España tiene en estos momentos el corazón en un puño tras las imágenes que llegan desde Adamuz, una pequeña localidad cordobesa que ha sido testigo de uno de los ya peores accidentes ferroviarios de la historia de nuestro país. Al menos 40 víctimas mortales es lo que se cobró este trágico siniestro en la noche del pasado domingo, además de más de un centenar de heridos tras el descarrilamiento de los últimos vagones de un tren de Iryo Málaga-Madrid que invadió la vía contraria, por la que venía un Alvia con dirección a Huelva.

Pese a que la cifra de fallecidos aún no es definitiva y se desconocen las causas del siniestro, la magnitud de lo que ha trascendido hasta la fecha ya basta para calificar este accidente como uno de los peores que se ha dado en la historia reciente de España, que no el único, por desgracia. Angrois, Metrovalencia, Torre del Bierzo y El Cuervo son los más recordados, tanto por el calibre de la tragedia como por las víctimas mortales que, a su paso, dejaron.

Intrahistoria de trágicos episodios ferroviarios

Para el primero de ellos, cabe retroceder a mediados del siglo XX, a enero de 1944, con el caso conocido como Torre del Bierzo, cuando un tren correo-expreso con destino a Madrid desde A Coruña perdió los mandos de frenos en el tramo de túnel número 20 de la línea Palencia – A Coruña, chocando con una locomotora en maniobras. El siniestro se cobró la vida de 87 personas, aunque se mantuvo la sospecha de que pudieron ser muchas más al sospechar que el régimen de Francisco Franco ocultó la cifra real. La última investigación al respecto, de 2019, señaló a un total de 100 personas fallecidas y otro centenar de heridas. A su vez, el pésimo estado de las vías ferroviarias habría sido la principal causa de la tragedia, así como su mantenimiento precario de las infraestructuras tras la posguerra.

Posteriormente, hay que remontarse a la década de los 70, también en Andalucía, donde la región sufrió uno de sus peores accidentes en aquel momento. El 21 de julio de 1972, en torno a las 07:30 horas de la mañana, entre las estaciones de Sevilla de El Cuervo y Lebrija, se produjo un accidente de fatal calibre con la colisión de un ferrobús que iba entre Cádiz y Sevilla contra el expreso que circulaba entre Madrid y la ciudad gaditana. El siniestro dejó tras de sí 86 fallecidos, un centenar de heridos y reabrió el debate nacional sobre las mejoras de la señalización de las vías ferroviarias. La peor parte del accidente se la llevaron los pasajeros que procedían de Cádiz.

Ya entrado el siglo XXI, en 2006 es recordado el que tuvo lugar en Valencia, conocido como el caso Metrovalencia, dependiente de los Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana. El 3 de julio de aquel año, el tren que se situaba entre las estaciones de Jesús y Plaza de España al mediodía descarriló en una curva a gran velocidad, volcando dentro del túnel del Metro. En esta tragedia, hubo que lamentar 43 víctimas mortales y otras 47 heridas. El caso tuvo un largo recorrido de corte político y, en lo judicial, en 2018 la juez instructora acordó el procesamiento del exgerente autonómico competente, aunque el juicio oral no se celebró hasta 2020, cuando se alcanzó un pacto entre las partes y los cuatro directivos acusados reconocieron los hechos y terminaron absueltos.

Por último, el más reciente antes de Adamuz se remonta a 2013, en Angrois (Santiago de Compostela), donde un Alvia con destino a Ferrol desde Madrid, al coger una curva, descarriló por tomarla a gran velocidad -entre 179 y 191 kilómetros por hora, pese a que lo indicado eran 80-, lo que declinó en una catástrofe de gran magnitud. El siniestro tuvo como consecuencia 80 muertes y 114 personas heridas. Años después, en 2024, en el marco del juicio que investigó los hechos, la sentencia falló como culpables al maquinista, Francisco José Garzón, y al director de Seguridad de Adif, Andrés Cortabitarte, por delitos de homicidio por negligencia profesional grave.

Todo lo que se sabe de la tragedia en Adamuz

Ahora, con el foco situado en Adamuz, las cifras oficiales que se manejan hasta el momento son de 40 víctimas mortales y 152 hospitalizados, tanto de los pasajeros que viajaban en Iryo como en el Alvia con destino a Huelva. Las causas, por el momento, son desconocidas y la investigación ha arrancado su curso para determinar el origen que terminó en tragedia.

Tanto el ministro de Transportes, Óscar Puente, como los responsables de Iryo y Renfe han puesto énfasis en la rareza del siniestro: “Es muy extraño”, dijo este domingo el titular del Ministerio, tanto por el punto de la vía en el que se produjo como por las circunstancias. Y, en este punto, entra la circunstancia de que la línea estaba recién renovada, con una inversión de 700 millones de euros en sus mejoras.

El punto del accidente, dentro de los parámetros del municipio de Adamuz, se conoce como un PAET, un punto de adelantamiento y estacionamiento de trenes donde estos pueden usar vías normales y de apartadero para no desplazarse en la vía principal o adelantarse entre ellos. Ahora, el groso de la investigación correrá a cargo de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), organismo independiente que determinará más detalles concretos del siniestro.

El presidente de Renfe, Álvaro Fernández, explicó en declaraciones a Cadena Ser este lunes que el accidente se produjo “en un intervalo de tiempo entre un tren y otro que se cruzaban en sentido contrario ha sido de 20 segundos”. Un lapso de tiempo en el que la reacción de maniobra fue imposible, incluso para que se activase el mecanismo existente. Asimismo, ha detallado que, sobre un tramo de vía que está limitado a 250 kilómetros por hora -teniendo en cuenta que ambos trenes iban a 205 y 210 km/h-, no se trataría de un exceso de velocidad.

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