La madrugada de este jueves 2 de abril ha quedado marcada por uno de los hitos espaciales más relevantes de las últimas décadas. A las 00:35 (hora peninsular española), la misión NASA Artemis II despegaba con éxito desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, poniendo rumbo a la Luna más de medio siglo después de las misiones Apolo.

El lanzamiento no estuvo exento de tensión. Minutos antes del despegue, un pequeño problema técnico obligó a detener momentáneamente la cuenta atrás. La situación fue resuelta a tiempo, aunque el reloj volvió a pausarse a falta de diez minutos para la ignición final, en una parada prevista para verificar los sistemas. Uno a uno, los equipos responsables confirmaron el correcto funcionamiento de los mecanismos, despejando cualquier duda.

Finalmente, el rugido del cohete SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) rompió la madrugada con un estruendo superior a los 175 decibelios. La secuencia, retransmitida en directo y amplificada en redes sociales, mostró el inicio de una misión que busca abrir una nueva etapa en la exploración lunar.

A bordo de la nave Orion spacecraft viajan cuatro astronautas: Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto al canadiense Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Se trata del primer vuelo tripulado del programa Artemis, con una duración aproximada de diez días y un recorrido total cercano a los 1,1 millones de kilómetros.

Verificación en órbita y rumbo a la Luna

La misión contempla varias fases clave. Tras alcanzar la órbita terrestre, la nave realizará varias vueltas alrededor del planeta antes de emprender un viaje de cuatro días hacia la Luna. Durante ese trayecto, la tripulación verificará el funcionamiento de todos los sistemas, incluyendo pruebas de control manual y maniobras de proximidad utilizando los motores del módulo de servicio.

Uno de los hitos técnicos más relevantes será precisamente la validación de los sistemas de soporte vital de Orión en condiciones reales de vuelo espacial. Es la primera vez que astronautas operan esta nave en el espacio, por lo que los datos recogidos serán fundamentales para futuras misiones del programa Artemis.

La nave, con un volumen habitable de 9,34 metros cúbicos, ofrece un espacio significativamente superior al de las cápsulas del programa Apolo. Durante el trayecto, los astronautas vivirán y trabajarán en este entorno, contando con sistemas de suministro de oxígeno, agua y otros recursos esenciales para la supervivencia.

Tras completar las comprobaciones, Orión será impulsada hacia una órbita lunar altamente elíptica. La nave sobrevolará la Luna, llegando a situarse a unos 7.500 kilómetros más allá del satélite, antes de iniciar el regreso a la Tierra mediante una trayectoria de retorno libre, diseñada para garantizar la seguridad de la tripulación.

El regreso culminará con una reentrada a gran velocidad en la atmósfera terrestre y un amerizaje en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, donde un equipo conjunto de la NASA y el Departamento de Defensa se encargará de las operaciones de recuperación.

Europa también desempeña un papel clave en esta misión a través de la Agencia Espacial Europea (ESA), responsable de una parte fundamental del desarrollo de la nave Orión, especialmente su módulo de servicio. Este componente proporciona energía, propulsión y soporte vital, elementos imprescindibles para el éxito del viaje.

La tripulación combina experiencia y hitos históricos. Christina Koch se convertirá en la primera mujer en viajar a la Luna, mientras que Jeremy Hansen será el primer astronauta no estadounidense en realizar esta misión. Por su parte, Wiseman y Glover aportan una sólida trayectoria en vuelos espaciales y operaciones en la Estación Espacial Internacional.

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