La Organización Mundial de la Salud (OMS) se enfrenta a un creciente cuestionamiento por parte de expertos internacionales y voces del ámbito sanitario que la acusan de “ignorar deliberadamente la evidencia científica” sobre los productos de nicotina sin combustión, como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado y las bolsas de nicotina. Las críticas se intensificaron tras unas declaraciones recientes de la Dra. Reina Roa, funcionaria panameña y presidenta entrante de la COP11, que han sido interpretadas como una descalificación directa a los avances científicos en la reducción de daños del tabaquismo.
Viraje llamativo
En una comunicación oficial fechada el 8 de julio, la Dra. Roa afirmó que no existe un consenso científico independiente que respalde la menor nocividad de estos productos, una afirmación que ha sido calificada como “falsa y peligrosa” por diversas fuentes. Este viraje resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que en 2015 la propia OMS valoraba de forma positiva el enfoque regulatorio de la FDA en materia de control del tabaco.
El artículo publicado por The Blaze, uno de los medios que ha analizado con más dureza esta postura, sostiene que la OMS está “mintiendo y traicionando a la ciencia” al desestimar la evidencia acumulada durante años por instituciones internacionales de prestigio. La crítica se centra en lo que consideran una decisión ideológica y no basada en datos empíricos.
Amplio consenso internacional silenciado
Frente a las afirmaciones de Roa, el consenso científico sobre la reducción de daños asociados a productos de nicotina no combustibles cuenta con el respaldo de numerosas instituciones de referencia. El Royal College of Physicians del Reino Unido, Public Health England, las National Academies of Sciences de Estados Unidos, así como autoridades sanitarias en Francia, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, han publicado revisiones que confirman que estos productos son significativamente menos nocivos que el tabaco tradicional.
Estas investigaciones no solo coinciden en los resultados, sino que promueven políticas de salud pública orientadas a incorporar estrategias de reducción de daños como complemento a las medidas tradicionales de prevención y cesación del tabaquismo.
¿Un ajuste de cuentas por los recortes de Trump?
El artículo también apunta a un posible trasfondo político en el endurecimiento de la postura de la OMS. En concreto, sugiere que el cambio de enfoque podría estar relacionado con los recortes de financiación impulsados por la administración Trump hacia la organización, interpretados como una afrenta institucional que aún hoy podría estar marcando decisiones clave. Desde este ángulo, las recientes declaraciones podrían precibirse no solo como un ataque a la FDA, sino como una represalia que compromete la credibilidad científica de la OMS, algo altamente preocupante en una organización de estas características.