El aclamado trabajo de investigación elaborado por el bioquímico Mariano Barbacid y su equipo en España, el cual se concentra en un tratamiento experimental para tratar el cáncer de páncreas y que dio exitosos resultados en ensayos clínicos con ratones, ha sido rechazado en la Academia de Ciencias de Estados Unidos, a través de su revista oficial PNAS, por un conflicto de intereses entre las partes.
Los firmantes de la publicación, quienes han analizado el estudio de Barbacid a fondo, han tomado esta decisión que ni el químico ni sus compañeros, aludiendo a Carmen Guerra y Vasiliki Liaki, son copropietarios de Vega Oncotargets, una empresa cuyo fin es desarrollar nuevas terapias contra este tipo de cáncer. Por ello, entienden que se trata de un conflicto de intereses “relevante no declarado” en el momento en el que se presentó el proyecto.
El trabajo de investigación se publicó a principios de diciembre de 2025 en la revista PNAS, después de que en Nature, otra de las publicaciones científicas de referencia a nivel mundial, lo rechazase. Debido a que Barbacid forma parte de la Academia de Ciencias estadounidense, tiene derecho a publicar sus proyectos por la vía rápida.
Según ha avanzado este martes El País, Guerra, preguntada por esta cuestión, ha reconocido que erraron al no comunicar el conflicto de intereses y operar por aquel método, ahondando en que el equipo ha vuelto a enviar el proyecto introduciendo la vinculación empresarial mencionada, en aras de que vuelva a ser publicada.
Barbacid, director del grupo de Oncología Experimental del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), junto a las doctoras Carmen Guerra y Vasiliki Liaki no informaron en su día a la Academia científica que poseen, junto a otros socios, parte de Vega Oncotargets –en concreto, un 25% entre los tres-; una compañía que los dos primeros mencionados fundaron en 2024 con la intención de explotar comercialmente los resultados de su equipo de investigación.
Tal y como reza en la política editorial de la revista estadounidense, aquellos miembros de la Academia que tengan “un interés contrapuesto, financiero o de otro tipo, que pudiera considerarse que influye significativamente en su objetividad o crea una ventaja competitiva injusta para cualquier persona u organización vinculada a la investigación” tendrían que enviar sus respectivos proyectos por vía “directa”.
Los resultados de Barbacid sobre el cáncer de páncreas
Cabe recordar que los resultados de la investigación del equipo de Barbacid provocó en España todo un fenómeno mediático por el que, sin embargo, se envió un mensaje un tanto erróneo. El trabajo científico se concentró en la solución que brindaron tres fármacos sobre la proteína KRAS –el daraxonrasib, el afatinib y el SD-36-. Una conjunción de medicinas que logró la remisión completa del cáncer de páncreas en un total de 45 ratones, todos ellos con tumores inducidos a través de ingeniería genética. Pese a que los tres fármacos son de laboratorios extranjeros, Vega Oncotargets intervino para intentar patentar alternativas similares a estos.
Cuando los resultados trascendieron al ámbito mediático, el furor de la opinión pública fue prácticamente palpable, pero ha de tenerse en cuenta que los ensayos clínicos con animales son preliminares para humanos, por lo que su futura aplicación en personas tendría que pasar aún por un arduo proceso.
El químico fue entrevistado en el programa ‘El Hormiguero’ (Antena 3), donde reconoció que trabajaron sobre “tumores experimentales” y dejó caer que, “para llegar a pacientes, quedan todavía por lo menos dos o tres años”. Unas palabras que acompañó a un ‘efecto llamada’ por el que precisó que, para materializar este proyecto, precisaría de una financiación de 30 millones de euros.
De la mano de la Fundación CRIS, se impulsó una campaña de recogida de fondos para financiar la terapia experimental, sobre la que ya ha recaudado más de 3,5 millones de euros. La campaña mediática y la esperanza que despertó este tratamiento experimental en pacientes oncológicos provocó a su vez una oleada masiva de correos electrónicos dirigidos al equipo de Barbacid, incluso muchos de ellos postulándose para recibir la terapia aún provisional. El equipo se vio obligado a clarificar que la terapia era, efectivamente, experimental, y que para pacientes humanos habría que esperar aún más años y muchos más ensayos clínicos.