saber un poco más sobre esta cita. En qué consiste, qué la diferencia de una fiesta al uso, cómo se desarrolla, etc. Para ello, hablamos con su organizadora, Lidia Valle, que aporta algunas claves sobre una celebración que tendrá lugar en Barcelona y desarrollará entre las 18.00 y las 06:00 horas.

Usuaria de JoyClub y experta en BDSM, Valle cuenta en declaraciones a este periódico que la idea del festival surge tras más de una década organizando eventos similares, “motivada por la falta de espacios dedicados específicamente al BDSM, el fetichismo y el ambiente kink”. Sin embargo, no es necesario que seas un habitual del para acudir a la Ciudad Condal el fin de semana, pues XTASIS abre sus puertas a todo aquel que quiera pasar un buen rato y aprender.

De hecho, entre el comienzo del evento y hasta las 23:00 de la noche aproximadamente, la hoja de ruta se centra en el “aprendizaje y la socialización” a través de talleres, exposiciones de arte (dibujos o fotografías) e incluso de artesanía. Ya a partir de la noche, el ambiente se vuelve más festivo, con la música como protagonista, “espacios de mazmorra, salas de juego y diversas performances”.

“A diferencia de la idea que se os viene a la cabeza cuando hablamos de festival, que puede ser un festival de música o de cine convencionales, este evento cuenta con normas muy estrictas y un código de vestimenta (dress code) obligatorio”, explica. “Se distingue de una fiesta BDSM común porque no se limita solo al juego y la música, sino que prioriza que los asistentes puedan aprender y preguntar antes de practicar disciplinas específicas”, añade.

Iniciación y prácticas más habituales

Cecilia Bizzoto, sexóloga y responsable de JoyClub nos explica algunos pormenores del BDSM en una conversación que, pese a ser extensa, abarca una mínima parte de un mundo que, asegura, es muy amplio.

La primera idea que quiere dejar claro es que, lejos de la opinión generalizada y que su firma intenta romperá a través de la divulgación -así como otras ideas asociadas al BDSM- es que “no se limita al dolor”. Es más, hay gente a la que no le gusta incluirlo en las sesiones.

Enmarcado normalmente en un juego de roles -tomamos como base rol de persona sumisa y de rol de persona dominante- hay muchos subtipos, pero en cualquier ‘juego’ deben privar normas básicas que pasan, primero de nada por el consentimiento. Después, una gestión del riesgo, la comunicación constante, la seguridad de las partes como prioridad, o la revocabilidad en cualquier momento de algo que se ha aceptado en un primer momento.

Bizzotto recomienda, por ejemplo “reunirse antes de una práctica en entornos no sexuales para hablar, como pueda ser una cafetería” y exige el cuidado hacia la otra parte. “Esto es lo que se conoce como aftercare, que básicamente es cuidar de la otra persona después de una sesión. Puede demostrarse de formas muy distintas, desde caricias hasta hacerle una comida que le guste u otro detalle (…) Contrarresta también el drop, una especie de bajón que puede darse fruto de un sentimiento de vulnerabilidad o agotamiento causado por el descenso de endorfinas y adrenalina”, relata; dejando claro que el efecto puede producirse en cualquiera de los dos roles, por lo que es importante atender las necesidades de ambos.

Las dos fuentes incorporan la “información” como uno de los epicentros para que una sesión cumpla con todos los tips del respeto y el placer. “Yo, por ejemplo, tengo personas distribuidas por distintos puntos, con las que trabajo y ‘guian’ a otras que quieren adentrarse en el mundo”.

Un mundo del que, inciden, no hace falta formar parte constantemente. Hay personas que optan por hacerlo en un momento de su vida, y otras que lo están practicando sin saberlo. “Atar, amordazar, agarrar del pelo, por ejemplo, o privar de algún sentido, ya es BDSM”, subrayan.

Entre las prácticas que más se llevan a cabo, las sexólogas destacan el fetichismo de pie, el “spanking o juegos de azotes”, el “waxplay o juegos con cera caliente”, las “prácticas de temática médica”, aunque éstas suelen orientarse a “perfiles más masoquistas” o el shibari, que es atar con cuerdas a la otra persona. Se trata de una práctica que para muchos escapa a lo estrictamente sexual y deja paso a lo artístico por su complejidad y significado. Pero eso queda para otro artículo.

Feminismo o edad

Los datos alrededor del BDSM no abundan y no son todo lo exactos que gustaría a quienes lo estudian, pero sí apuntan en algunas direcciones más o menos exactas. Por ejemplo, que las mujeres, especialmente jóvenes, son más rehacías a practicarlo y, sobre todo, a reconocer fantasías en este sentido.

“Existe a menudo una disonancia ética en personas con valores feministas o de igualdad que tienen fantasías de sumisión o dominación. Una mujer empoderada puede sentirse incómoda si sus fantasías contradicen sus valores éticos de independencia”, explica Bizzotto.

“No solo pasa dentro del feminismo, sino que a veces ocurre con la práctica en sí independientemente de sus valores. Si yo pienso que fantasear con los pies está mal, porque socialmente se percibe así o porque yo lo percibo así, hacerlo me va a generar una disonancia”. “Lo importante es siempre el respeto hacia los demás, saber que es un juego de roles y que en la mayoría de los casos no existen fantasías buenas o malas”.

Otro dato revelador es que “hasta un 90% de la población tiene fantasías relacionadas con el BDSM, aunque solo un 10% llega a practicarlas” y que la mayoría de la gente que lo practica es joven. “Los mayores suelen haber crecido con una educación sexual más punitiva y llena de tabúes, lo que dificulta la exploración de estas dinámicas más allá del coito tradicional”, revela Bizotto, asumiendo que cualquier persona puede disfrutar de su sexualidad como lo desee, independientemente de su edad, sexo o género. Quizá este festival sirva también para ello.

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